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Historia de las mujeres1

 

History of Women

Karen Offen

Stanford University
Co-Founder of the International Federation for Research in Women’s History.

Resumen

La historia de las mujeres abarca la historia universal, incluyendo a los hombres, pero con enfoques desde la perspectiva del género, destacando las actividades e ideas de las mujeres y aseverando que sus problemas, argumentaciones son significantes y centrales para narrar la historia de la humanidad.

Palabras claves: Historia; Mujeres; Género

Abstract

Women´s history encompasses the history of humankind, including men, but approaches it from a woman-centered perspective, highlighting women´s activities and ideas and asserting that their problems, issues, and accomplishments are central to the telling of the story of humankind

Key word: History; Women; Gender

1- Historia de las Mujeres

La historia de las mujeres en consonancia con la historia universal, incluye a los hombres, pero acercándose desde la perspectiva de género, promocionando las actividades, ideas y logros de las mujeres; cuestionando y complejizando sus problemas y argumentaciones que son justamente centrales en el discurso de la historia humana, así como también la de sus hermanos, esposos e hijos. Estos espacios de las relaciones sociopolíticas entre los sexos, o de género, son el centro histórico de la investigación y cuestiones femeninas subordinadas. Se examina de cerca las construcciones de feminidad y masculinidad en nuestro tiempo y en una o más culturas, buscando evidencia de continuidades y cambios. Es también exposición y confrontación de prejuicios en la temprana historiografía centrada en lo masculino, preguntándose por qué ciertos objetos y elecciones de temas para estudiarlos fueron favorecidos sobre otros y posando nuevas preguntas para la investigación. Las mujeres historiadoras han expandido la esfera de investigación sobre la mujer y el género ambas temporalmente, desde la prehistoria hasta el presente, y geográficamente desde Occidente hacia el resto del mundo.
Desde la década de 1970 el número de publicaciones de historia sobre las mujeres se ha multiplicado explosivamente. El número de practicantes y lectores, ambos mujeres y hombres, continúa creciendo. Buscando y haciendo visible, y así evaluando, a las mujeres que fueron abandonadas o desaparecidas en el anterior escrito histórico convirtiéndose en su principal objetivo. Las mujeres historiadoras han escuchado cuidadosamente las voces femeninas y han descubierto numerosas fuentes. Ellas memorizan e interpretan las experiencias femeninas, palabras e ideas, actividades, y contribuciones. Ellas comenzaron lo que después se convirtió en un nuevo campo de investigación hacia el pasado: “his-story”cambió a “her-story”. Restablecer a las mujeres en la historia permanece como una tarea vital de la historia de las mujeres aunque nunca ha sido éste el único objetivo de las historiadoras contemporáneas. La historia de las mujeres cambio la perspectiva de las narrativas históricas tempranas centrada en las perspectivas masculinas (caracterizado por el hombre y su pasado) por una mirada al pasado a través de los ojos de las mujeres. Cuestionaron las opciones, prioridades y valores que habían caracterizado las primeras investigaciones y escrituras de la mayoría de los historiadores varones. Al incluir a las mujeres y repensar la escritura de la historia, las mujeres historiadores alteraron éstos discursos y confrontaron con la política de construcción de género. Ellas demostraron que las políticas de género se encuentran en el corazón del conocimiento

