Estudios de la mujer Blog de Anarella Vélez

5.3. LAS EPISTEMOLOGÍAS FEMINISTAS Y LA TEORÍA DE GÉNERO

El término epistemologías feministas se aplica a un heterogéneo conjunto de trabajos que abarcan una gran diversidad de posturas, tanto en lo que concierne a la epistemología como al feminismo. Lo que todos ellos tienen en común, radica en la puesta en tela de juicio de ciertas presuposiciones básicas de la epistemología tradicional, las cuales se podrían resumir en la defensa de que no es posible una teoría general del conocimiento que ignore el contexto social del sujeto cognoscente. Frente a la epistemología tradicional donde el sujeto es una abstracción con facultades universales e incontaminadas de razonamiento y sensación, desde el feminismo se defiende que el sujeto del conocimiento es un individuo histórico particular cuyo cuerpo, intereses, emociones y razón están constituidos por su contexto histórico concreto y son especialmente relevantes para la epistemología.

La relevancia del sujeto cognoscente implica que este conocimiento es siempre situado (Haraway 1991), es decir, que está condicionado por el sujeto y su situación particular (espacio temporal, histórica, cultural y social) y que los estándares de justificación son siempre contextuales. Del carácter situado se deriva la conexión entre conocimiento y poder. El compromiso político con el cambio social es uno de los principales rasgos constitutivos de las epistemologías feministas y también una de las características principales que las distinguen de otros tipos de teorías del conocimiento.

En el presente trabajo se discute acerca del carácter eminentemente ideológico y político de las propuestas hechas por las denominadas epistemologías feministas, cuestionando su debilidad en cuanto a la explicitación de los métodos que operativizan cada uno de sus paradigmas epistémicos, lo cual ha llevado a que la construcción de teoría dentro de los denominados estudios de género no satisfaga las condiciones de cientificidad propuestas por la epistemología tradicional y por lo tanto, mucho de lo que se denomina teoría de género, constituya de hecho,discursos que carecen de categorías, supuestos y axiomas, que son la trama con la que se construyen las teorías científicas, de acuerdo con Popper, Bunge y Lakatos entre otros.

La ausencia de un auténtico programa de investigación que contemple desde una filosofía de género, teoría de género, un método y técnicas específicas que permitan el desarrollo de investigación, debilita y segrega a los estudios feministas, reduciéndolos a discursos políticos ideológicos propios de un grupo marginal, lo cual impide la posibilidad de ampliar las perspectivas y dimensiones de su objeto de estudio.

Nuestro trabajo entonces, se sienta primero, en la revisión de lo que autores como Bunge, Einstein, Lakatos y Kuhn han considerado como los requisitos propios de la epistemología, la distinción entre conocimiento científico y otros tipos de conocimiento que no cumplen con las condiciones de cientificidad. Pasando enseguida a hacer una revisión del contenido de las llamadas epistemologías feministas, analizando sus características y considerando si cuentan con los requisitos antes mencionados.

Finalmente realizamos una propuesta epistémica metodológica que permita ir hacia la construcción de una filosofía de género como cimiento de un programa de investigación en términos lakatosianos que genere lo que sería la teoría científica de género.

2 Epistemología y Epistemologías Feministas

2.1 La epistemología como filosofía de la ciencia tradicional

La epistemología, también denominada filosofía de la ciencia, es la disciplina que se ocupa de analizar y resolver los problemas filosóficos que surgen

en relación con el análisis y evaluación de la estructura de la ciencia: los métodos, valores, fines, prácticas y teorías de la ciencia. Se dice que es un metalenguaje, es decir, un saber acerca del saber, un conocimiento que se puede aplicar a todas las ciencias. En resumen, la epistemología estudia la investigación científica y su producto: el conocimiento científico.

En torno a las condiciones anteriormente señaladas, destacamos sobre todo la que prepondera el papel de la epistemología como disciplina que se ocupa de los problemas filosóficos de la investigación científica. Y de todos ellos el más significativo es la cuestión acerca de la esencia de la misma ciencia; esto es, la pregunta que reza ¿qué es eso llamado ciencia?

Únicamente si somos capaces de responder a tal interrogante podremos abordar con garantías, el criterio de demarcación, esto es, la frontera que haga posible la distinción entre las ciencias empíricas y formales, de la metafísica y el arte o la religión. Junto a ello debemos establecer los límites entre el territorio científico y el pseudocientífico, si es que tal distinción tiene lugar, y en consecuencia, y en concreto, con las ciencias humanas y la denominada teoría de género.

2.2 En torno a los modos de conocimiento: ciencia vs. no ciencia

En el mundo existen por lo menos, cuatro formas o modos de aprehensión de la realidad, bien entendido que no nos referimos aquí a la realidad del otro en general, sino solamente a la realidad objetual. De ahí que excluyamos la política, el amor, la moral, entre otros. Estos cuatro modos de conocimiento del ser de las cosas, de los fenómenos, son: la religión, el arte, la ciencia y la filosofía.

No podríamos afirmar la primacía de uno sobre los otros. No es epistemológicamente viable negar alguno de ellos a favor de los demás. De acuerdo con Peter Berger (1989) hoy por hoy encontraríamos muy pocos científicos que tuvieran la pretensión de que la única forma válida de contemplar el mundo fuera la científica.

