Estudios de la mujer Blog de Anarella Vélez

08/08/2012

Honduras: mujeres en su historia. Siglos XIX, XX y XXI

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XI Congreso Centroamericano de Historia

6 al 10 de agosto de 2012, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

Ponencia:
Honduras: mujeres en su historia. Siglos XIX, XX y XXI
(Josefa Lastiri, Clementina Suárez y Mayra Oyuela)

Autora: Anarella Vélez

Licenciada en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras
Estudios de Doctorado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona

Labora en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

Dirección:
Universidad Nacional Autónoma de Honduras
Edificio A1, 2do Nivel
Tegucigalpa, MDC., Honduras CA

Temas de especialización: Género

Móvil 99050615 Pin bb 299EED7B
Fax:
Correo electrónico: gavounah@gmail.com
historiadehonduras.hh.101@gmail.com

Resumen

Esta ponencia forma parte de un proyecto más amplio que construir la historia de las mujeres. Mediante la documentación de las condiciones sociales que marcaron sus vidas y definieron el carácter de su contribución a la identidad y la cultura hondureñas. Se abordarán algunos hitos personales a fin de reseñar las acciones de las mujeres que, aún siendo relevantes, se han mantenido ocultas por las historiografía patriarcal. Se contextualizarán en los siglos XIX al XXI, y se ubicarán sus nombres y una breve biografía para comprender el modo en que ellas fueron creando sus propios espacios como agentes históricos de cambio. Se trata de estudiar a las mujeres captadas en su devenir temporal.

Abstract
This paper aims to present some approaches to construct women’s history, through documentation of the social conditions which marked their lives and shaped their contribution to honduran identity and culture. Some individual milestones will be reviewed, in order to outline the deeds of those women who, in spite of their relevance, were marginalized by patriarchal historiography. These will be framed from the 19th through to the 21st century, emplacing their names and a brief biography so as to understand the manner in which they created their own spaces as historic agents of change. In brief, the goal is to study women as they were, given their temporal fate.

Palabras Claves:
Patriarcado, colonia, mujeres, cultura, identidad, , clase, etnia.

Texto Integral

Este estudio está dividido en tres partes. La primera presenta una descripción más que un análisis de la época y sus cambios, se trata más bien de un marco contextual y teórico. La segunda presenta el tema y el problema central, dando una idea del drama humano que vivieron dos mujeres Josefa Lastiri: se centrará en las postrimerías del orden colonial e inicios de la República, 1792 – 1846, que son los años de nacimiento y muerte de Josefa Lastiri, respectivamente y Clementina Suárez, poeta, (1902-1993), . Y los problemas que enfrenta una escritora en el siglo XXI se explora con la vida de la poeta Mayra Oyuela. La tercera parte es una reflexión sobre los hallazgos de la investigación.

Se trata del estudio de la historia de las relaciones de poder y las dinámicas de las relaciones entre hombres y mujeres que moldearon la cultura de las mujeres de todas las clases sociales (Waters, 1977, pp. 26) y de todas las etnias, vinculadas, o no, a la administración colonial. Ello debe enmarcarse en una visión de la historia única y dinámica (Tuñón de Lara, 1979, pp 3) .

La interrelación y el paralelismo profundo que ha caracterizado el lenguaje, legítimo o no, de la cultura marcada por las especificidades de género se reflejan en las esferas de lo doméstico y lo familiar. Asimismo, se enmarcan en el conjunto orgánico de correlaciones (Febvre, 1965, pp 20) y de coherencia a la vez económica, social y política, por tanto, es en ese escenario integral que deben observarse sus peculiaridades (Quijada y Bustamante, 2001, 649) .

El planteamiento patriarcal de la sociedad ha puesto a la mujer en un lugar secundario en campos tan variados como la creación literaria y artística, el pensamiento filosófico, las ciencias o la actividad económica y política, desde Eva hasta la reina de Java, desde Brunequilda, la princesa visigoda del siglo VI que llegó a ser reina de Austrasia, hasta Juana de Arco; desde Cristina de Pisan hasta Colette, mujeres que han alcanzado en el transcurso de los siglos las cumbres de la celebridad. Sin embargo, aun conociendo poco de sus acciones (Besandon, 1980, pp 7) , podemos observar, que cuando ellas tienen condiciones para actuar o producir, lo han logrado.
“En un mundo hecho a la imagen de los hombres, la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos” (Paz, 1950, 325) . Las mujeres fueron relegadas, en general, a la función reproductiva, se introdujo en ella una división del trabajo entre los sexos por la cual la mujer fue relegada a la esfera doméstica, e integrada al proceso de explotación de una sociedad que sobrevive gracias a la desigualdad imperante en la sociedad patriarcal, machista (Gutmann, 98, pp8 ): desigualdad de clases, desigualdad de género, desigualdad de etnias, etc.

Se trata, pues, de contribuir a reescribir la Historia de las mujeres con ojos feministas y preguntarnos ¿cuál ha sido su lugar en la familia como unidad económica?, ¿cuándo se casó?, ¿cuántos hijos tuvo? (Wolf, 2008, ). Este ha sido un principio estructural de todas las sociedades desiguales y clasistas, aparece íntimamente vinculada al poder sobre los medios económicos o productivos de la misma.

Gracias al movimiento feminista y sus teóricas, hoy sabemos que con el paso de los siglos se ha ido desarrollando una poderosa ideología que aún hoy determina la imagen y las funciones de la mujer en la sociedad. La familia tradicional de occidente es el resultado de un largo y complejo proceso y su estructura debe analizarse dentro de la lógica de su función dentro de la sociedad capitalista (Waters, 1977: 68).

Con esta concepción de la Historia, con visión de género, se explica el sistema jurídico y las leyes como parte del mecanismo que hace funcionar el sistema capitalista, con el que se sostiene una sociedad en la que existen relaciones entre explotadores y explotadas/os, las cuales se proyectan en las relaciones entre hombres y mujeres en la forma de opresor-oprimida, agresores-agredidas, excluyente-excluida.