2- Estudiando a las mujeres como sujetos históricos

La insistencia de la presencia de las mujeres en historia no es nuevo. A pesar de que la filósofa francesa Simone de Beauvoir afirma en El segundo sexo en 1949 que las mujeres no tuvieron ninguna historia, que eran invariablemente “el otro”, no “temas”en su derecho propio, esto nunca fue el caso. Una investigación prudente de la historia de escritos históricos confirma que durante siglos historiadores de ambos sexos se preocuparon por investigar la historia y la condición de mujeres como parte de un debate actual sobre la “cuestión de mujer”.
En Europa, los diccionarios históricos de mujeres famosas y cultas empezaron a proliferar en el siglo XVI. En el siglo XVIII, una rica mujer francesa, Marie Louise Dupin (1706-1799), organizó un proyecto para escribir una historia mundial de las mujeres. Los académicos de la Ilustración escocesa, desde William Alexander a John Millar, y otros estudiosos en Francia, Inglaterra, Alemania también investigaron la historia de las mujeres y construyeron la condición de las mujeres en sus teorías sobre el cambio social y político. Otras mujeres francesas criticaron la política del conocimiento histórico existente a principios del siglo XIX. Mujeres muy cultas, cada vez más escribía frondosas y documentadas historias, que incluían historias de mujeres. Catharine Macaulay (1731-1791) de Inglaterra fue una de las más célebreshistoriadora del siglo XVIII . En el siglo XIX numerosas mujeres-y hombres- publicaron libros y artículos sobre historia de las mujeres. Las mujeres investigadoras abogaron por la inclusión de la mujer en los libros de texto de historia y contribuyeron a su desarrollo.
A fines del siglo XIX y principios del XX, sin embargo, la profesionalización de la escritura histórica en universidades occidentales condujo directamente a la ausencia de la mujer como un tema de la investigación histórica. Esta evolución se debió a los esfuerzos del grupo de los varones historiadores de la academia, inspirados en los proyectos nacionales, para cambiar el centro de interés de la investigación histórica hacia enfoques políticos, militares, diplomáticos, y la historia económica. Se centraron en el crecimiento de los estados-nación y los imperios y se basaron exclusivamente en documentación depositada en archivos y bibliotecas públicas, donde las mujeres estaban ausentes. Incluso entre los intelectuales y los historiadores de la cultura, sólo las ideas canónicas de los varones filósofos, artistas, compositores, novelistas y poetas contaron como importante. Leyendo estas escrituras, pareciera como si las mujeres no hubieran hecho ninguna contribución importante o significativa.
A pesar del clima de prejuicios que existían en Oxford y Cambridge, las mujeres académicas de la London School of Economics como Eileen Power, Alice Clark, y Ivy Pinchbeck publicaron estudios trascendentales sobre la historia de las mujeres medievales y la historia de las mujeres trabajadoras durante los comienzos del siglo XX. Historiadores franceses como León Abensour y Marquerite Thibert investigaron la historia jurídica de las mujeres así como vincularon la historia del socialismo y el feminismo. En Francia fue posible a mujeres y varones escribir y publicar estudios de historia de las mujeres, pero en Norteamérica esto fue algo cada vez más excepcional.
Una serie de esfuerzos realizados por activistas del movimiento femenino para proporcionar a la historia de las mujeres un rico archivo de base alcanzó su punto máximo en la década de 1930, con la fundación de la biblioteca Schlesinger para la historia de las mujeres en la Universidad de Harvard ( USA), el Archivo Internacional de movimiento de las mujeres en Ámsterdam, y la Biblioteca Marguerite Durand en París. Mary Ritter Beard`s fue un intento paralelo de establecer un Centro Mundial de Archivos de la Mujer (WCWA, 1935-1940) en Nueva York que no tuvo éxito. La escritura de la historia de las mujeres y búsqueda de fuentes continuaron, pero pasaron desapercibidas por la Academia. La Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría debilitaron los esfuerzos, pero no los destruyeron. Los archivos de mujeres del movimiento europeo incautados a principios de los años 1940 por los nazis, desaparecieron y se los dieron por perdidos. Sin embargo reaparecieron en Rusia durante el decenio de 1990. Otros ricos depósitos de archivos aún permanecen sin catalogar e inaccesibles en colecciones privadas y archivos públicos, y están a la espera de ser redescubiertos. A finales de 1960 y principios de 1970 un grupo importante de mujeres jóvenes (y algunos varones jóvenes), muchos de las cuales habían participado en los movimientos contra la guerra y por los derechos civiles, llegaron en calidad de estudiantes a los departamentos académicos de historia (especialmente en Inglaterra y América del Norte, pero también en Europa Continental y la India). Influenciados por la nueva ola del movimiento de las mujeres, esta nueva generación de investigadoras estaba convencida de que algo faltaba en la historia. Se preguntaron, ¿dónde están las mujeres?. Reconocieron que la historia de las mujeres representaba una sombra, un lado estrecho de un pasado centrado en los varones y comenzaron a enfatizarlo. Alegaron que las actividades de las mujeres eran importantes problemas para la investigación y la enseñanza. Afirmaron también que la historia de las mujeres era útil. Las mujeres de su generación y las que vendrán tienen que saber sobre el pasado de su propio sexo, a fin de fomentar el respeto de sí mismas y vivir con más confianza en el presente. En Placing Women in History una de las historiadoras pioneras Gerda Lerner señaló en 1975 como verdadera la afirmación de que las mujeres tienen una historia de desafíos a los supuestos patriarcales de valor: ” La verdadera historia de la mujer es la historia de su presente funcionando en el mundo masculino definido “en sus propios términos”. Dos objetivos, de acuerdo con la colega de G. Lerner, Joan Kelly, caracterizan a la historia de las mujeres: “para restablecer las mujeres en la historia y restaurar nuestra historia a las mujeres”.(1976,p.809).