Aún cuando desde el punto de vista cosmovisional, los saberes míticos, artísticos o filosóficos resultan como mínimo tan decisivos como los científicos, la ciencia se distingue de ellos por el hecho de manifestar una postura crítica ante estos (Popper 1989:9).

Parafraseando a Feyerabend (1987), resulta una falacia desprestigiar el conocimiento mítico a favor del científico, dado que incluso los científicos de mentalidad tolerante y liberal tienen la sensación de que las afirmaciones científicas y las de fuera de la ciencia tienen distinta autoridad: que la primera puede desplazar a la segunda, pero no al revés. Hemos visto que esto es una visión bastante ingenua de la relación entre ciencia y no ciencia.

Lo anterior es así hasta el punto que al denunciar como no científica una actitud, nos situamos en un ámbito metacientífico. Resulta interesante comprobar con Gadamer (1981) cómo en los últimos años no han sido ni la filosofía, ni el arte, ni la religión, los modos de conocimiento utilizados dogmáticamente, sino precisamente la ciencia.

Desde su génesis, el saber científico ha sido para muchos sinónimo de conocimiento serio y riguroso. Al respecto Lakatos sostiene:

El respeto que siente el hombre por el conocimiento es una de sus características más peculiares. En latín conocimiento se dice scientia y ciencia llegó a ser el nombre de la clase de conocimiento más respetable. ¿Qué distingue al conocimiento de la superstición, la ideología o la pseudo-ciencia? La iglesia católica excomulgó a los copernicanos, el partido comunista persiguió a los mendelianos por entender que sus doctrinas eran pseudo-científicas. La demarcación entre ciencia y pseudo-ciencia no es un mero problema de filosofía de salón; tiene una importancia social y política vital (Lakatos 1989:9).

2.3 Tradición aristotélica vs. tradición galileana

Hay dos tradiciones en la historia de la filosofía que establecen profundas diferencias respecto a la concepción de la ciencia: la aristotélica y la galileana. Es la explicación teleológica o finalista versus la causal o mecanicista. La teoría de la ciencia de Aristóteles podría servirnos como una clara ilustración de esta “explicación respetable”. Aristóteles exigía explicaciones teleológicas, que permitieran aclarar “con el fin de qué” ocurrían los fenómenos, tanto de hechos referidos al crecimiento o desarrollo de los organismos vivos, como de los seres inorgánicos u objetos inanimados (Von Wright 1987).

Pero la episteme griega no tiene correspondencia con nuestra ciencia actual. Mientras aquella trata de penetrar en las cosas para explicarlas, ésta pretende sustituirlas por otras más precisas. La unión entre ciencia y filosofía, típica de Grecia, se resquebraja en el mundo moderno y contemporáneo. Con la nueva epistemología galileana, la ciencia empieza a moverse en el ámbito de lo positivo.

La explicación de Galileo significa una alternativa a Aristóteles. La naturaleza no se explica en términos de futuro, sino de pasado. La explicación teleológica aristotélica ha dado lugar a la explicación causal. Concibe a la explicación científica de un hecho, aquella que venga formulada en términos de leyes que relacionan fenómenos determinados numéricamente, es decir, matemáticamente. Tales explicaciones tomarán la forma de hipótesis causales, pero causal va a tener aquí una connotación funcional en una perspectiva mecanicista.

Finalmente la piedra de toque del valor de nuestras hipótesis causalistas vendrá determinada por el análisis experimental. Será la comparación de la hipótesis con las consecuencias deducidas mediante la observación de la realidad o experimentación la que nos dará su valor explicativo.

El positivismo, heredero de la tradición galileana, que alcanzó su máxima expresión en el cientifismo positivista del siglo XIX, resulta hoy insostenible y ha dado lugar a nuevas posturas que basadas en él, reformulan e introducen nuevos términos y caminos para llegar al conocimiento científico.

La opinión común sobre el saber científico ya no tiene vigencia en la epistemología contemporánea. Ha entrado en crisis la tesis acerca de que el conocimiento científico es fiable porque se puede demostrar objetivamente. El reduccionismo cientificista se tambalea. Conceptos como conjeturas, falsación, crítica, hipótesis, intersubjetividad, innovación, cambio… han sustituido a los viejos: verificación, certeza, objetividad, tradición, estabilidad. Nombres como los de Popper, Feyerabend, Lakatos, Kuhn, entre otros, surgen en el horizonte científico para delimitar las fronteras entre lo científico y lo no científico y para especificar en nuevos términos, lo que debe denominarse ciencia. La muerte de la filosofía, anticipada por el viejo Comte, no ha tenido lugar, porque se continúan las discusiones acerca de los límites de lo científico.

Como vemos, la filosofía no ha sido reemplazada en modo alguno por un instrumento cognoscitivo más poderoso. Ni el saber científico, ni los problemas filosóficos, ni siquiera los problemas de género, pueden ser resueltos por los métodos experimentales. De ahí la importancia, hoy, de descubrir el lugar de la filosofía junto al conjunto de la teoría de género.

