Estudios de la mujer Blog de Anarella Vélez

Género, cuerpo y democracia: repolitizando nuestras demandas (1)

Fuente:http://revista.conlaa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=552&Itemid=579#.UY5kFuzzFMU.twitter

NIRVANA GONZÁLEZ ROSA. El espacio corporal es el primer territorio de derechos humanos, y como tal debe ser cautelado y protegido

En las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del XXI, América Latina y el Caribe se ha destacado como una de las regiones que ha hecho mayores esfuerzos para reflexionar y producir conocimiento acerca de los derechos sexuales y los derechos reproductivos e indagar, al mismo tiempo, la forma en que las distintas expresiones de violencia contra mujeres y niñas constituyen una grave transgresión a dichos derechos e impiden su pleno ejercicio.

Parte importante de estos esfuerzos ha surgido desde las feministas y del movimiento por la salud de las mujeres. A partir de un análisis con enfoque de género y derechos humanos, han profundizado acerca de los orígenes de dichas violencias, definiéndolas como una expresión perversa de discriminación contra las mujeres y afirmando que esta discriminación está presente en todas nuestras sociedades desde hace milenios.

La causa subyacente a esta condición es la desigual distribución del poder entre hombres y mujeres, a partir de la subordinación del género femenino por parte de un sistema patriarcal hegemónico que se erige como un orden social de poder que expropia a las mujeres de sus derechos humanos, de sus derechos sexuales y derechos reproductivos, y de sus cuerpos sexuados.

Esta elaboración teórica y política acerca de los derechos sexuales, derechos reproductivos, cuerpo y violencia, refleja una de las tantas búsquedas incansables que, históricamente, desarrollan las mujeres para construir lo que la antropóloga feminista mexicana Marcela Lagarde ha propuesto llamar una democracia genérica. Aquella donde se conforma la “igualdad entre hombres y mujeres, a partir del reconocimiento no inferiorizante de sus especificidades tanto como de sus diferencias y semejanzas”, alcanzando así modos equitativos de vida.

Esta democracia genérica continúa siendo una utopía lejana en la mayor parte del mundo, puesto que la discriminación y subordinación de las mujeres sigue firmemente enraizada en las estructuras sociales, en la cultura, en la educación, en las leyes, en las instituciones y en los individuos. Incluso en aquellos países que se dicen más desarrollados y progresistas, y que se precian de defender y proteger los derechos humanos universales, no han sido erradicadas.

Un ejemplo dramático es la violencia sexista que impacta en distintas formas sobre la vida y el cuerpo de las mujeres. La falta de acceso a la justicia, en la mayoría de los países de la región, se ha traducido en una escalada de femicidios en muchos países -México, Guatemala, Costa Rica, Chile o Puerto Rico, por nombrar algunos-.

También hay que destacar la precaria vigencia de los derechos sexuales y reproductivos, ignorados o invisibilizados sistemáticamente en las políticas públicas y en las acciones de gobierno. Esto constituye, en sí mismo, una omisión grave en términos de derechos humanos.

Los controles del cuerpo

Sin duda, hoy el contexto mundial nos muestra una diversidad de situaciones que comprueban que el cuerpo de las mujeres y las niñas sigue siendo objeto de control y dominación a partir de la discriminación de género. Sus cuerpos, sus derechos sexuales y derechos reproductivos, continúan siendo expropiados e irrespetados por un sistema de poder hegemónico signado por el patriarcado.

Este control puede expresarse como violencia explícita -violaciones, abusos, tráfico sexual, mutilaciones, femicidios- o en otras formas más sutiles que intentan encubrirse bajo la pantalla de las tradiciones, de las costumbres, de la cultura, de los valores morales o de las creencias religiosas.

Cuerpo, autonomía, libertad y ciudadanía

Son múltiples los controles que se imponen sobre el cuerpo de las mujeres, sobre sus derechos sexuales y reproductivos, y sobre su ciudadanía, en último término. Sin embargo, el espacio corporal es el primer territorio de derechos humanos, y como tal debe ser cautelado y protegido. Así lo señala el Centro por los Derechos Reproductivos de Nueva York: “Los derechos del cuerpo están arraigados en los principios más básicos de los derechos humanos. En términos generales, los derechos del cuerpo en la sexualidad y la reproducción abarcan dos principios básicos: el derecho a la atención a la salud sexual y reproductiva, y el derecho a la autodeterminación sexual y reproductiva”.

Repolitizando nuestras demandas

Con estos antecedentes, considero que debemos “repolitizar” nuestras demandas, porque advertimos la necesidad urgente de rediseñar las luchas políticas de las mujeres frente a un contexto mundial cada vez más adverso para el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, y los derechos sobre el cuerpo como derechos humanos y como parte del goce de la salud integral.

Esto implica reconocer que, si bien las mujeres hemos avanzado al goce de mayores derechos -por ejemplo, educación, acceso al trabajo y representación política-, el ámbito corporal, la sexualidad y la reproducción son terrenos donde es claro que todavía perduran los controles patriarcales más duros y férreos. Donde los nudos de la discriminación no han sido aún desatados, sino que se tensan por la acción de los fundamentalismos diversos, que proceden de la política, de la cultura tradicional, del mercado como credo de vida, de las iglesias.

Frente a ello, hoy parece ser más necesario que nunca recuperar las demandas históricas del feminismo como movimiento político y social, aquellas que hace décadas situaban centralmente la defensa y recuperación del cuerpo como espacio político donde se expresa y se ejerce la ciudadanía. Y esta recuperación pasa por luchar contra las estructuras milenarias de opresión y también contra las nuevas fuerzas represivas, que se configuran a partir de la imposición de estructuras macroeconómicas que se afirman en la exclusión y explotación de amplios sectores de la población.

Proponemos, entre otras cosas, la revitalización del feminismo como proyecto de transformación social, con un carácter subversivo, contestatario y crítico; hacer de la salud, del cuerpo, de los derechos sexuales y los derechos reproductivos, un tema de democracia y ciudadanía; y hacer de la dignidad, la autonomía y la libertad, aspectos centrales de los derechos humanos.

Esto significa la defensa irrestricta de la laicidad de los Estados como única forma de garantizar políticas públicas y acciones de gobierno dirigidas a todas las diversidades, con amplio respeto a quienes profesan distintas religiones o ninguna.

NOTAS:

(1) Una versión más amplia de esta colaboración fue publicada en la revista, Mujer/Salud, publicación oficial de Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe.

REFERENCIA CURRICULAR
Nivana González Rosa nació y se crió en el archipiélago caribeño de Puerto Rico. Graduada en Ciencias Sociales, concentración en Psicología. Activista del feminismo por la salud y los derechos humanos de las mujeres desde 1978, especialmente en los temas de las violencias contra las mujeres, los derechos sexuales y los derechos reproductivos. Fue Coordinadora General de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe hasta 2012.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
MATAMALA, María Isabel: “¿Somos ciudadanas sexuales?”, en Mujeres, Sexualidades, Derechos. Un Camino de Construcción, Cuadernos Mujer Salud 5, RSMLAC, 2000.
LAGARDE, Marcela: “Democracia Genérica” en Pasado y Presente XXI (Suplemento), Año II, No. 2, 2004. http://www.pasadoypresente21.org.ar
Center for Reproductive Rights. http://www.reproductiverights.org

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