Algunas estudiosas de la historia de las mujeres pensaban que el enfoque más prometedor consiste en la “nueva historia social”, a la que algunos se refieren como “la historia desde abajo” o “de abajo hacia arriba”. Este enfoque se centró en la clase trabajadora, a menudo pobres, desfavorecidas o en la mujer “silenciada”- empleadas domésticas, trabajadoras asalariados, las madres solteras, las activistas sindicales, las prostitutas, y las brujas. Otras resucitaron la historia de la élite, la mayoría de las mujeres occidentales blancas que se pasaron por alto en la historia de las ideas, la cultura, el arte y la música, la literatura, el derecho, la medicina, la educación, y la política. Ellas publicaron las biografías de mujeres destacadas, así como las historias de las mujeres y los esfuerzos de organización de campañas realizados por mujeres para la reforma jurídica y los derechos políticos. Se refirieron a la historia del feminismo (los argumentos y las campañas para poner fin a la subordinación de la mujer a los varones). Exploraron el desarrollo de la educación formal e informal de las mujeres, así como su entrada en las profesiones (de la enseñanza y el trabajo social a la medicina, el derecho, la ciencia, las humanidades, la economía, y las empresas). Descubrieron pruebas de la participación de la mujer en las guerras y revoluciones y se preguntaron por qué sus acciones habían sido borrados de las anteriores descripciones. También investigaron la historia intelectual de las mujeres.
Estos temas en paralelo a estudios de los varones en la vida pública, han demostrado que los varones, son seres sexuados, y no “individuos abstractos”. Estas historiadoras de las mujeres también ampliaron la gama de temas legítimos de lo que Gerda Lerner denomina “compensación” y “contribución” a la historia para incluir la historia de la llamada esfera privada – las relaciones familiares, la sexualidad, el parto, la maternidad, la dote, el hogar y la mano de obra en el campo- y que investigaron la cultura de las mujeres y sus relaciones el uno con el otro, como madres, hijas, hermanas, amigos y amantes. Asimismo examinaron las actividades de las mujeres en espacios controlados por las mujeres, tales como conventos, escuelas y hospitales. Se veían a las mujeres como misioneras y viajeras. Establecieron que los conceptos de las esferas pública y privada, aunque arbitraria y prescriptiva se entrelazan inseparablemente.
Las rupturas en las colecciones de artículos académicos comenzaron a manifestarse. De particular importancia fueron Suffer and Be Still : Women in the Victorian Age (1972), Clio´s Conciousness Raised: New perspectivas on the History of Women (1974), liberar la Liberating Women´s History :Theoretical and Critical Essays (1976), y Becoming Visible: Women in European History (1977), todas obras publicadas en los Estados Unidos, aunque no exclusivamente dedicado a temas de América. Estos volúmenes de documentos son recursos muy ricos para la enseñanza de la historia de las mujeres, algunas organizadas en formas inusuales – como, por ejemplo, en torno a el trabajo de lasmujeres “,que abarca tanto el trabajo remunerado como el no remunerado. Todos destacaron las voces de las mujeres y sus actividades. Otros volúmenes destacaron los textos básicos del movimiento de la emancipación de la mujer, o del feminismo.
En los Estados Unidos, los historiadoras de las mujeres ampliaron la gama de tópicos posibles de estudio pasando de las mujeres afro americanas, chicanas, y nativas americanas, desafiando así las obras anteriores que se centraban en la élite de mujeres blancas euro- americanas. Junto con sus homólogos que investigaban la historia del lesbianismo, se confrontó el canon emergente de los llamados temas importantes y reescritura de los criterios para juzgar su importancia. Se hizo evidente que las mujeres aparecían en cada forma y tamaño, en cada raza, etnia, religión. Los historiadores pusieron en tela de juicio lo que las diversas mujeres tenían en común y comenzaron a examinar los conflictos entre ellas. Algunas afirmaron que la categoría “mujer” debía ser totalmente de-construida o ampliada para abarcar las diferencias que existían entre las mujeres. Otras, profesionales más inclinadas por los aspectos teóricos, propusieron vaciar los cuerpos físicos de las mujeres haciendo referencia al “sexo” como una construcción social. Que cargará con sus homólogos disidentes “esencialismo”.
En el decenio de 1990 la provocativa pregunta de principios y mediados de los años 1970 – ¿Hay una historia de las mujeres? – fue abrumadoramente respondida de manera afirmativa. En 1995, importantes académicas en la historia de las mujeres de América insistieron en que toda la historia de los Estados Unidos de América debe ser reescrito como la historia de las mujeres (U.S. History as Womens´s History: Feminist Essays , editado por Linda K. Kerber, Alice Kessler-Harris, y Kathryn Kish Sklar) .En Unequal Sisters (3 ª edición, 2000), Ellen Carol DuBois y Vicki Ruiz reunieron una historia multicultural de la mujer en el Estados Unidos. En 1990, Clark Darline editó dieciséis volúmenes de Black Women in United States History, Nancy F. Cott y sus colaboradores produjeron una veintena de volúmenes de History of Women in Americ.
Un equipo de historiadoras de las mujeres en Australia, dirigida por Patricia Grimshaw y Marilyn Lago, se atrevió a rescribir la narrativa nacional poniendo a la mujer y el género en su centro. Su polémico libro de 1994 Creating a Nation caracterizó como masculina, blanca y británica la historia fundacional de la nación australiana, según la interpretación dada por los primeros historiadores varones. Las historiadoras de la mujer en otros países también empezaron a rescribir sus historias nacionales. Algunas historiadoras de las mujeres en Canadá, Estados Unidos, Alemania y otros países exploraron incluso, regional y localmente, la historia de las mujeres. Una coalición de mujeres historiadoras en Escandinavia encabezada por Ida Blom (designado para la cátedra de la historia de las mujeres de todas las universidades noruegas) comenzaron a trabajar sobre una historia mundial de las mujeres desde una perspectiva explícitamente nórdica. Estas publicaciones dieron cuenta con sus resultados de que la historia de las mujeres tenía el potencial de revolucionar la forma en que la historia había sido escrita. Los editores de libros de texto empezaron a mostrar interés en la incorporar a las mujeres, así como también la integración entre ellos / as.
Gracias a un editor italiano con excelentes conexiones internacionales, un consorcio encabezado por un estudioso francés completó una de las colecciones de volúmenes más vendidos de Historia de las mujeres en el mundo occidental (publicado por primera vez en italiano en 1990, con los editores de la serie de Georges Duby y Michelle Perrot), que desde entonces se ha traducido a numerosos idiomas, incluyendo el Inglés. Además las traducciones al español, holandés y alemán incluyen suplementos de ensayos centrados en sus regiones. Historiadoras de la Mujer desde Italia a la India, desde Polonia a Portugal, desde Japón, Corea y China comenzaron a publicar todas sus conclusiones.