2.4 Características de una epistemología

La discusión respecto a la definición de epistemología y sus alcances es vasta dentro del campo de la filosofía de la ciencia. Es común que la epistemología se confunda con la gnoseología, la teoría del conocimiento y la filosofía de la ciencia. Diversos autores retoman tal discusión y así tenemos que para Bunge, epistemología y filosofía de la ciencia son sinónimos y tienen como origen el siglo XIX, cuando la filosofía de la ciencia se desprende del árbol de la filosofía en general y determina su objeto de estudio propio, que es la investigación científica y su producto, el conocimiento científico (Bunge 1980:21), teniendo como cualidad central, la de explicar “el cómo se conoce” y profundizar temas directamente relacionados, tales como la verdad, la objetividad y los métodos para alcanzarla (Arnold 2003).

De acuerdo con Bunge (1980:28-29), la epistemología, entendida como un discurso acerca del saber científico, es eficaz si es capaz de satisfacer cinco condiciones:

1) Si concierne a la ciencia propiamente dicha.

2) Si se ocupa de los problemas filosóficos que se presentan de hecho en el curso de una investigación científica.

3) Si propone soluciones claras a tales problemas.

4) Si es capaz de distinguir entre ciencia auténtica y pseudociencia.

5) Si tiene fuerza para criticar programas y sugerir nuevos resultados.

Así, para Bunge, la epistemología debe estar referida en principio, a los problemas filosóficos que surgen en torno a la ciencia, para lo cual debe establecer claramente los parámetros de diferenciación entre la ciencia y la pseudociencia. Una vez que se establece tal principio de demarcación, la epistemología debe identificar cuáles son los problemas filosóficos que están presentes en el curso de la investigación y cómo pueden solucionarse.

El tipo de problemas que puede abarcar y resolver una epistemología pertenecen a cualquiera de las siguientes ramas (Bunge 1980:31): lógica de la ciencia, semántica de la ciencia, teoría del conocimiento científico, metodología de la ciencia, ontología de la ciencia, axiología de la ciencia, ética de la ciencia y estética de la ciencia. Más recientemente, la epistemología ha involucrado a disciplinas tales como la antropología cultural, la sociología del conocimiento, la neurofisiología, la filosofía analítica y la psicología cognitiva (Arnold 2003).

2.5 Las epistemologías feministas

Las teóricas que dentro del feminismo han usado el término epistemologías feministas, lo han hecho para referirse a una “forma de conocimiento femenino”, “experiencias femeninas” o simplemente “conocimientos femeninos”, todos los cuales son ajenos a los filósofos tradicionales y la epistemología “propia” (Alcoff y Potter 1993). A continuación se describen los cinco enfoques o “críticas feministas de la ciencia” (Harding 1996).

Enfoque psicodinámico. Intenta explorar las consecuencias de que la ciencia haya sido llevada a cabo mayoritariamente por hombres. Basándose en estudios sobre las diferencias en razonamiento o moralidad entre hombres y mujeres (Belenky 1986; Gilligan 1982), y la teoría psicoanalítica de las relaciones objetales (Chodorow 1978) autoras como Evelyn Fox Keller (1985), defienden que las diferencias entre hombres y mujeres son consecuencia de los distintos procesos de aprendizaje emocional a los que son sometidos en la niñez.

Mientras los niños aprenden a dominar, las niñas aprenden a integrar. Dado que la investigación científica habitual la realizan esos niños hechos hombres, su producto es una ciencia sometida a una objetividad estática cuyo fin es el control de la naturaleza. Por el contrario, una ciencia practicada por aquellas niñas hechas mujeres descansaría sobre una noción dinámica de la objetividad y proporcionaría una imagen más compleja e interactiva del mundo, en definitiva, más adecuada.

El tipo de investigación científica llevada a cabo por Barbara McClintock ejemplificaría esta habilidad para la conexión íntima con el mundo propia de la objetividad dinámica. La principal crítica recibida por este tipo de enfoques es su riesgo de caer en el esencialismo, esto es, de suponer la existencia de una naturaleza fija e inmutable distinta y diferenciada para hombres y mujeres.

Teoría feminista del punto de vista (feminist standpoint theory). Su proponente más conocida es Sandra Harding (1986, 1991), aunque ha sido desarrollado por otras autoras, sobre todo en el ámbito de las ciencias sociales (antropología y sociología), como Nancy Hartsock (1983), Hilary Rose (1983) y Dorothy Smith (1974). De origen marxista, la teoría feminista del punto de vista parte del reconocimiento del carácter socialmente situado de las creencias. La situación de las mujeres les otorga el privilegio epistemológico en un mundo dominado por los hombres, un privilegio derivado de que desde su posición marginal, las mujeres pueden ver lo que a los hombres se les escapa desde sus posiciones de poder.

La “objetividad fuerte” proporcionada por el punto de vista feminista se opone a la noción tradicional de “objetividad”, irremediablemente débil por la parcialidad inconsciente de su perspectiva. El problema planteado por este tipo de posturas epistemológicas es la pregunta por cuál sería el punto de vista privilegiado, dado que existen muchas formas de opresión (clase, raza, sexo…) y muchos tipos de experiencias femeninas a menudo incomparables e incompatibles. Como en los enfoques psicodinámicos existe la dificultad de justificar que unas posiciones son mejores que otras y el peligro del esencialismo. La cuna epistémica está en las propuestas de Marx, Engels y Lukacs.

