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DE LA SOLIDARIDAD MILITANTE. Iluminadas de Anarella Vélez Osejo. Eduardo Bähr

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DE LA SOLIDARIDAD MILITANTE

ILUMINADAS.

DE ANARELLA VÉLEZ OSEJO

Eduardo Bähr

 

Noam Chomsky asegura, con mucha frecuencia, que la Solidaridad es un valor tan firme en las personas y los pueblos que la practican que los ordenamientos sistémicos mejor consolidados, los más poderosos e inhumanos de la historia y del mundo actual, lo tienen estudiado entre sus prioridades, por si fuera planteamiento ideológico, como uno de sus enemigos más creíbles.

 

¿Por qué se le teme a la Solidaridad como hilo de comunicación humanitaria y no a la Caridad, por ejemplo, que también parece hacer “el bien”? La respuesta podría estar, al tenor de los criterios de Chomsky, en que la Caridad es un falso valor, un valor creado para mantener inamovibles y no beligerantes a los sustratos sociales bajos del andamiaje democrático. Un valor echado a andar desde los recodos mismos del egoísmo por parte del individuo, hombre o mujer, religioso o no, patriota o político, e inducido desde los mecanismos del dominio subjetivo, por parte de las estructuras del sistema. En tal caso, la Caridad sí es un planteamiento ideológico, sólo que embozado.

 

Dicho de la manera más simple: yo practico la Caridad para sentirme bien y si practico la Solidaridad no tendré retribución alguna. La Solidaridad, por tanto, es un valor siempre perfectivo. De hecho, además de la condescendencia, la cultura patriarcal ha destilado siempre una histórica “caridad” hacia las mujeres, para hacerles creer que tal responsabilidad ciudadana, que esta función sexualmente institucionalizada y este rol hogareño, son los que le corresponden dentro del contrato social diseñado por los hombres.

 

Permítanme este proemio para decir unas pocas palabras acerca del libro ILUMINADAS, poemario de Anarella Vélez Osejo, que ha salido a luz hace unos días de este mes de junio de 2016.

 

Quiero decir que éste es un libro de fuerte raigambre solidaria y que la autora ha sacrificado su propia permanencia centrípeta en él para, mediante el uso de la segunda persona de singular y una lista cuidadosamente seleccionada de mujeres en la Historia “intencionalmente invisibilizadas por la cultura patriarcal”, dedicar su admiración y cariño hacia cada una de ellas con el objeto de convertirlas en un poema, en una página de solidaridad. En efecto, la de Anarella Vélez Osejo es “una voz artística con visión histórica y feminista y ésta una poesía con referentes históricos basada en el mundo mítico de las mujeres”.

 

Me gusta lo que dice la presentación de este libro acerca de que es ésta “una poesía liberada de la servidumbre del sentimentalismo”. Pienso que en la factura de la poesía en verso que se escribe hoy en día suele haber, en alto porcentaje, una gran dosis de sentimentalismo, tanto en los hombres como en las mujeres y desafortunadamente, desde la juventud. Es la razón por la que en la plataforma global haya tanta mediocridad y mal gusto, precisamente porque se confunde la comunicación –fundamento de la WEB- con el arte de diseñar la fina magia de la poesía.

 

Pero lo dicho no excluye a la buena poesía romántica, que ha trascendido desde el siglo XVII hasta hoy, pasando por el realismo, de gran valor para la literatura militante. Tampoco excluye al propio sentimentalismo sobre todo si, en lugar de querer ser verso poético, se convierte en las excelentes letras de las canciones sentimentales del siglo pasado guardadas en las arcas de todas las generaciones…

 

De lo que se trata es que ésta es una poesía inteligente; una poesía que fue prevista desde la antigüedad pero que siempre había sido desplazada por “lo sentimental”. Por algo, desde hace más de doscientos años, la inglesa Mary Wollstonecraft, una pionera que vivió apenas treinta y ocho años (1759-1797), en medio del medievo sostenido de su país, había advertido: En el estado de corrupción actual en que vive la sociedad, son numerosas las causas que contribuyen a esclavizar a las mujeres entorpeciendo el desarrollo de su inteligencia y fomentando el de los sentidos”. En la lucha de esta mujer se exponen muchos de los planteamientos feministas del siglo XX., conceptos que siguen actuales, pese al contraste entre su época y la nuestra.
Sin embargo, en el diálogo –homenaje- de Anarella Vélez Osejo con estas mujeres de su libro también se alude a los sentidos, por lo que tienen de reto contra “la mentira del amor platónico”; aunque sus recursos poéticos sean los que sostienen el reto de esta poesía inteligente, los verdaderos retos, expuestos aquí con toda naturalidad, desde una militancia desnuda: “te miro deshojada, quebradiza, en los cuerpos de otras, de todas las mujeres abusadas/ a la orilla del mar en el que tú gimes”; la adjetivación contundente: “niña ácrata”; sinestesias exquisitas: “memoria desnuda en este invierno”, “lúgubre demencia entre blancas magnolias”. Finas propuestas sensuales, casi barrocas: “ternura sin titubeos”; definiciones perfectamente sintetizadas: “El hielo, a tu paso, se torna lluvia escandalosa”; “Emerges del escándalo a la seducción”; “voz de subversiva enamorada”; “hueste de poeta que eres”.

 

Da gusto saber que están aquí Alejandra Pizarnik, Josefa Lastiri, Suzanne Nebout, Manuela Sáenz, Simone De Beauvoir, Ofelia, sin la violencia Hamlet; Lucrecia Borgia, Virginia Woolf, Delmira Agustini y muchas otras mujeres relevantes, aunque no predominantes desde la Historia diseñada al modo patriarcal; y da gusto encontrarnos también con Clementina Suárez, nuestra pionera subversiva y con Visitación Padilla, de la que Anarella Vélez Osejo, finalmente, no ha podido desprender su propia solidaridad militante: “En medio del paisaje, alguien como yo, acopia la cosecha”.

Tegucigalpa, junio de 2016.

 

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