3- Variedades de método y audiencia

Las historiadoras de las mujeres desde un enfoque académico se acercaron a las investigaciones a través de diferentes metodologías. Entre ellas se encuentran las reconstrucciones y reinterpretaciones de las biografías de las mujeres; reinterpretaciones comparativas, análisis trans-cultural, las historias orales, visuales y “representaciones” y “reflexiones”, análisis del discurso, análisis cuantitativos y de objetos materiales. A partir de ellas, las investigaciones se extendieron por todo el amplio abanico de campos y disciplinas académicas. Las historiadoras que trabajan en la reconstrucción de la historia de los feminismos, por ejemplo, consideraron en su labor incluir las distintas esferas de la vida política, intelectual, jurídica, social y económica en la historia. Reunieron los tópicos que tratados por separados – por ejemplo, estudios de población, el nacionalismo y el feminismo y demostraron sus relaciones entrelazadas.
Las historiadoras que trabajan sobre temas de los dos últimos siglos cuentan con abundantes fuentes. Pero aquellas que estudian períodos anteriores en sociedades alfabetizadas, la insuficiencia o la falta de fuentes adecuadas sigue siendo un problema. Estas historiadoras se han apropiado de las herramientas de la etnología para buscar el “silencio” de las mujeres. Al estudiar la historia de las mujeres en las sociedades no alfabetizados y, en particular, las sociedades no occidentales, donde gran parte de la documentación escrita se encuentra en archivos coloniales, los/as historiadores/as de la mujer son pioneras en crear aproximaciones a través de las investigaciones de los mitos, de la arqueología, inscripciones, el arte, las historias orales y demás, etc. (Bolanle Awe in Offen, Pierson, and Rendall). Una investigadora, la arqueóloga-historiadora Elizabeth Wayland Barber, ha descubierto pruebas significativas del trabajo de la mujer en el sector textil de hace más de veinte siglos ( Womenl trabajo de la mujer. Los Primeros 20,000 años: la mujer, la tela y la sociedad en los primeros tiempos”, 1994). Introduciendo el concepto de la “cadena de la revolución” desafió las nociones masculinas acerca de la cronología ( “edad de piedra”, “edad de hierro”, “edad de bronce”), basado en el uso por parte de los hombres de materiales más durables y herramientas.
Las historiadoras de la mujer plantean importantes cuestiones sobre el tipo de acuerdo así como también sobre la continuidad y cambio en el tiempo de la situación de las mujeres. Algunos, como la medievalista Judith Bennett (1997), cambio el atractivo concepto de una temprana “edad dorada”de las mujeres y convocó a los/as historiadores/as de las mujeres a confrontar los orígenes del patriarcado o de las reglas masculinas. El libro de Gerda Lerner La creación de la Patriarcado (1986)y La creación de la conciencia feminista (1993) ha proporcionado una ruptura en el análisis feminista que revisó los primeros documentos escritos del Cercano Oriente. Otras se han posado en cuestiones desafiantes tales como la pregunta de Joan Kelly en el título de su ensayo de 1977 “¿ Las mujeres tuvieron un Renacimiento?”. Todas insisten en que como en cualquier otro campo de la investigación histórica, un compromiso con el avance de los estudios de las mujeres no debe eludir la objetividad.
Hubo al menos dos públicos para la historia de las mujeres. El primer acompaño los movimientos de mujeres activistas, alcanzando a un público lector general. En este sentido los escritos de, Marina Warner y Antonia Frazer, y Carrolly Erikson, con biografías de mujeres tuvieron un gran éxito. Un segundo público estuvo en el mundo universitario, donde hubo un número creciente de estudiantes de diversos grados, incluidos de doctorado interesados en la historia de las mujeres. Pero pocas publicaciones llegaron a estos lectores. Una notable excepción fue el libro de Laurel Thacher Ulrich de 1990 sobre historia de las mujeres, en la temprana América, A Midwife´s Tale que ganó un gran número de premios nacionales en los Estados Unidos y la vendió numerosas copias fuera de la academia. Otro gran éxito fue el trabajo de Natalie Zemon Davis , El regreso de Martín Guerre (1983).