Empirismos feministas contextuales. La defensa de una epistemología feminista por autoras como Helen Longino (1990, 1993) o Lynn Hankinson Nelson (1990, 1993, 1995), que se definen a sí mismas como empiristas (entendiendo el empirismo de una forma muy básica: lo que nuestros sentidos nos ofrecen es la base más fiable que tenemos para el conocimiento), tiene una especial peculiaridad. Estas autoras consideran que la principal limitación de los enfoques mencionados hasta el momento reside en que se asume que el sujeto del conocimiento es el individuo. Mientras que la estrategia general de aquellos era la de “cambiar el sujeto”, lo que hacen los enfoques que consideramos bajo este apartado es “multiplicar los sujetos” (Longino 1993).

El movimiento mediante el cual estas autoras socializan la epistemología haciendo que el sujeto de la epistemología sea, no el individuo, sino la comunidad, evita algunos de los problemas a los que se enfrentan otras epistemologías feministas. Al asumir que las mujeres constituyen un grupo epistemológicamente privilegiado, por su posición marginal o su peculiar desarrollo emocional, las propuestas citadas anteriormente estaban recurriendo a una petitio principii tan injustificado como aquel en el que se basa la epistemología tradicional (el sujeto incondicionado del cogito cartesiano), implicando al mismo tiempo, lo mismo que aquélla, que la naturaleza posee una determinada estructura cognoscible por un único camino o con un único método.

Por el contrario, las defensoras de una epistemología social, asumiendo como presupuesto epistemológico básico que la adquisición de conocimiento es una tarea esencialmente social, evitan asumir que haya algún tipo de sujeto que ocupe una posición que le permita un mejor acceso a alguna verdad dada de antemano. Tampoco esta postura está exenta de problemas, como los planteados por la necesidad de unas nociones más rigurosas de comunidad y de consenso.

Epistemologías posmodernas. Basadas en el postestructuralismo, las teorías de la construcción social y el deconstruccionismo de los años 80, suponen que hacer ciencia es “narrar historias” y que la ciencia es una empresa de negociación entre intereses más bien que de descubrimiento de verdades. La discusión central ha sido la de ¿en qué medida el desarrollo tecnológico contribuye a la liberación o a la opresión de las mujeres?, polarizándose las posiciones entre el “tecno-optimismo” que defiende la neutralidad de la tecnología y el “tecno-pesimismo” de algunas autoras que defienden el carácter inherentemente patriarcal de la tecnología occidental.

El posmodernismo feminista se enfrenta a multitud de contradicciones derivadas de las tensiones entre el relativismo que parece implicar y el compromiso político feminista, que parecería requerir más bien un realismo social crítico. Donna Haraway (1989, 1991) es una de las autoras en las que se ve de un modo más descarnado esa lucha interna entre la construcción y el compromiso con determinadas “verdades” irrenunciables, entre documentar la contingencia social del conocimiento científico y comprometerse profundamente con la comprensión del mundo.

3. Un Programa de Investigación para Construir una Teoría Científica de Género

Los enfoques aquí presentados que se han denominado epistemologías feministas, presentan, como pudo verse, posturas político-ideológicas que manifiestan la constante de descubrir la relevancia del sujeto cognoscente en la generación de conocimiento, reconociendo la posición marginal desde la que las mujeres participan en el mundo y en particular en la producción científica, así como la primacía y urgencia de multiplicar las miradas femeninas y feministas para observar la realidad, lo cual favorecerá una comprensión del mundo más cercana a la verdad.

Aunque tales enfoques se basan en diversas cunas epistémicas tradicionales como el positivismo, materialismo y la hermenéutica, les hacen falta desarrollar algunos elementos para que puedan convertirse en filosofías de la cienciaepistemologías desde las cuales puedan abordarse problemas de investigación con un método propio que permitan la creación de una teoría científica de género.

La propia Sandra Harding en su trabajo sobre Ciencia y Feminismo (1995), al referirse a las tendencias en la producción feminista en torno a la ciencia, reconoce que existen conflictos y tensiones entre ellas, conceptos inadecuados que informan sus análisis, obstáculos desapercibidos y lagunas inconscientes en sus programas de investigación.

Reconocemos el valor intrínseco de las posturas feministas que han enriquecido con sus análisis la reflexión en torno a la producción científica, sin embargo, nos atrevemos a decir que para que exista una investigación en género que permita la creación de un cuerpo teórico propio que contenga los elementos que toda teoría científica debe tener tales como axiomas, principios, postulados, categorías, etc. que articulen congruentemente una interpretación o explicación de la realidad, es necesario que las y los estudiosos en género desarrollen las bases de lo que sería un programa de investigación en género, el cual incluiría una filosofía de género, una teoría de género, un método propio y las técnicas que permitirían operativizar ese método.

Para lograr dicho objetivo, haremos primero una descripción de las características de una teoría científica de acuerdo a Einstein y Popper, para luego pasar a la propuesta de la forma en que podría desarrollarse dichoprograma de investigación en género, basándonos en las propuestas de epistemológos como Lakatos, Kuhn y Feyerabend.