Es importante señalar que en la sociedad moderna (Siglos XVIII-XIX y XX) se dan formas específicas de opresión y de violencia en razón de la función social de cada uno de sus miembros. Cabe remarcar que la violencia ha sido siempre el resultado de las relaciones de poder desiguales. Hoy en día se entiende que éste incluye el descuido y todos los tipos de maltrato físico, sexual, psíquico o económico, con lo que se incluye una amplia gama de consecuencias, entre ellas el daño psíquico, las privaciones y las deficiencias del desarrollo y por tanto la anulación de las personalidades.
Durante el período colonial se consolidó el patriarcado en la sociedad estratificada en estamentos y clases: blanca, mestiza, las comunidades aborígenes y la etnia negra esclavizada, de mineros (Martínez Peláez, 1979: 640) . Se impuso la cultura según la cual las funciones de la mujer eran naturales, una ideología que se implantó para ejercer la opresión propia de la sociedad capitalista de entonces.
La subordinación y la violencia contra las mujeres se convirtió en una necesidad para el buen funcionamiento del sistema colonial, tanto en lo concerniente a la reproducción de la fuerza de trabajo para la reposición diaria de la misma como para mantener el orden establecido en general.
Si bien las mujeres blancas desempeñaban trabajos diferentes al que realizaban las mujeres indígenas, negras y mestizas, estas se dedicaban a la reproducción de los hijos para consolidar el sistema de dominación y también sufrían el peso del orden patriarcal que determinó la institucionalización de la familia monógama patriarcal que reafirmó la propiedad privada y la división del trabajo por sexo. Así nació la subcultura femenina de adaptación y subordinación que reforzó el régimen patriarcal.
El matrimonio monógamo durante la Colonia fue una institución sólo generalizada a nivel de la clase dominante española y criolla, ya que las pobladoras autóctonas y las negras esclavizadas mantuvieron sus prácticas ancestrales. Las españolas peninsulares y criollas, en general, no podían escoger su pareja y el matrimonio era un pacto económico que servía para garantizar descendencia y continuidad al patriarcado.
Las mujeres blancas contraían matrimonio pactado por los padres de los novios, por conveniencia económica, se fijaba una dote para la hija a fin de avalar la empresa matrimonial y se impone el criterio de que el hombre es el dador de vida y la mujer un receptáculo en el que se deposita el esperma, único elemento para originar la vida. Las mujeres blancas aceptaron también lo familiar debía resolverse en el ámbito privado. Las mujeres no podían oponerse a estas decisiones.
Este conjunto de razonamientos deben aportarnos una imagen de la vida de género en Honduras, escenario en el que se dan contradicciones culturales que han sentado las bases para comprender la autoridad y el poder, más allá del nivel familiar, doméstico.
Los hallazgos formulados podrían tener cierto valor paradigmático en el contexto de la historia hondureña para el estudio histórico del género y de la política.
No está de más remarcar que he privilegiado una reinterpretación de la historia y la sociedad desde la óptica de las mujeres y con una visión de género, aún teniendo en consideración los problemas derivados de la investigación histórica de género.
Esta investigación se propone focalizar a las mujeres como objeto de estudio, su estatus, su condición social y económico-político, y su representación simbólica en el ámbito social (Lisón Tolosana, 2007: 104) con las ventajas que implica los avances en la conceptualización de la problemática de la mujer.

I. Contexto Histórico

En el transcurso del siglo XIX predominan los cambios, gestados en el siglo anterior, pero que se concretan en él. Son tiempos de transformaciones en todos los ámbitos de la vida y del conocimiento. Las revoluciones transmutan las sociedades de entonces: desde la revolución industrial, pasando por las nuevas ideas políticas surgidas en el siglo XVIII y que sustentarían las revoluciones independentistas decimonónicas.
En materia política, la innovación sería el sufragio universal –para los hombres- y en filosofía surgieron los principios de los sistemas de pensamiento que tienen vigencia hasta hoy en día: el idealismo absoluto, el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, el nihisilimo, el nacionalismo. La transformación del vocabulario artístico también es notable en ese tiempo (Brom, 2011: 89) .
Este estudio parte de esos tiempos en los que la región participó en el desafío al orden político y económico establecido (Dominguez, 1985: 21) , tiempos de profundas transformaciones económicas y políticas, época en la que se da la transición del régimen monárquico al régimen republicano independiente.
A partir de 1785 se abre un nuevo período histórico para la sociedad novohispana, para la Capitanía General de Guatemala, y por ende para la Intendencia de Comayagua(Martínez Peláez, 1979 : 575). Ésta es la época en que las reformas borbónicas, inspiradas en la filosofía ilustrada que da sustento a la Revolución Francesa, introduce cambios al sistema colonial. Este período se cierra con la crisis y el fin de la Federación Centroamericana en 1842 (Carías, 2005:135) y es en este contexto que estudiaremos la vida de Josefa Lastiri Lozano.
Las mencionadas reformas buscaban, con la Intendencia como principal instrumento administrativo del poder colonial, centralizar (ANH, 1792) la capacidad de decisión en lo que concernía a la vida económica colonial. Los cambios administrativos fueron asumidas por las y los pobladores de Tegucigalpa como un ataque a la tradicional autonomía de esta ciudad, como consta en la correspondencia generada desde esa ciudad(Oyuela, 1994, pp 67) .