4- La emergencia de la Historia de Género

En la década de 1980 un universo de especialistas en historia de las mujeres comenzaron a preguntarse si escribir la historia de las mujeres – o la cultura de las mujeres o la organización de las mujeres era suficiente -. ¿Era esto teóricamente suficientemente? O suficientemente “objetivo” (es decir, no “feminista”)? ¿Podría esto realmente transformar las exigencias de la narrativa histórica?, como históricamente lo reclamaron las pioneras del movimiento? Tales cuestiones se suscitaron primeramente entre las universitarias, donde las historiadoras mujeres cuestionaban la legitimidad de la continuidad de la dominación masculina en las instituciones. Vista desde fuera de la academia, se podría reformular estas cuestiones como ¿Suficiente para que propósito?.
Ya en la década de 1970 algunas historiadoras de las mujeres buscaron conocer desde perspectivas inter-disciplinarias (en particular, la antropología, la sociología, estudios literarios) y problematizar los enfoques teóricos convencionales de la historia, en los marcos de “general” o “universal”, por una historia “particular”. Se comenzó a cuestionar los alegatos exclusivamente en la mujeres. En 1975, Gerda Lerner se refirió a las primeras etapas en la investigación en la historia de las mujeres como “historia compensatoria” y “historia contributiva“, y plantea una serie de preguntas adicionales en busca de examinar las tensiones culturales de mujeres y varones. Joan Kelly propuso examinar las “relaciones sociales de los sexos“.
Otros, en particular en los Estados Unidos y Gran Bretaña, – junto con el legado de la esclavitud africana y los movimientos de emancipación, agravado por el movimiento de derechos civiles de la década de 1960 – llegó a la práctica de la historia del género una preocupación por la importancia global de la raza y la inseparable intersección con el sexo y la clase. Por otra parte, “la raza, la clase, el género” se convirtió en un poderoso mantra que influyó poderosamente y por consecuencia en los programas de becas para mujeres y en la historia de género fuera de Norteamérica. Sus esfuerzos fueron complementados por una nueva generación de mujeres historiadoras negras (norte) americanas que insistieron en que la historia de las mujeres negras debía ser incluida en toda historia de las mujeres. La historia de las mujeres de otros grupos “minoritarios” requiere también de investigación e inclusión. En Canadá y Australia, las historiadoras de la mujer examinaron las interacciones entre los colonos blancos de las Primeras Naciones y los pueblos aborígenes. Las relaciones de género se convirtieron en el centro de la historia.
Desde comienzos del decenio de 1980, algunos historiadores académicos han propuesto “género” como una historia más amplia, un enfoque más convincente. La historia de Género parece teóricamente más satisfactorio porque directamente desafía el sexismo sin nombre “universal” o “generales” de la historia. Muchos de los que primero argumentaron en favor de la historia de genero provienen de la historia social y del trabajo y de la Nueva Izquierda Política. La mayoría han vivido (o han estudiado, o han estudiado con un mentor que había estudiado) en Nueva York o Londres o París, y han entablado con el marxismo y la teoría crítica y, a veces con la teoría psicoanalítica. A menudo se identifican como socialistas-feministas, estos historiadores no acuerdan con la historiografía y teoría marxista por percibirla inadecuada. Se objetó el estudio de los procesos de cambios históricos. Se criticó especialmente la hegemonía del género encerrado en el análisis de “clase”, así como una atención exclusiva en los trabajadores varones (y, a veces, los campesinos). Pidieron también un potente marco explicativo, una que abarque las categorías de raza y sexo, así como la clase, y no sólo la clase obrera. También abogó por la importancia equivalente de género. Ellos empezaron a cuestionar las categorías analíticas embebidas en la filosofía occidental e insistieron en demostrar incluso que aún las categorías conceptuales tenían una historia. Se ponderó la política sexual del conocimientos que determinó cómo se sabe, qué se sabe y por qué se sabe (o porqué no se sabe)
En el campo de la historia social, la publicación de María Ryan, Cradle of the middle Class (1981) y Family Fortunes: The Making of the English Midlle Class por Leonore Davidoff y Catherine Hall (1987) demostró el enorme potencial reinterpretativo de los estudios de género en la formación de la clase media en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Estas historiadoras colocan a la mujer y la familia, la religión, el derecho, la propiedad en el corazón de las explicaciones para el éxito económico de Gran Bretaña en la Revolución Industrial. Ellas desafiaban teorías liberales imperantes que se habían construido alrededor de una noción de la autonomía individual (masculina) demostrando por qué detrás de cada supuestamente autónomo y empresarial individuo de sexo masculino se establece toda una estructura de género de apoyo social en la que las mujeres son el centro.