3.1 Propuesta de estructura de una Filosofía de Género

La filosofía, como la ciencia, es un saber. Heidegger (1976) sostiene que saber significa estar en posesión de la verdad, y la verdad es la manifestación del ser. Existe un círculo hermenéutico, o comprensivo, que comprende el saber, a la verdad y al ser. La verdad no es un producto o un resultado, sino un proceso, una acción, la acción de desocultar. Aquello que yace oculto es el ser. Saber, entonces, es alcanzar el ser, desvelarlo. Condiciones primeras:

a) Que sus categorías sirvan para explicar las distintas teorías científicas a las que fundamentan, aunque sus propias reglas no se atengan a las mismas que rigen las teorías científicas (un sistema metafísico no puede regularse según las leyes que pretende fundamentar, puesto que de no ser así no podría explicar su objeto referencial).

b) Que permita organizar un conjunto teórico coherente consigo mismo y con los axiomas con los que parte.

c) Que oriente la peripecia del existir humano. En el caso de la filosofía (metafísica) de género se tratará, en suma, de comprender, en sus tres vertientes -analítica, sintética y crítica- el fenómeno del género.

La filosofía se pregunta cuál es la esencia de toda teoría y cuales son las condiciones de posibilidad, y la teoría científica construye, con el objetivo de resolver con eficacia los problemas. La filosofía es primera.

3.2 Características de una teoría científica

La cuestión acerca de las características esenciales de una teoría científica es de suma importancia en la epistemología actual. Lo que hoy se conoce como criterio de demarcaciónno es otra cosa que el hecho de establecer la distinción entre los distintos modos de conocimiento a los que nos referimos en los apartados anteriores. En una carta fechada el día 7 de mayo de 1952, Albert Einstein se dirigía a su amigo Maurice Solovine en un intento de mostrar lo que a su juicio, constituye la estructura de las teorías científicas. Según Einstein una teoría se construye en cuatro fases, como se advierte en la figura 1:
Figura 1. La estructura de una teoría según Einstein. Fuente: Einstein, Albert, publicado por Melich (1994)

1) Se nos ofrecen una multiplicidad de experiencias sensibles.

2) A son los axiomas de los que derivamos consecuencias. Psicológicamente, A se apoya en E (Experiencias sensibles), pero no hay un impulso lógico de E a A, sino solamente un impulso intuitivo (o psicológico).

3) De A deducimos lógicamente una serie de proposiciones (S -Satze-) que puede exigir ser exactas (aunque, de hecho, no los son).

4) S se relaciona con E (a través de la comprobación empírica). Este proceso también pertenece a la esfera extralógica (intuitiva, porque las conexiones entre los conceptos que aparecen en S y las experiencias inmediatas (E) no son de naturaleza lógica. Pero esta relación entre S y E es (pragmáticamente) mucho menos incierta que la relación de A con E. Si tal correspondencia no puede considerarse de modo cierto el mecanismo lógico no tendría ningún valor para la comprensión de la realidad.

Resulta por demás asombroso comprobar que anteriormente a la filosofía de la ciencia postpopperiana, encontramos en Einstein una formulación acerca de la naturaleza de las teorías próxima a la que nos interesa para poder construir una filosofía de género.

Las teorías científicas son constructos a priori, y los hechos pueden ser utilizados para contrastarlas, para reformularlas, pero siempre de modo vago y confuso. Popper (1935, citado por Melich, 1994) advierte en la Logik der Forschung que sólo puede hablarse de objetividad de los enunciados científicos en el sentido de una contrastación intersubjetiva. La verdad, de existir, se aprehende intersubjetivamente. De ahí que consideremos la intersubjetividad como un rasgo fundamental, entre otros, del conocimiento y del método científico.

La teoría siempre es anterior a la realidad, y, por lo mismo nunca es verificable empíricamente. Popper reafirma:

Creo que las teorías son anteriores tanto a las observaciones como a los experimentos, en el sentido de que estos dos sólo tienen valor en relación con problemas teóricos(Popper 1987:111).

Popper denuncia como actitud dogmática la obsesión por la verificación que propone el neopositivismo. Frente a ello, nos sugiere la actitud crítica: Falsabilidad. El científico no deberá obsesionarse en confirmar, verificar y demostrar sus teorías, sino justamente todo lo contrario, se trata de que las someta a una constante evaluación y revisión. Lo que distingue un enunciado científico, de uno que no lo es, es su capacidad de ser susceptible de falsación (esto se puede entender como un postulado: el criterio científico para establecer el estatus científico de una teoría es su refutabilidad o su testabilidad).

La falsación popperiana, prototípica de la epistemología contemporánea, no se limita a ser un nuevo criterio de demarcación, sino que además supone una nueva concepción de la tarea de la ciencia y del científico. La ciencia no es, desde ahora, una acumulación de conocimientos, sino una constante progresión generadora de problemas. Veamos el ejemplo de Popper, ilustrado en la figura 2, respecto al problema de cómo se aumenta el conocimiento, mediante el esquema tetrádico, excesivamente simplificado, del método de ensayo y supresión del error:

Figura 2. Esquema tetrádico del método de ensayo y supresión del error. Fuente: Popper, K. (1994)

P1 => TT => EE => P2

Donde:

P1 significa el problema del que partimos. Se puede tratar de un problema teórico o práctico.