Los criollos de la ciudad percibieron que estos cambios estaban destinados a asegurar el fomento de los ingresos de la Corona. El mejor ejemplo lo constituye el gobierno del Alcalde Narciso Mallol (Duron, 1978: 36) que profundizó, con sus medidas de control, el distanciamiento entre españolas/es peninsulares y españolas/es criollas/os.
Durante la colonia se mantuvo una especie de pacto tácito entre las autoridades coloniales y los propietarios que se basaba en el famoso dicho “acátese pero no se cumpla”, según el cual, en ese mundo en el que imperaban las normas establecidas por los hombres, los funcionarios dejaban en suspenso las disposiciones que afectaban a los propietarios, los propietarios callaban la corrupción de los funcionarios calificando positivamente su gestión.
Los funcionarios nombrados durante a vigencia de las reformas borbónicas chocaron con estas practicas y fueron juzgados por los criollos como déspotas. Las mujeres debieron aprender a negociar con estas prácticas.
Las colonias se consolidaron con grupos locales de españoles y españolas que la monarquía tuvo que tolerar como colaboradores y partícipes en la explotación de los nativos(Durón, 1978: 28)
La reacción de la población fue la de la movilización social en contra del imperio, de la participación de las mujeres en dichas movilizaciones se tienen muy pocos registros. Sin embargo, estas respuestas sociales pueden explicarse si consideramos algunas de las características de la época. En la Nueva España, los niveles de escolaridad para adultos (para entonces se consideraba a las/os mayores de 15 años) no pasaba del 20% . En este grupo de escolarizados, la pertenencia a determinado grupo étnico fue determinante, más del 15% eran blancos, menos del 3% eran negros, en relación al sexo, las mujeres eran menos del 2% (Dominguez, 1985:30). Las políticas coloniales estuvieron dirigidas a impedir que los y las aborígenes se escolarizaran, tras esta posición se movieron intereses económicos y políticos.
En los censos de Honduras, del período colonial (1791 y 1801) no se desagrega a las mujeres y por tanto la información referente a las ocupaciones económicas de ellas las conocemos por los libros de la Real Hacienda o los registros de las municipalidades en los que se registran los aportes de mujeres y hombres, particularmente en las derramas, lo cual pone en evidencia que no es del todo cierto que las mujeres habrían vivido en un aislamiento y sin conexión personal con el poder económico.
En este contexto histórico las mujeres, en general, fueron víctimas de la ideología dominante, instrumento cultural de opresión sobre las mujeres a manos de los poderes hegemónicos, el Estado conservador, las iglesias, los agentes de socialización públicos y privados, sin embargo, hubo excepciones a la norma. (Lisón Tolosana, 2007: 105).
En las postrimerías del siglo XVIII, según el censo del Obispo Fray Fernando de Cadiñanos (INE) , de 1791, de un total de pobladores de 130.000 un 4% eran negras/os; un 6% blancas/os o españolas/es; un 30% pobladoras/es aborígenes; 60% mestizos. Es decir, que Josefa Lastiri Lozano pertenecía a un reducido y elitista estamento de los blancos. En los libros de registro el término español se le adjudicaba los criollos o hijos de españolas/es nacidas/os en las colonias.
En este siglo, aún se consideraba honorable descender de españoles conquistadores, esto cambia en el XVIII, bajo la influencia de la revolución francesa, en que el nuevo mundo comienza a llamarse América y sus pobladoras/es americanas/os. Éstos son las/os dueñas/os de las haciendas y las/os dueñas/os de las minas y además los que controlan las posiciones de poder en los Ayuntamientos.
Las mujeres estaban condicionadas, por las normas y las costumbres, para permanecer en una condición de minoría de edad, dependiendo primero de la tutoría del padre, para pasar después a la del marido, salvo autorización especial, ellas no podían administrar sus propios bienes. El funcionamiento social también generó otras situaciones diferentes para ellas: las solteras; la viuda; la abandonada; la esposa de un derrochador o de un borracho. Éstas salían del estado deseable, y sus casos también estaban previstos por la legislación. Ellas podían gozar del derecho de administrar su hacienda y bienes.
La dote formaba parte de las normas sociales de mayor peso, era un aporte material de la mujer al matrimonio y un seguro para ella ante una posible viudez o abandono. Las viudas fueron un grupo empresarial y económico muy activo pues recibían los bienes gananciales del marido, los cuales quedaban a su cargo, a excepción de los que pasaban directamente a los hijos.
La estructura social y familiar de la Nueva España fue determinada por el escaso número de mujeres blancas, lo cual favoreció las relaciones de españoles con las aborígenes. Esto benefició el proceso de mestizaje fundado en relaciones no legítimas. De estas relaciones ilegítimas nacieron relaciones muy particulares en las que la jerarquización étnica y social adquirió otros perfiles. Estas fueron admitidas socialmente como la “normalidad” sin transformar la escalas de valores tradicionales; miembros de clase económica y políticamente dominante se relacionaron ilegítimamente con miembras de castas inferiores ante la mirada indulgente de la sociedad, sin abandonar los prejuicios raciales exclusionistas (ANH, 1792) .

La aceptación de las relaciones ilegítimas como norma distendió, relativamente, el rigor social y se establecieron las uniones consensuales, es decir, que los funcionarios peninsulares sostenían relaciones estables con una mujer criolla antes de casarse, con la promesa de realizar el matrimonio una vez finalizado su servicio en la administración. En más de una ocasión esto derivó en abandono de las mujeres y su hijas/os por incumplimiento de la promesa (Calvo, 1989: 78) .
Así se explica los altos índices de soltería y de relaciones ilegítimas con sus consecuencias para la conformación de las familias: las mujeres se encontraron en la necesidad de convertirse en hacenderas, agricultoras, ganaderas, comerciantes y hasta proveedoras, en pequeña y gran escala, maestras, bordadoras, curanderas. Su éxito dependió de su situación social, las menos favorecidas se dedicaron a la prostitución, la mendicidad o ingresaban a los conventos.
Con la Independencia las/os criollas/os asumieron el poder político y administrativo y se lanzaron a construir la unidad centroamericana a través de la Federación: tras una larga discusión se descartó la posibilidad de volver a un sistema monárquico. Se inicia la tarea de organizar la sociedad sobre nuevos supuestos políticos …para los hombres. Sin embargo, con el fin de la Federación, en 1838, se restauraron muchas de las leyes e instituciones coloniales.
La Iglesia, habituada a sostener relaciones de privilegio con el Estado (ANH, 1792) , contribuyó a profundizar las ruptura de la convivencia, particularmente cuando, en Francisco Antonio Márquez, Presidente del Congreso del Estado de Honduras hacia 1830, decretó que los hijos de los sacerdotes fueran considerados hijos legítimos y que el sacerdote que quisiera contraer matrimonio civil podría hacerlo de acuerdo a las leyes del Estado (Carías, 2005: 163)
Ferrera, el nuevo gobernante tras la caída de la Federación, manifestó su interés para promover la enseñanza pública, el Estado apoyó la iniciativa liderada por el sacerdote Reyes para fundar una institución de estudios superiores, 1845, sin embargo, la sociedad sigue estando codificada por los hombres (Beauvoir, 1999: 711) , la red social se mantuvo fracturada y las guerras pos independentistas las ahondaron. La reacción conservadora no se hizo esperar.
En este escenario, las mujeres siguen condenadas a la inferioridad. La educación para ellas continuó estando en manos de las mujeres, generalmente solteras, que asumían la responsabilidad sin recibir ninguna remuneración por su enseñanza (Villars, 2001: 65) , como es el caso de las señoritas Borjas o de Sara Andino Rivera de Carías (Membreño, 2005: 56)
El Siglo XIX se debatió entre las guerras civiles, las dictaduras y las reformas liberales (Paredes : 654) , denominadas dictaduras democráticas, que buscaban el “progreso”, procesos, estos últimos, de los que las mujeres estuvieron excluidas, su marginación de la educación las condicionó para permanecer en labores no públicas, destinadas al trabajo doméstico gratuito, tan importante para el desarrollo del capitalismo (Duby y Perrot, 2001: 625) .
Entre las transformaciones del último cuarto del siglo XIX que se deben destacar está el acceso oficial de ellas a la educación, la demanda de las mujeres para salir al espacio público y la consolidación de la economía de enclave, minero y bananero, que signará la vida política y económica de Honduras durante el siglo XX y lo que va del XXI, (Carías, 2005: 197).
La relación directa entre el acceso a la educación, están directamente vinculada a la abierta participación femenina en la política y la cultura. El reconocimiento de su derecho al voto en 1955, nos hace entender que su acceso a la educación formal fue eminentemente instrumentalista.