La historia cultural también le debe al género. En la década de 1980 una serie de teóricos académicos pos-feministas de otras disciplinas comenzaron a cuestionar las categorías conceptuales de “mujer” y “mujeres” en que se basan el tópico de la historia de las mujeres. Importantes contribuciones de esta corriente teórica incluye a Denise Riley y Judith Butler. La mayoría de las historiadoras feministas, a pesar de que lucharon con la idea de la base de la biología de la identidad femenina, han reclamado persistentemente la necesidad de la categoría “mujer”. Ellas basan su argumento en una historia política común de la subordinación femenina a la autoridad del varón, precisamente debido a la importancia del cuerpo de las mujeres y su potencial reproductivo. Se argumenta que las mujeres, aun tomando la vastedad y complejidad de las experiencias femenina, constituyen un grupo colectivo que tiene un pasado para ser investigado y que cada uno podrá obtener importantes lecciones para el futuro. La continua importancia del cuerpo de la mujer fue subrayada por la historiadora Laura Lee Downs, quien señaló que “Si la mujer” no es más que una categoría vacía, “¿por qué me tememos que camine sola en la noche?”(1993).
Downs se refirió directamente a las publicaciones de Joan Wallach Scott, quien también comenzó su carrera laboral como historiador. A finales de 1986, el artículo de Scott en la American Historical Reviewintrodujo una nueva definición de género como a la vez una “categoría útil de análisis ” y un “significante de poder”. Scott le dio al género un nuevo giro lingüístico, tomando prestado y basándose en argumentos derivados de los teóricos franceses post-estructuralistas, así como de la literatura posmoderna y teóricos de los estudios culturales.
Ella dio una respuesta compleja y altamente intelectualizada a ciertos académicos escépticos que habían afirmado que la historia de las mujeres no se diferenciaba en absoluto al actual marco del conocimiento histórico. Scott bien informadas sobre el debate teórico en las Ciencias Sociales, fue empírica en coautoría con Louise Tilly, hizo una excepción al desplazarse hacia una teoría inspirada en el análisis del discurso a expensas del trabajo empírico de la historia social (Tilly, 1989). Scott desafió críticamente la historia social y su giro al análisis lingüístico arrojo la cuestión de ” la existencia de un mundo real ” y” human agency ” . Estos artículos fueron traducidos rápidamente y debatido en ambos lados del Atlántico.
Otras historiadoras menos identificadas con la Nueva Izquierda, la historia social, o la crítica teórica aunque se habían comprometido en un análisis de género, – donde género connotaba la construcción social del sexo en un sistema de sexo / género – muchos años antes que Scott planteara su apuesta filosófica. Parecían menos dispuestas a ver la historia escrita a través del lente de la alta teoría, especialmente la de la variada pos modernidad (anti-Ilustración) o de adherir al “giro lingüístico”. Parecía, como a Louise Tilly, que se vaciaba de sustancia y se disminuía la importancia de la experiencia vivida femenina en favor del análisis de discurso o idioma como único árbitro de la experiencia vivida. Se ha resistido enérgicamente este enfoque, la versión posmoderna de J. Scott de las cuestiones de género como un intento por explotar la” materia liberal” y subvertir la identidad, mostrándola como inestable, cambiante, incluso fragmentada. No encuentran útil este enfoque así como tampoco que las mujeres en todo el mundo estén tratando de determinar su identidad como seres humanos completos y reclamar su derecho a una historia propia. Algunas sostuvieron que la Ilustración no trataba meramente el establecimiento de la autonomía, del sujeto ( masculino ) racional, sino también fue un trampolín para los derechos de las mujeres.
La controversia se intensificó durante la década de 1989 después del debut de la revista Gender and History, que sucedió en el mismo momento que el lanzamiento de la Journal of Women`s History. Una fuerte apuesta por la historia del género ( en algunos casos en contra) sobre la historia de las mujeres. Ya en 1988 las jóvenes historiadoras francesas Michele Riot – Sarcey, Christine Plante y Eleni Varikas proporcionaron una lista de razones para justificar su negativa a utilizar el término “histoire des femmes”;su objetivo declarado era “reintegrar a las mujeres en la historia” (p. 22) . Pidieron por una historia que fuera “un área de investigación más que una disciplina”.
Eleni Varikas, basándose en Francia, donde la política oficial y la política educativa religiosa fomenta lo universal sobre lo particular, insistió en el futuro de la historia de las mujeres en el sistema académico francés laicos para abordar cuestiones históricas. Gisela Bock confrontó en la primera edición de Gender and History de 1989 con el argumento de que la historia de las mujeres ” concierne no sólo la mitad de la humanidad, sino a toda ella” y que es “la historia de género por excelencia”. El historiador francés de la mujer Francoise Thebaud se acercó a las controversias desde un ángulo diferente en su libro de 1998Écrire l`histoire des femmes. Tras un cuidadoso estudio de un inmenso cuerpo de las publicaciones de varios países, afirmó que la historia de género debe considerarse parte integrante de la historia de las mujeres.