TT es una teoría provisional que ofrecemos con objeto de resolver dicho problema.

EE significa un proceso de eliminación de errores por medio de pruebas críticas o de la discusión crítica.

P2 significa los problemas que emergen de la discusión y de las pruebas.

El esquema completo indica que partimos de un problema, bien de un problema práctico o un problema teórico. Intentamos resolverlo elaborando una teoría provisional como solución provisional: éste es nuestro ensayo. Contrastamos entonces nuestra teoría e intentamos falsarla: éste es el método crítico de eliminación de error. Como resultado de todo esto surge un nuevo problema P2 (o tal vez varios problemas nuevos). En suma, nuestro conocimiento parte de problemas y concluye con problemas (si es que acaba alguna vez).

Las teorías científicas tales como la Teoría de los Sistemas Sociales de Luhmann, satisfacen estas condiciones dado que explicitan de manera clara las condiciones epistémicas, axiológicas, ontológicas, metodológicas y filosóficas de un cuerpo teórico completo.

Según Popper las dos categorías básicas que deberán inteligir el avance y desarrollo del saber científico son conjeturas y refutaciones, esto es: ensayo mediante hipótesis / error probado por experimento. Una buena teoría científica debe tener un alto grado de especulación, debe conjeturar al máximo, para que se dé el progreso científico. Así, a mayor riesgo especulativo, mayor grado de cientificidad, precisamente porque aumenta la capacidad de falsación.

La actitud científica se deriva de la capacidad que el científico tiene de especificar por adelantado bajo qué condiciones estaría dispuesto a abandonar su teoría, sus supuestos más básicos. Ulises Moulines advierte que lo que distingue esencialmente la actividad científica de la precientífica es que la primera tiende a producir estructuras conceptuales de forma nítida y multívoca al mismo tiempo. Respecto a la nitidez, Moulines señala que no significa otra cosa que la claridad en los límites de su aplicabilidad. La teoría de género, no cumple este requisito. Esta es la razón por la que nos atrevemos a calificarla como pseudociencia. Lakatos dice:

La honestidad intelectual no consiste en intentar atrincherar o establecer la posición propia probándola (o haciéndola probable); más bien la honestidad intelectual consiste en especificar con precisión las condiciones en que estaríamos dispuestos a abandonar nuestra posición. Los marxistas y freudianos comprometidos rehúsan especificar tales condiciones: tal es la señal de su deshonestidad intelectual (Lakatos 1989:18).

La teoría de género ni siquiera se levanta bajo este criterio. Ni Harding, ni Longino, ni Haraway han puesto de manifiesto su falsador potencial. Desde la perspectiva de Popper, en consecuencia, lo que determina el grado de cientificidad de una teoría no es su grado de verificación o de subjetividad, sino de las condiciones a través de las cuales se ha conseguido formular y limitar. La ciencia no es menos ciencia por poner fronteras a su conocimiento, sino todo lo contrario.

La denominada nueva filosofía de la ciencia de Kuhn se centra en el descubrimiento del punto de vista histórico de las teorías científicas. Éstas no pueden inteligirse fuera de su evolución histórica. Kuhn distingue los períodos de ciencia normal de los que no lo son. La ciencia normal es la investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pretéritas que la comunidad científica reconoce como fundamento de su actividad práctica. Un período de la ciencia normal se organiza en torno a un paradigma. Probablemente es la categoría más importante de la obra Kuhniana, aunque el propio autor se ha encargado ya de modificarla y denominarla ahora matriz disciplinar. El paradigma ha contribuido notablemente a eliminar o, al menos, diluir la tajante diferencia entre éstas y las ciencias empírico-naturales.

Lakatos dice:

Para Popper, el cambio científico es racional o al menos reconstruible racionalmente y pertenece al dominio de la Lógica de la Investigación. Para Kuhn, el cambio científico de un paradigma a otro es una conversión mística que no está ni puede estar gobernada por reglas racionales y que cae enteramente en el terreno de la psicología (social) de la investigación. El cambio científico es una clase de cambio religioso (Lakatos 1989:19).

La aproximación entre ciencias empírico-naturales y ciencias humanas queda desde ahora establecida.

Lakatos surge como el crítico más importante al relativismo de Kuhn. Para Lakatos los paradigmas kuhnianos acaban siendo monopolios del saber científico en un momento determinado de la historia:

Sería equivocado suponer que se debe ser fiel a un programa de investigación hasta que éste ha agotado todo su poder heurístico… Nunca se debe permitir que un programa de investigación se convierta en un monopolio… Desgraciadamente esta es la postura que defiende Kuhn: realmente lo que el llama ciencia normal no es sino un programa de investigación que ha obtenido monopolio (Lakatos 1989:92).

Para Lakatos, es la capacidad heurística de un programa lo que puede determinar su cese:

Según mi metodología los más grandes descubrimientos científicos son programas de investigación que pueden evaluarse en términos de problemáticas progresivas y estancadas; las revoluciones científicas consisten en que un programa de investigación reemplaza a otro (superándolo de modo progresivo) (Lakatos 1974: 25).