II. María Josefa Lastiri Lozano
Al estudiar la vida de Josefa Lastiri nos encontramos con el típico solapamiento político e historiográfico del papel de la mujer, que masivamente se padeció en ese proceso de casi medio de siglo, entre 1808 y 1850. Ellas participaron en todo el proceso de independencia, de integración regional, en las guerras, agregadas a los ejércitos, en la retaguardia, en la logística (las soldaderas) y hasta como combatientes, sin embargo han sido desconocidas.

Es necesario señalar que el conocimiento del proceso de emancipación y de integración latinoamericana no debe partir del análisis de los casos excepcionales, de las heroínas criollas. Más bien se trata de ver que la dinámica histórica incorpora a todos los actores sociales cuando esos acontecimientos ocurren. Es impostergable revalorizar historiográficamente el papel femenino en el escenario de la vida cotidiana y tener presente la cotidianeidad está en el centro del acontecer histórico.

Para entonces, la villa de Tegucigalpa era el lugar más poblado y floreciente de la provincia de Comayagua. De origen minero se convirtió en una populosa urbe con ayuntamiento, parroquia, dos conventos, dos ermitas y era la cabecera del partido de su nombre. Competía abiertamente con la ciudad de Nueva Valladolid de Comayagua, capital de la provincia y residencia del Intendente y sede episcopal.

La criolla Josefa Lastiri Lozano nació en la Villa San Miguel de Tegucigalpa de Heredia, hoy capital de la República de Honduras, el 20 de octubre de 1792. Fue hija de Juan Miguel Lastiri, comerciante español y Margarita Lozano y Borjas, natural de la entonces Intendencia de Comayagua.

Fue bautizada con el nombre de Maria Josefa Ursula Francisca de la Santísima Trinidad, en la iglesia parroquial de San Miguel de Tegucigalpa, el 22 del mismo mes, por el Cura Vicario Juez Eclesiástico de ese beneficio, Juan Francisco Márquez (Castañeda, 1991: 8) .

Su nombre da información de la cultura religiosa de sus padres y nos recuerda a las grandes mujeres españolas de esos tiempos Doña Josefa Amar y Borbón, pedagoga y escritora de la ilustración española, a Doña Josefa Zúniga y Castro, fundadora de la Academia del Buen Gusto durante el reinado de Fernando VI. También a Santa Ursula, hija mártir de un rey de Bretaña insular, enviada al continente para casar con un príncipe pagano.

Josefa se desarrolló en esos años en los que, en la región centroamericana, arraigaba la noción de la emancipación, cuyos antecedentes inmediatos los encontramos en el levantamiento de 1811 en la ciudad de San Salvador. Entonces los sublevados destituyeron al Corregidor Intendente y a las demás autoridades españolas, se apoderaron de 3.000 fusiles que existían en la Sala de Armas y además de $ 200.000 que contribuyeron a mantener su amotinamiento. El 13 de diciembre de 1811 el pueblo de León, Nicaragua, encabezado por el fraile guatemalteco Benito Miguelena se levantó contra las autoridades españolas. El 22 de diciembre, en Granada, Nicaragua, se reunieron en Cabildo Abierto, convocados por el Alcalde Primero Don Juan Argueyo y el Regidor Don Manuel Antonio de la Cerda un numeroso aporte de criollos de gran influencia social.

El primero de enero de 1812, cuando Josefa contaba con 20 años de edad, los residentes españoles y autoridades de Tegucigalpa dispusieron que las alcaldías sólo fueran desempeñadas por peninsulares. En ese contexto quisieron elegir a José Sera, Juan José Salaverría y José Iribarren, pero el pueblo tegucigalpense se opuso. Hubo una refriega y los sublevados consiguieron impedir que en el Ayuntamiento no integrara a ningún peninsular, quedando constituido por criollos.
Otro hecho histórico que signaría la vida de los pobladores de la Tegucigalpa de entonces fue la jura de la nueva Constitución el 24 de septiembre de 1812. En ella se establecía la equidad entre criollos y peninsulares. También el nuevo texto constitucional proclamaba la representación nacional en forma colectiva y de tres clases: Cortes, Provincias, partido o parroquia. Creaba los municipios, electos en comicios populares; implantaba la Diputación Provincial para inspección de la Administración económica; disponía la apertura de escuelas en todas las poblaciones y en ellas debía darse a conocer la nueva Constitución.

El nuevo texto constitucional consagraba la libertad de pensamiento. Para entonces José Bonaparte reinaba en España, nombrado por Napoleón Bonaparte. Durante todo el año de 1813 en la Villa se vivieron acontecimientos que conmovieron los valores establecidos por el imperio colonial, particularmente la ruptura entre el ayuntamiento con las autoridades civiles y eclesiásticas.

La información sobre estos hechos circulaba gracias a La Gaceta de Guatemala, periódico que divulgaba los problemas nacionales y entre líneas se leía que el alivio a tantos males era la emancipación de la región y al constante tráfico de vendedores de ganado que transitaban por la ciudad facilitaba la comunicación de las novedades.

Su nacimiento en el seno de una familia criolla, de considerables recursos económicos, los Lastiri-Lozano, explica la educación recibida por Josefita y sus hermanas: Petrona, Lucía y Dolores. Ellas también contrajeron matrimonio con figuras notables de la historia centroamericana. Petrona se casó con el coronel Don Remigio Díaz, héroe de la batalla de la Trinidad; Lucía con Don José Santos del Valle, quien ejerció interinamente la Jefatura del Estado de Honduras; y Dolores con Don Diego Vigil y Cocaña, último Vicepresidente de la República Federal.

La formación recibida en el seno del hogar modeló su carácter y la convirtió en una mujer de carácter que frecuentaba los salones de la ciudad de Tegucigalpa. En 1818, Josefita contrajo matrimonio con un acaudalado criollo de su misma edad, Don Esteban Travieso y Rivera, nacido el 2 de septiembre de 1792. Tras la boda, los Travieso Lastiri establecieron su residencia en la ciudad de Comayagua.

De ese matrimonio nacieron cuatro hijos: Ramona, Tomasa, Paulina y Esteban Travieso y Lastiri. Don Esteban falleció en Tegucigalpa el 27 de febrero de 1825. Para entonces Josefa contaba con 27 años de edad. Heredó de Travieso un considerable patrimonio en el que figuraba la hacienda de Jupuara o Rancho Chiquito.