Algunos, con cautela, aprobaron la nueva dirección teórica que se proponía. En 1991 un artículo en elChronicle of Higher Education Carol Berkin señaló lo que es “verdaderamente revolucionario” sobre las cuestiones de género: para examinar las cuestiones de género en el estudio de cualquier tema histórico “hay más de un efecto enriquecedor, sino que se ponen de manifiesto nuevas cuestiones, retos a viejos supuestos y fuerzas de reinterpretación histórica de cuestiones que una vez pensadas hay que resolver(Dangerous Courtesies’ Assault Women’s History). Asegura que los resultados de los estudios de género sobre las mujeres no pueden ser marginados o sometidos a “cortesías peligrosas”, como un conocimiento paralelo y poco serio.
Una sostenida y afilada disidencia estalló en 1994, cuando Joan Hoff, fundador co-editor de la Revista Historia de la Mujer, denunció a la categoría “género” de J. Scott como “una categoría postmoderna de parálisis” para la historia de las mujeres (Women’s History Review 3, no. 2). Esto provocó más polémica. El debate continuó en habla francesa y habla inglesa, en Canadá; y en Inglaterra durante el decenio de 1990 un acalorado intercambio tuvo lugar entre Penélope Corfield y June Purvis (editor de la Women’s History Review) en una nueva revista llamada Repensando la Historia. Corfield sostuvo que” la historia de las mujeres es la ampliación de fructífera en la historia de género “(que supone la superioridad de este último), mientras que su coautor Purvis y Amanda Wetherill Corfield acusó a Corfield de Jugar el juegos de Historia de Género(1999).
Otros historiadores de la mujer se mantuvieron firmes. Las autoras australianas de Creating a Nationresistieron la deconstrucción post-estructuralista de la categoría “mujer”, afirmando que “nuestro proyecto histórico rinde homenaje y depende de manera crucial de los últimos trabajos y conocimientos reales de un sinnúmero de mujeres que de muchas maneras han hecho este trabajo posible “(p. 4). Hilda Smith, una historiadora inglesa de la mujer y de la historia de las intelectuales, se centró en 1999 en la recuperación de la mujer desde la perspectiva de las relaciones entre los sexos, ocupando la misma firme posición en contra del enfoque de género post-estructuralista. Sostuvo que este enfoque, privilegia las obras de teóricos (como M. Foucault) “para quiénes las mujeres son rara vez el tema”.Las mujeres a través de los siglos“, explicó Smith, “han ofrecido explicaciones impresionantes y sistemáticas de la potencia de los hombres dentro de sus sociedades, para la legitimación de su propio sexo, y por tanto de las relaciones hetero / homosexuales y sociales. Sin embargo, sus ideas, en su mayor parte , han sido ignoradas “(Regionalism, Feminism, and Class: The Development of a Feminist Historian , en Boris y Chaudhuri, p. 37).
En medio de tales polémicas, uno de los argumentos más prácticos esgrimidos para preferir la historia de género (y los estudios de género) ha sido su posible recurso a una más amplia adhesión – sobre aquellas que se inclinan por la historia de las mujeres (o los estudios sobre la mujer). Entre ellas figuraban varones estudiosos interesados en la diferencia sexual y en cuestiones de masculinidad ( que en ocasiones sólo quieren escribir sobre “sexo”), que fue pionera en la historia de los varones y la historia de la masculinidad en el área de estudios de los varones como un nuevo campo académico. También incluían académicos que participaban más generalmente, en cuestiones que van más allá de las normas de la heterosexualidad, más allá del dualismo masculino / femenino – a saber, son estudiosos que desean explorar la construcción social de las sexualidades y han sido pioneros en la historia ” queer“en el área de los estudios ” queer“.
Para otras, simplemente la historia de género parece más objetiva o segura y menos política (es decir, menos feminista). Parece ofrecer una lente a través de la cual ver el pasado, como uno podría utilizar un microscopio o telescopio, en resumen, ofrece una apariencia de distancia crítica del sujeto de estudio. Como una erudita en California observó, “el género es algo que habla sin tener un compromiso con él.” otra estudiosa de la Europa del Este explicó que era una opción políticamente más aceptable: “En nuestra región la historia de las mujeres se considera de menor importancia y la historia de género suena mejor a nuestros académicos y profesores universitarios que tienen miedo a todo lo relacionado con el feminismo”. En última instancia, la combinación interrelacionada entre la mujer y el género ofrece una rica variedad de aproximaciones. Diferentes tópicos se prestan a diferentes combinaciones, y una u otra elección entre “la mujer” y “género” no es realmente una opción. Susan Pedersen afirmó en el año 2000 que esto es “un argumento dónde ninguna de las partes podría ganar. […] La historia de las mujeres no es una etapa en que nos movemos en nuestra lucha hacia la historia de género, la historia misma de género nos envía sin cesar de nuevo a la mujer. Y ambas han transformado nuestra obra histórica y su comprensión “(p. 20).