3.3 Qué son los programas de investigación

Lakatos en su libro La metodología de los programas de investigación científica menciona los elementos esenciales dentro de un programa de investigación:

a) Un núcleo firme, constituido a priori, aceptado por convención y provisionalmente irrefutable, del cual se deriva una heurística negativa.

b) Una heurística positiva que tiene la labor de definir los problemas, sugerir los posibles cambios y refutaciones del programa. En otros términos, la fuente del progreso y de dilemas (Lakatos 1989:192).

Esta dialéctica positiva y negativa, represiva y revolucionaria a la vez es típica de los programas de investigación. Y la teoría de género no lo tiene porque ni siquiera tiene un programa de investigación. Es necesario para poder integrar elementos como la metafísica a la teoría científica, porque de ahí emana la posibilidad de evolucionar de la posible ciencia de género.

Respecto al progreso del conocimiento científico, el epistemólogo húngaro también se separa de Karl Popper. Mientras que para éste trabajar en un sistema inconsistente resulta irracional, Lakatos opina que algunos de los más importantes programas de investigación progresaron en un océano de anomalías. Resulta posible además en contra de Kuhn, trabajar con programas rivales durante cierto período de tiempo. Al respecto dice Lakatos:

La rivalidad de dos programas de investigación es, por supuesto, un proceso dilatado durante el que resulta racional trabajar en cualquiera de ellos (o en ambos si ello es posible) (Lakatos 1989:147).

Téngase en cuenta que tal aserto es decisivo para nuestro propósito -como mostraremos más adelante- de acercar la estructura y dinámica de los programas de investigación lakatosianos, a la posible construcción de una filosofía de género.

Es obvio entonces que desde la perspectiva de Lakatos no existen experimentos cruciales que destruyan automática e instantáneamente programas de investigación. Lakatos no precisa en qué momento un programa nuevo se encuentra en condiciones de superar a su rival, precisamente porque este momento no existe y dice al respecto:

Según mi metodología, los grandes logros científicos son programas de investigación que pueden ser evaluados en términos de transformaciones progresivas y regresivas de un problema; las revoluciones científicas consisten en que un programa de investigación reemplaza (supera progresivamente) a otro (Lakatos 1989:144).

Lakatos es, en resumen, el teórico de la ciencia que a nuestro juicio abre campo de posibilidad más amplio en teoría y filosofía de género.

Que tenemos hasta este momento:

a) Sólo la coherencia interna de una teoría científica puede servir como punto de partida de una investigación.

b) Las teorías científicas incorporan elementos metafísicos, por lo que la metafísica no es un elemento extraño al conocimiento científico, sino un ingrediente de éste.

c) El enfrentamiento entre teorías científicas no debe de ir en contra del progreso científico, sino que constituye su elemento esencial. La aparición de enigmas favorece el desarrollo de las teorías científicas en lugar de entorpecerlo. Los períodos de ciencia normal son épocas de disputas entre programas distintos, no de triunfos de unos sobre otros.

d) La tarea básica de una teoría científica consiste en describir, explicar, comprender, predecir, sugerir… (aunque, naturalmente, no es necesario que realice todo esto). En el caso de la teoría tecnológica, su función es la normatividad. No es así en la teoría hermenéutica-fenomenológica.

e) Una teoría científica debe ser un modelo en constante revisión, una fuente de preguntas mucho más que un oasis de respuestas. Una teoría debe presentarse como un modelo de perfección que es capaz de darles respuesta de una vez por todas.

3.4 La cuestión del método de la teoría de género. Sus características

El objeto de estudio de la teoría de género no es otra cosa que la realidad humana en tanto que homo-social-cultural. Todo saber necesita de un camino (método) para alcanzar sus propósitos. Existen como mínimo tres condiciones básicas que debe cumplir todo método (filosófico o científico):

a) Que sea enunciable en todas sus partes y fases de forma clara y distinta.

b) Que sea reproducible intersubjetivamente; es decir, que pueda ser aplicado por distintos investigadores.

c) Que se formulen las condiciones bajo las que debe ser abandonado; esto es, sus límites.

La teoría de género debe recurrir a métodos genuinamente filosóficos para procurar alcanzar las bases biológicas, ontológicas, teleológicas, epistemológicas, antropológicas y axiológicas sobre las que se oriente su discurso de género.

Veamos un ejemplo: el método fenomenológico.
Figura 3. Las fases del método fenomenológico. Fuente: (Danner, 1979, citado por Melich, 1994:59)

Detallemos la arquitectura o andamiaje científico del método fenomenológico según Danner (1979) como ejemplo de la posibilidad de realizar o construir uno para la filosofía de género.

1) Paso del mundo teórico (el de las teorías científicas y filosóficas sobre género), al mundo de la vida, al mundo de la actitud natural, al ámbito de las prácticas de género que tienen lugar en la vida cotidiana. Tal avance es metodológico, en modo alguno ontológico u ontogenético, dado que el mundo de la vida es siempre anterior al mundo teórico.

2) Reducción de la actitud natural a la propiamente fenomenológica. Es necesario prescindir de todo tiempo y de todo espacio en el que se circunscribe el fenómeno de género estudiado.

3) Poner entre paréntesis, todo elemento práctico, pragmático, útil, de nuestro fenómeno.