Convertida en una acaudalada hacendada de la jurisdicción de Lamaní, al sureste de Comayagua, la viuda, hermosa y rica, no tardó en interesar a muchos comayagüenses. Un anónimo pretendiente le dedicó el siguiente acróstico:

“A otros días más claros que el presente,
Jamás precedió Febo luminoso
Ostentando mejor su brillo hermoso
Sobre la rubia niebla del Oriente
En el cenit suspenso y reverente,
Fija su carro y queda silencioso,
Admirando en tu rostro candoroso,
Las gracias y virtud más inocente.
Así, yo quedo absorto al contemplarte,
Sin que pueda mi labio confundido
Tanto afecto explicar al saludarte,
I, únicamente (al alma cielo pido),
Repita en ti la dicha con que al crearte,
Infinito brindaba complacido.”(Zúñiga Huete, 1957: 226)

Transcurrido un año después de la muerte de Don Esteban Travieso, Doña María Josefa empezó a relacionarse con Don José Francisco Morazán Quesada, primogénito de Eusebio Morazán y Alemán y de Guadalupe Quesada y Borjas (Carías, 2005: 166), nacido el 3 de octubre de 1792, cuyas características físicas e intelectuales están bien descritas por Mejía Nieto:

“…era de natural bondadoso, su inteligencia… despejada a; su catadura física en general, de fino porte. Estaba, pues dotado de buenos rasgos por la naturaleza. Ayudaba a sus padres en el cuidado de sus hermanitos menores. El jefe de la familia se en dedicaba en general a proporcionar la subsistencia y en particular ideas morales a sus hijos. Esta cualidad industrial fue inherente y orgánica en la familia de los Morazán. Se retiraban a dormir temprano como cuadra a géneros de vida impuestos por los españoles de poca licencia y mucho rigor de costumbres. En esta hosca monotonía colonial, como flor sin sol, despunta la vivacidad de Francisco. Su energía echa raíces hacia adentro y lo que pudo ser ímpetu exteriorizado se convierte en sosiego de madurez interior. Así se explica que en este país (mondo de saberes como hueso sin pelleja) apareciera Francisco, con doctrina y decisión. Poco había aprendido de sus compañeros de juego, menos del mundillo de Morocelí, algo de D León, bastante de los libros y documentos de éste, más de las pocas obras extranjeras caídas en sus manos y mucho de su propio juicio y reflexión. Al propio tiempo había escapado de la influencia de un mundo ignorante, supersticioso y fanático: producto de una iglesia adinerada y feudal. ”

Es en ese contexto histórico en el que Josefa elige la compañía de Francisco Morazán, quien hacia 1819 fue escribano del Alcalde Narciso Mallol de Tegucigalpa y más tarde dedicado a la carrera militar, en la que conoce y se identifica con las ideas de Bonaparte.

Hacia 1824 Morazán Quesada es el Secretario General del Despacho y brazo derecho del Jefe de Estado Don Dionisio de Herrera. José Francisco era calificado como un joven guapo, atractivo, varonil, recibía los halagos de las mejores familias de Comayagua, quienes como el mejor prospecto matrimonial para sus hijas. Pero la amistad con Josefa se había vuelto apasionada. Mejía Nieto la describe así:

“… Morazán había adquirido casi tanta popularidad en la buena sociedad de Comayagua como en la de Tegucigalpa; esto le favorecía, pues en Comayagua cimentaba más arraigadamente la tradición de las severas costumbres sociales de la colonia española. En Tegucigalpa la explotación de las minas había hecho posible el surgimiento de nuevos ricos, sin apellido ni nombre. Por otro lado creyeron los aristócratas de Comayagua sin excluir al clero que atrayéndose a Morazán, lograrían influir y salvaguardar sus intereses y privilegios de la amenaza liberal del Gobierno. Cuando se supo que de la ilusión platónica entre Morazán y la viuda de Travieso se adelantaba en visitas y hasta ausencias de Morazán al deporte favorito que era aventurarse errando caballo por las tardes, la sociedad armó cuchicheos. Es verdad que se censuró la imprudencia de la viudita y los avances del funcionario, que además del poder político y social tendría el solio que le fraguaba el dinero de su bella esposa. No era un amor platónico, sino que era una corriente de erótica atracción como luego se descubrió y hasta con suma sorpresa y no cierta envidia, porque jovencitas de Comayagua que no eran viudas ni tenían niños, pensaron en atraer a Morazán a sus redes. Esto sin embargo no ocurrió. El casamiento de Josefita Lastiri (como se la llamaba) con Morazán se juzgó como un hecho cierto e inevitable. El propio presidente D. Dionisio de Herrera fue el padrino de bodas.”

Francisco y Josefa celebraron su matrimonio en la ciudad de Comayagua el 30 de diciembre de 1825, cuando ambos tenían treinta tres años. Fueron testigos de su boda el Coronel Don Remigio Díaz, esposo de Doña Petrona Lastiri, y Don Coronado Chávez, años después Presidente de Honduras.

Las circunstancias históricas por las que atravesaba la región centroamericana imposibilitaron que el hogar de los Morazán Lastiri tuviese una vida sosegada y tranquila. Las discrepancias ideológicas, reflejo de los diferentes intereses económicos se resolvieron con la guerra. El Gobierno de Don Dionisio de Herrera, en el que Morazán se desempeñaba como Secretario General y Presidente del Consejo Representativo, se enfrentó con las autoridades federales, quienes enviaron sus tropas a Honduras y en abril de 1827 sitiaron la ciudad de Comayagua, la que fue valientemente defendida por sus pobladores.

En Comayagua se quedó Doña Josefa y sus hijastros Travieso; la ciudad fue tomada por las fuerzas federales y fue víctima de un terrible saqueo. Entretanto Morazán se incorporó a la columna, al mando de Cleto Ordóñez, que el gobierno salvadoreño envió tardíamente en auxilio de Herrera. Cuando pasaron por la hacienda El Hato Grande gentes de Ordóñez asesinaron a su propietario, Miguel Madueño, sólo para apropiarse de sus bienes. Ante este hecho Morazán, indignado, se separó de la columna y solicitó garantías a José Justo Milla, quien mandó pasaportes para Morazán, Díaz, Marquez y Gutiérrez. Morazán creyó en la palabra del invasor, no así sus compañeros, quienes partieron para Nicaragua. Morazán se trasladó a Ojojona y ahí fue apresado y trasladado a Tegucigalpa, con irrespeto absoluto de la garantía concedida.
Josefa y Francisco se reunieron tras largos y angustiosos tiempos. No pudieron disfrutar por un largo período de su nueva posición en la sociedad hondureña. Nuevas fuerzas federales volvieron a marchar sobre el Estado, y Francisco hubo de blandir de nuevo el sable. El 30 de junio 1828 se apartó de la Jefatura para dirigir del ejército estatal, a cuyo mando derrotó a los federales el 6 de julio en la batalla de Gualcho. Luego marchó hacia El Salvador, con el objetivo de auxiliar al Gobierno estatal, también enfrentado con las autoridades de la República.
Para esas fechas Josefa había alcanzado la edad de 37 años y se convertía en Primera Dama de Centroamérica por primera vez, estatus que no ostentó por mucho tiempo pues en junio de 1829 Morazán entregó el poder a un gobierno provisional presidido por Don José Francisco Barrundia. Regresó a Honduras para tomar posesión de la Jefatura Suprema el 4 de diciembre de 1829.
En esta ocasión tampoco sería Primera Dama de Honduras por mucho tiempo, pues en junio de 1830 Morazán fue elegido como Presidente de la República Federal para el período 1830-1834. En septiembre (16) del año de 1830 tomó posesión de ese cargo y Josefita se convirtió de nuevo en la Primera Dama de la gran nación centroamericana.