5- Desarrollo de la Historia de la Mujer en el mundo.

La investigación en la historia de las mujeres en diferentes partes del mundo se desarrolló a la par con la de Occidente. En 1962, publicó Aant Sadashiv Altekar The Position of Women in Hindu Civilization: From PrehistoricTimesto the Present Day. Este extenso estudio complementa los muchos otros estudios específicos de la mujer, especialmente bajo el colonialismo, que aparecieron después. Además, la historia surgió con especialistas en colecciones de artículos, especialmente, entre ellas, los que fueron editados por el Sr. J. Krishnamurty, Nina Kumar, y Kumkum Skugari y Sedesh Vaid. Susie Tharu Ke Lalita presentaron una antología en dos volúmenes de los escritos de las mujeres indígenas desde el 600 a.c.
Hubo académicas que se centraron en cuestiones religiosas y postcoloniales junto con la experiencia de las mujeres en el trabajo esclavo u otras formas de trabajo. Para Asia oriental y sudoriental, los estudios sobre períodos tempranos se limitaban principalmente a China y Japón, con la preocupación por la influencia del patriarcado confuciano. Para períodos más tardíos, las historiadoras de la mujer abordaron una amplia gama de temas, incluyendo los logros de las mujeres como artistas, escritoras e intelectuales. Estudiosas interesadas en la evolución de China, Japón y el sudeste de Asia también investigaron la participación de la mujer en los movimientos políticos, incluido el activismo sindical y las luchas nacionales por la liberación y la consolidación nacional. Los estudios de las mujeres en tiempos de guerra también han prosperado, al igual que estudios sobre la economía doméstica y roles económicos de las mujeres.
La historia de las mujeres africanas ya está en marcha, con obras célebres como la de Adame Ba Konaré,Dictionnaire des femmes du Mali (1993); Dictionary of Malí’s Famous mujeres) y la de Kathleen Sheldon, Dictionary of Women in Sub-Saharan Africa (2005) tipo de publicación que celebra los logros de las mujeres. El tema general de la historia de las mujeres surgió en África en el decenio de 1970 y 1980 en concordancia con las condiciones socioeconómicas, y en particular, más adelante, con el impacto del feminismo internacional y el activismo en la historia africana moderna. Una de las primeras obras más influyentes fue la de Esther Boserup,Women’s Role in Economic Development (1970). Poco después siguieron varias antologías, incluidos los editados por Edna Bay, comoWomen and Work in África (1974).
Otros estudiosos investigaron la condición de la mujer en el trabajo político y su solidaridad en el trabajo, así como también los movimientos de liberación nacional. Parte de estos trabajos se nutrieron en la antropología y la etnología con énfasis en la familia y el parentesco, junto con reflexiones antropológicas sobre los sistemas de género. En muchos casos, la historia de las mujeres africanas puso en tela de juicio la importancia de algunas formulaciones canónicas para la historia de las mujeres en occidente, como la distinción público-privado. La temprana historia de las mujeres islámica se limitó a estudios biográficos de mujeres famosas, sobre todo las honradas por su relación con el profeta, pero también las homenajeó por sus obras y estudios. En las últimas tres décadas, sin embargo, las estudiosas han investigado las experiencias religiosas de la mujer en general y también han dado cuenta de su participación en el nacionalismo y los movimientos feministas.
Las historiadoras de las mujeres comenzaron a participar en las Conferencias de Historia de las Mujeres de Berkshire, evento que comenzó en 1973. Desde el principio, participaron historiadoras de las mujeres de diferentes países. Las primeras conferencias internacionales tuvieron lugar a finales de los años 1970 y principios de 1980 en los Estados Unidos y Europa Occidental. Con la fundación de la Federación Internacional para la Investigación en la Historia de la Mujer (IFRWH) en 1987 – que fue la formalización de una serie de intercambios entre las redes nacionales de América del Norte, Reino Unido, Europa Occidental, y los neo-europeos (Alemania, Australia, Nueva Zelanda), los historiadores fomentaron el crecimiento de las redes y conexiones con la India, Japón, América Latina, África y Europa oriental – se fijaron etapas para el diálogo transnacional sobre una variedad de tópicos. Sin embargo, la mayoría de las historiadoras poseen un conocimiento parcial del estado de los estudios en historia de las mujeres en el mundo.
En 1989 las historiadoras de Europa, América del Norte, América Latina, la India, África, Asia reunidas en el centro Rockefeller en Bellagio convinieron poner en común sus conocimientos y comenzar a armar un cuadro comparativo de cuestiones y proyectos. Quedó claro entonces, que la investigación en la historia de las mujeres en el mundo no-occidental se había reforzada por la presión ejercida desde los gobiernos nacionales en las Naciones Unidas en el Decenio de la Mujer (1975-1985). La conferencia de Pekín de 1995 y las que le siguieron, confirmó la importancia de la presión internacional. La afiliación de la IFRWH a la prestigiosa Comisión Internacional de las Ciencias Históricas (CISH) en 1987 aceleró la expansión de la historia de las mujeres y el género en los Congresos quinquenales que tuvieron lugar en Madrid (1990), Montreal (1995), Oslo (2000) y Sidney (2005).
Donde la historia de la mujer y el género tienen un particular impacto es en el tratamiento del campo masculino mas importante, el de la política nacional e internacional, la diplomacia, y la historia militar, así como en la emergente historia poscolonial de los imperios. ” Generizar”( el concepto de) nación se ha convertido en un enfoque particularmente productivo, como examinar desde la perspectiva de género los proyectos imperiales de las naciones occidentales, como por ejemplo en la colección, Nation, Empire, Colony: Historicizing Gender and Race editado por Ruth Roach Pierson y Nuper Chaudhuri, que creció a partir de las sesiones del Congreso Internacional de Ciencias Históricas en Montreal, en 1995, ó en laDomesticating the Empire, editado por Julia Clancy-Smith y Frances Gouda (1998).
Como Leonore Davidoff, Keith Mc Clelland, y Eleni Varikas indican que, “el reconocimiento de las relaciones de género amplía la definición de la política y los políticos” (p. 48). Historiadoras como Ute Frevert, Karen Hagemann, Marilyn Lake, Mrinalini Sinha, Patricia Grimshaw, Antoinette Burton, Sian Reynolds, Jo Burr Margadant, Michele Riot-Sarcey, Mary Jo Maynes, Gisela Bock, Ida Blom, Frances Gouda, Mary Nash, y muchas otras están utilizando el análisis de género, junto con la historia de las mujeres, en una amplia variedad de maneras de repensar la historia del estado-nación y construcción de los imperios, el desarrollo socioeconómico, las políticas estatales y reclamos jurídicos, la guerra y la paz, la diplomacia, la justicia, los cambios en la formación de la familia, la política social, la demografía, y muchos otros enfoques de actualidad. Laura Lee Downs ofrece y explica una serie de ejemplos de buenas prácticas de escritura en su libro Writing Gender History .
Quedan por delante varios desafíos para la historia de las mujeres. Uno se refiere al esfuerzo para escribir una historia mundial de las mujeres. Un segundo desafío es para integrar la historia de las mujeres y el análisis de género en la reescritura de la historia mundial. Este esfuerzo necesariamente confrontará los enfoques actuales de la historia del mundo, que son la mayoría de las veces sobre la base de la comparación de los “sistemas” y “procesos” y que parecen hacer caso omiso de las vidas de personas reales. La historia de las mujeres aspira a humanizar la historia del mundo. El esfuerzo escandinavo de las historiadoras de la mujer, Women’s History of the World from the Earliest Time to the Present Day (publicado hasta la fecha sólo en sueco y danés), tiene mucho para enseñarnos. Un tercer objetivo es envolver la historia de los Estados Unidos y Europa en una perspectiva más amplia, en un verdadero marco global. Otras historiadoras que incluyen a Judith Zinsser, Merry Wiesner-Hanks y Peter N. Stearns son pioneras en enfoques de acercamientos euro-americanos desde una perspectiva comparativa. Nuevas propuestas, que vienen desde fuera del mundo occidental, desafían las nociones predominantes de la historia occidental, donde las historiadoras de las mujeres y otros cuestionan la utilidad y los prejuicios de éstos paradigmas.
Las profesionales de la historia de las mujeres tienen la obligación de ir más allá de las preocupaciones teóricas del mundo universitario y académico, es decir, compartir sus preguntas, preocupaciones, y conclusiones con un auditorio amplio, y hacer esto, no sólo con el público en general, sino también con las/os maestras/os y escolares, especialmente las niñas. Pero más allá de todo, la historia de las mujeres, sus historias y narrativas, pueden ” empoderar”a las mujeres de hoy y formar a los varones.

Notas

1Traducción Maria Soledad Barrios (Area de la Mujer-DCS-UNLu). Revisión Tecnica: Dra. Cecilia Lagunas

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Fuente: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-57042009000100001

revisado el 3 de febrero de 2015

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