4) Variar imaginativamente el ejemplo escogido hasta alcanzar la conciencia de imposibilidad, aquello sin lo que la teoría de género ya no sería tal. Se obtiene de tal suerte, la estructura permanente. Es indiferente para la técnica de la variación libre partir de un existente real o ficticio. Esto es, no importa que se haya comenzado a utilizar el método de la variación libre con un fenómeno dado con la experiencia actual.

5) Prescindir, en lo posible, de todo elemento psicobiológico y sociocultural que afecte al sujeto investigador: herencia, lenguaje, cultura entorno geográfico y social…

Veamos otra posición para enumerar el método fenomenológico según Spiegelberg (1982):

1) Investigación de los fenómenos particulares a través de: a) intuición, b) análisis fenomenológico de lo dado intuitivamente, c) descripción de los fenómenos.

2) Investigación de las esencias. (Se pasa del fenómeno particular a la esencia a partir de las variaciones imaginativas y la intuición esencial, nunca a través de la inducción).

3) Clasificación de las relaciones esenciales. La esencia no puede ser un elemento simple sino complejo, en otros términos, una estructura. De ser así, se trata de establecer la relación entre los distintos elementos que configuran la estructura esencial del fenómeno.

4) La observación y relación acerca de los modos de los fenómenos.

5) Observación y reflexión acerca de la constitución subjetiva de los fenómenos en la conciencia.

6) Practicar la Epokhé (Reducir la mirada del investigador al flujo de conciencia y a sus contenidos), es decir, la puesta entre paréntesis de las cuestiones existenciales de los fenómenos.

7) La interpretación de significados de los fenómenos. Esta podría ser a través de una teoría fenomenológica de género.

Conclusiones

A partir de que se inició la investigación feminista en género, se han desarrollado numerosos textos que desde diversas disciplinas han descubierto problemas y denunciado las inequidades y discriminación que sufren las mujeres en todo el mundo. Tales estudios, parten de diversos campos disciplinares que van desde la antropología, la historia, la biología, la sociología, la psicología, etc. De acuerdo con el grado de generalidad y abstracción con que se aborde el problema de los géneros, y en tanto el análisis no parta únicamente de investigaciones empíricas, a este tipo de documentos se les denomina teoría de género.

Así, si nosotros buscamos libros que hablen de teoría de género, lo que podemos encontrar son textos que discuten sobre los orígenes y características de algunas denominadas “categorías” importantes para los estudios de género tales como la misma “categoría de género”, el “empoderamiento” el “techo de cristal”, la “inequidad de género”, la “violencia simbólica” y algunos otros términos que en mayor o menor medida nacen con la discusión feminista y se han hecho parte de los discursos teóricos que abordan las cuestiones del género.

Otras de las temáticas que podemos encontrar cuando tratamos de encontrar la teoría de género son documentos que relatan la historia del movimiento feminista en general o la inclusión de las mujeres en diversos campos del saber, por ejemplo, dentro del ámbito científico y educativo. Las denominadas epistemologías feministas, forman parte también de la discusión teórica en torno al género, abordando cuestiones relacionadas con la postura de las mujeres respecto al problema de la ciencia y el género, así como la inclusión del género como elemento importante y decisivo en torno a los procesos sociales que se encuentran inmersos en el proceso del conocer, en donde se discute y realza el papel privilegiado de las mujeres como sujetos cognoscentes, así como la relevancia de que se multipliquen la participación femenina en los ámbitos científicos para lograr tener unamejor ciencia.

Reconocemos y valoramos los esfuerzos que durante siglos han hecho las mujeres y últimamente algunos hombres, para denunciar las condiciones inequitativas de su participación en el mundo y los diversos problemas y perjuicios que esta situación conlleva para ambos géneros. Sin embargo, consideramos que es momento de que todos estos esfuerzos que inherentemente contienen una denuncia social y política en aras de la reivindicación de los derechos de hombres y mujeres a condiciones sociales, económicas y políticas distintas y equitativas, conlleven a la creación de un corpus teórico que articule congruentemente categorías, axiomas, postulados y principios propios de la que entonces si, deberá llamarse teoría de género, la cual deberá apegarse a las condiciones de creación de teoría a las que nos referimos en este documento, como es el caso de la propuesta de Einstein y Popper.

Nuestra propuesta más ambiciosa es la de desarrollar un programa de investigación en género, que retomando los fundamentos que nos ofrece Lakatos, deberá incluir una epistemología de género, que debe tener las características enunciadas por Bunge y otros epistemólogos, que como vimos, no han sido satisfechas del todo por lo que conocemos como “epistemologías feministas”. Con esta base epistémica, se posibilita la creación de los cimientos para desarrollar las teorías científicas de género con sus métodos y técnicas propios.

Sabemos que esta propuesta requiere de un trabajo teórico abismal, sin embargo, estamos seguros que es necesario llevarlo a cabo para lograr la consolidación de los valiosos aportes que desde diversas disciplinas se han hecho en torno a la investigación en género y posibilitará la creación de una teoría efectiva, congruente e integrada desde la cual se observará el género como parte de un todo complejo y tal vez, y ojalá que así sea, se encontrará el origen biológico-social de las asignaciones genéricas con posibilidades de transformación.

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Nota

Agradecemos al Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Tabasco por el apoyo brindado para asistir al Sixth International Conference on Social Science Methodology en Ámsterdam, Holanda.

1 comentario »

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