La convulsiva situación social de la región explota nuevamente en los primeros meses de 1832 obliga a Morazán vuelve a comandar el ejército federal, esta vez contra el Gobierno de El Salvador. Retorna triunfal a Guatemala en abril de 1833 y entonces solicita un permiso al Congreso de la Federación para regresar a Comayagua con Doña Josefita. Sin embargo este merecido descanso duró poco tiempo pues debió combatir de nuevo contra las autoridades salvadoreñas, ocasión en la que Morazán, Presidente de la Federación, salió herido. El jefe de Estado salvadoreño, Joaquín de San Martín y Ulloa fue derrotado. El 16 de septiembre de 1834 finalizó el período de Gobierno del Presidente de la Federación, para entonces el candidato ganador de las elecciones, Don José Cecilio del Valle había muerto el 2 de marzo de ese año. Fue necesario efectuar nuevos comicios y el voto popular designó otra vez a Morazán como Presidente de la Republica.
El 4 de junio de 1835 Morazán tomó posesión de ese cargo en la ciudad de San Salvador, designada desde el año anterior como la nueva sede de la jefatura.
Transcurridos poco más de 10 años después de la emancipación centroamericana y de la constitución de la Federación se creía que Centroamérica había logrado consolidar el proyecto social de los demócratas de la región, sin embargo, esta ilusión se desvaneció rápidamente. En el Estado de Guatemala estalló la guerra civil, provocada por el levantamiento del conservador Rafael Carrera y Turcios.
Para entonces Josefa Lastiri se encontraba en estado de embarazo, a pesar de ello, Morazán tuvo que salir de San Salvador para hacer frente a los rebeldes. En 1838, mientras el Presidente de la Federación combatía a los conservadores liderados por Carrera, nacía en San Salvador la única hija del matrimonio, bautizada con el nombre de Adela.
Como ha sido la norma, Francisco Morazán Quesada sostuvo relaciones paralelas al matrimonio con Josefa Lastiri de las cuales nacieron cinco hijas e hijos ilegítimas.

Los dos vástagos mayores de Morazán fueron acogidos por Josefa en su hogar. En la biografía de Francisco Morazán Quesada escrita por Enrique Guier nos relata:

…toleró a su lado dos hijos naturales del segundo marido, cuyos devaneos amorosos no desmentían sus vigorosas facciones masculinas. De uno de los hijastros pudo decir la joven esposa, lo que no fue en mi año no fue en daño. Pero del otro quizá no.
La última de las hijas de Josefa nació en medio de las peores ciurcunstancias vividas por la Federación. Guatemala, El Salvador y el sexto, nuevo y efímero Estado de los Altos ( país creado durante la Repulbica federal en los años 30, cuya capital fue Quetzaltenango y ocupaba lo que actualmente es el oeste de Guatemala y parte de Chiapas, el cual se creó como respuesta a las diferencias políticias entre la Ciudad de Guatemala y Quetzaltenango, que era realista y no se independizó sino hasta el 2 de febrero de 1838, siendo reconocida por la Federación el 5 de junio de ese mismo año)se encontraban en plena guerra civil, mientras Nicaragua, Honduras y Costa Rica se separaban sucesivamente de la República.

En 1839, 1º de Febrero, Morazán finalizó su período presidencial y entregó el poder a su concuñado Don Diego Vijil y Cocaña, quien fungió como Vicepresidente de la Federación. Vijil, por su parte, nombró a Francisco como jefe del ejército Federal y en abril de ese año venció a las fuerzas combinadas de Honduras y Nicaragua en el combate del Espíritu Santo, donde sufrió una herida de consideración. Poco después fue elegido como Jefe de Estado de El Salvador, cargo del que tomó posesión el 11 de julio de 1839.
Josefa, siendo la Primera Dama de El Salvador, su propio cuerpo y el de sus hijos se convirtió en botín de guerra. Sufrió en el escarnio producto de los odios políticos de los conservadores centroamericanos. En septiembre de 1839, en ausencia de Francisco detonó una revuelta en San Salvador. Los rebeldes tomaron como rehenes a Josefa y a su familia para exigir al Jefe de Estado que abandonase su cargo.

Francisco respondió así:

Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder son para mí sagrados y hablan vehementemente a mi corazón; pero soy el Jefe de Estado y mi deber es atacar; pasaré sobre los cadáveres de mis hijos; haré escarmentar a mis enemigos y no sobreviviré un instante más a tan escandaloso atentado

El Jefe de Estado Morazán atacó furiosamente a los amotinados que fueron definitivamente derrotados. En su huida abandonaron a Josefita y sus hijos sin causarles daño. Penosamente para Josefa y los unionistas centroamericanos los combates continuaron y Morazán dispuso que su esposa y su familia abandonasen El Salvador y se trasladasen a Costa Rica.

Costa Rica era el único Estado Centroamericano en el que reinaba la paz. A principios de 1840 Doña María Josefa partió hacia ese país, embarcada en la goleta Melanie, una vez más se veía obligada a separarse de Francisco.

Una vez llegada a Caldera, la Primera Dama de El Salvador escribió al Jefe de Estado Braulio Carrillo:

El temor a la Revolución de los Estados de Honduras y El Salvador, me han obligado a abandonar mi país, y mucha parte de mi desgraciada familia, para buscar en cualquier punto un lugar donde vivir pacíficamente con el resto de mi familia que he podido traer conmigo; y atendiendo a la paz que goza este Estado, a las buenas circunstancias que lo caracterizan y a los consejos de muchos de mis amigos, me he resuelto a venir a pedir un asilo, segura de que su Gobierno protegerá la inocencia y permitirá internarme al punto que parezca más conveniente a mis circunstancias.

Carrillo le respondió a Doña María Josefa que ellas y los suyos podían asilarse en Costa Rica si aceptaban instalarse en la ciudad de Esparza, población aislada e insignificante por lo que Josefita rechazó la oferta. Zarpó en la Melanie hacia Nueva Granada y se estableció en Chiriquí.

Derrotado Morazán en El Salvador, abandonó ese país en compañía de su hijo José Antonio y de un grupo importante de partidarios. Se reúne con Josefita y su familia en mayo de 1840 en el poblado de David, Panamá, en donde escribió su célebre Manifiesto.

Francisco partió hacia Perú en agosto de 1841 acompañado de varios de sus colaboradores, mientras Josefa permanecía en David. Morazán buscaba formar una nueva expedición hacia Centroamérica. A inicios de 1842 lograba regresar haciendo escala en Chiriquí para reencontrarse con su familia. Continuó su viaje hacia El Salvador, pero su gesta no tuvo eco en esa nación y retornó a Costa Rica, llegando a este país el 7 de abril de 1842.
Tras el pacto del Jocote, acuerdo efectuado el 11 de abril de 1842 a la sombra de un árbol de jocote, en Alajuela, Costa Rica, acordado entre Francisco Morazán y Vicente Villaseñor, a quien el Jefe de Estado Braulio Carrillo Colina había enviado con 700 hombres a rechazar la invasión. De conformidad con el pacto el ejército de Villaseñor se unió sin combatir con el de Morazán y éste fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica. Morazán entro triunfalmente a San José y el 12 asumió la Jefatura de Estado.
Al poco tiempo Josefa, que se encontraba en David, se informó sobre el nuevo estatuto de Morazán como nuevo gobernante de Costa Rica, se convertía así en la nueva Primera Dama de ese país a los 49 años de edad. Un barco fletado para retornarla a Costa Rica hizo posible que la familia Morazán Lastiri se reuniera nuevamente.
La popularidad de Morazán decayó rápidamente y la relación entre Josefa y Francisco pasaba por una nueva crisis debido a los amoríos de éste con Teresa Escalante y Ocampo de origen salvadoreño, casada con el británico William Freer Risk, con quien tuvo una hija, María Ester de los Dolores Freer Escalante.
No habían transcurrido ni cinco meses cuando, el 11 de septiembre de 1842, se sublevaron los pueblos de San José y Alajuela, a fin de evitar la guerra con Nicaragua. En la capital la lucha fue sangrienta.
Josefa y su hija Adela, de cuatro años, se encontraba al lado de su esposo y padre, en el cuartel josefino. Salieron de allí para tratar de refugiarse en la casa de la fimia Escalante. Cayeron en poder de los sublevados y fueron conducidas a la casa de Antonio Pinto Soares, uno de los caudillos de la insurrección.
Más tarde, madre e hija fueron depositadas en custodia del Presbítero Don José Julián Blanco y Zamora, y por último el acaudalado cafetalero y comerciante Rafael Moya Murillo les ofreció hospitalidad.
Morazán abandonó San José el 14 de septiembre y ese misma noche fue capturado en Cartago y al día siguieren fue conducido de regreso a la capital, donde fue fusilado horas más tarde. Los sublevados querían asesinar a Josefita y sus hijos. Lo acompañó su primogénito Francisco Morazán Moncada.

Josefa se informó del fusilamiento de su esposo una semana después de los hechos, quien al conocer la noticia sufrió dolorosas convulsiones y llanto sin tregua.
Permaneció un tiempo en Heredia y luego se trasladó a El Salvador en la goleta Coquimbo, el 12 de diciembre desembarcaba en el puerto de La Unión para establecerse en Cojutepeque, en la pobreza. Los bienes heredados de sus padres y de los Travieso se disiparon en las campañas de Morazán. Los compañeros que sobrevivieron trataron de protegerla de la miseria he hicieron algunas gestiones infructuosas para que se vendieran los barcos y armas adquiridos por Morazán (ANH) Murió en San Salvador en 1846, a los 52 años de edad.

Clementina Suárez, feminista y revolucionaria
Mi primer encuentro con Clementina Suárez fue memorable. El escritor Roberto Castillo me invitó a la reunión en la que celebraba su 77 aniversario de nacimiento. Ella, que tenía un sentido edonista de la vida, cerró la calle del barrio La Hoya, la alfombró con hojas de pino, y con ese tradcional aroma llegaron los invitados: músicos, pintores, poetas, escultores, narradores. Y todo el barrio se vistió de fiesta. Fue un encuentro maravilloso, con una de las personalidades de la literatura más subyugantes de ese tiempo, rodeada de aquellas/os que la respetaron por su talento.
Entonces me congratulé de conocer a una de las voces fundamentales de la poesía vanguardista de nuestro país. Su discurso exultaba emociones y sensibilidad extraordinarias. Cuestionaba los valores predominantes y su voz se elevaba entre todas, liberadora. Me enteré ese mismo día que debía conocer su obra, su vida.
La existencia de Clementina se debatió entre el escándalo, la admiración, la adulación y el vilipendio. No podía ser de otra manera. Nacida en Juticalpa, en 1902, desde muy joven abandonó la familia que buscaba confiscarla para el matrimonio tradicional. Intentó refugiarse en una Tegucigalpa que no le perdonó su bohemia, su pasión por los cafés, su gusto por la compañía masculina. Incomprendida por una sociedad somnolienta, se dedicó a escribir, obedeciendo a una fuerza interna sobre temas urgentes y universales(Gold, 2001:117) . Su espíritu revolucionario, iconoclasta la llevó a declararse feminista muy tempranamente (Suárez, 1934:1) .
La franqueza de Clemen chocó con la moral victoriana y doble de su tiempo. Su propio estilo de vida puso en cuestión la gazmoñería, la sexualidad reprimida, muda e hipócrita de entonces –y de hoy-. Vestía pantalones cortos y traje de baño; celebraba su cuerpo no sólo en su vida sino también en su poesía. Y aunque ella fue la primera mujer que publicó un libro en Honduras, la gente se interesaba más por sus amantes que por su poesía.
Participó con pasión y transparencia en todos los acontecimientos importantes de su época. Para ella no existían los disfraces, rechazó los códigos de lo grosero y de la intolerancia. Con sus actos y su poesía transgredió las convenientes costumbres puritanas. Rompió con los discursos clandestinos, circunscritos, disfrazados. Quebró las prohibiciones, la represión. Sin prudencia alguna acometió la tarea de ser desbordadamente auténtica.
En las tertulias del Café de París y El Jardín de Italia fue la única mujer que departió con los intelectuales de aquellos años, Alejandro Castro, Alfonso Guillén Zelaya –director de El Cronista-, Antonio Rosa (padre de sus hijas), Guillermo Bustillo Reina (su primer esposo), Arturo Martínez Galindo, Claudio Barrera, entre otros. Se identificó con aquellos que reverenciaron su talla intelectual y asumieron su feminidad.
En su obra Clementina ha dejado bien claro que las mujeres debemos abordar la relación entre poder, saber y sexualidad, a pesar de las consecuencias o aunque el precio a pagar sea bastante caro. Transgresora de leyes, de prohibiciones, irrumpió con sus actos y con la palabra, en el placer: las delicias de la palabra y los gozos del cuerpo. Renunció al conformismo de las mujeres subordinadas por el poder, el patriarcado y los fundamentalismos tan extendidos entonces. Dotó a la literatura hondureña de su primera ars erótica. Nos legó una poesía extraída del placer mismo, con una intensidad y calidad que la han vuelto imperecedera (Mejía, 1969 : ¿?) , tal como expresó en su poema Sexo:
Sexo,
encarnada rosa,
flor de lujuria
por donde salta mi juventud.

Anfora llena
de sensaciones
y vibraciones,
arpa que vibra
que llora y gime
voluptuosidades.
Lirio encendido
en el altar de fuego
de roja estancia…(Suárez, 1984:37)
Todo en su vida denota una incondicional repugnancia por los extremos en que se debatía la sociedad hondureña, particularmente la mujer. Para dejar constancia de ello escribió versos de profundo aliento social y fundó en 1933 la revista Mujer, que ella misma vendía por las calles desoladas de una Tegucigalpa mojigata.
Clementina con su voz, en permanente transformación, revela el placer de contar. Sus versos son el testimonio de su afán por sacar del fondo de sí misma la verdad, la conciencia de su género. Propuesta liberadora, confesional, sin autocensura. Discurso literario con el cual arriba a la realidad (Lars, 1969 : ¿?) .
En esa búsqueda, sistemática, vital, viajó por el mundo como vivió, de acuerdo con sus propias normas. Centroamérica, México, Nueva York, sus destinos para conquistar la libertad. En esas latitudes leyó su poesía y trabajó –fue la mil usos- como obrera, experiencias que la reafirman en su personal visión de los caminos para la edificación de una sociedad igualitaria. En México vivió durante los mejores años de la revolución y su apreciación de las luchas populares se enriqueció. El conocimiento de la región consolidó su decisión de estar del lado de la justicia y los desposeídos.
En 1991 la delincuencia se encarnizó contra la noble Poeta. Tras años de su violento deceso rememoramos su vida ejemplar. Clementina, no cabe duda vivió a la altura de su tiempo. Su vida y su obra forman parte esencial de nuestra identidad, claramente afirmada en su poema:

Combate

Yo soy una poeta,
un ejército de poetas.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos
un poema fusiles.
Para pegarlos en las puertas,
en las celdas de las prisiones
en los muros de las escuelas.

Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño,
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar,
las podridas raíces de mi pueblo.

Mayra Oyuela
Oyuela, Mayra. (29 de junio 1982) Nació en Tegucigalpa . Irrumpe como poeta en este siglo con 18 años de edad, se sitúa en este espacio, en su tiempo para forjarse por sí misma su propia trayectoria. Nació en el seno de un hogar en el que los libros no eran la prioridad; hija de una madre soltera, María Minda, tuvo siete hermanas/os, y en medio de enormes dificultades estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Se asume como habitante de este país sacudido por asonadas militares, de violencia letal, de maquilas, de democracia informal, de irrespeto por los derechos humanos, de políticas de Seguridad del Estado, de marginalidad. Esta realidad que pesa sobre sí misma, se revela en su poesía con calidad, persistente creatividad y efectiva burla de los antagonismos de este país en el que han logrado imponerse la impunidad y la violencia.
Comienza a hacer públicos sus escritos siendo una adolescente, se apropia de la palabra, estas fluyen de su pluma armoniosamente, rompe con los cánones dominantes en la forma y toca temas universales. Su poesía representa los anhelos, las vibrantes emociones de los cuerpos de las mujeres de su tiempo. Asume la femineidad, su sexualidad femenina sin ambages. También es poesía rebelde, sediciosa, posicionada históricamente. En búsqueda permanente de un uso innovador de la palabra-imagen pone en manos del lector textos que cuestionan las normas, los valores y la ética patriarcal.
“He volado profundo tus cielos luna
mientras un hombre ha deletreado
mi arena más húmeda
he comido de la catarsis de la investidura
trágame luna
o volvete caracol,
velero, arrecife, lo que querrás
pero volvé,
acampá,
quedate” (Oyuela, 2005: 1)

o como leemos en su poema:
Bendita
Bien pudiste ser Helena,
liderar naugragios, enloquecer hombres
hasta hundirlos en la cama de algas de tu vientre.
Bendita eres entre todas las mujeres.
Bendita la zarza que te quema el vestido,
bendito el nylon que cosen en las sombras,
bendito el grano que pesaste
mientras se te hizo tarde para jugar.
¿Y si trasladamos la sal de tus pies por otros continentes?
Otra sería la luz que engordar tu ventan.
¿Y si por apellido te hubiesen dado quizá Dietrich?
Cantarías como loca a la cordillera,
a la sal que amoldas como flor de invierno
blanca como la nieve que nunca viste.
Vos que nunca supiste de Rubens y sus mujeres,
Vos que ignoras una torre de Pisa,
Un bello sari en Estambul,
Un beso de pasión en una sala de cine.
Pero qué bien comprendés el silencio
y qué bien sobrevivís a la historia
y aunque nadie conozca tu nombre
sabes más de la soledad que un monje del Tíbet.
Mujer repítete:
Non omnis moriar, non omnis moriar:
Nunca morirás del todo.
¡Nunca!
Porque la zarza que hace arder tu vestido
También hará arder
La sal del mar que sostiene tu corazón.
Sin duda Mayra Oyuela forma parte de las letras hondureñas por su trabajo personal y por su participación en las diferentes asociaciones artísticas de este tiempo.
Ella se define como poeta y gestora cultural, miembra de Artistas en Resistencia y Feminista . El golpe de Estado ocurrido en Honduras en 2009, en contra del Presidente Constitucional Manuel Zelaya le abrió abruptamente nuevos caminos. A partir de entonces ha tenido que deconstruirse para asumir su femineidad de otra manera, desde el feminismo. No ha sido fácil enfrentar la cultura patriarcal para romper con ella, ha iniciado un proceso que entiende que será largo y complejo, tarea que concibe tanto en el ámbito privado como el público. Su identidad como escritora depende de ello . Ese brutal golpe de Estado la ha apartado de la poesía y actualmente está escribiendo un texto sobre las mujeres víctimas de la viololencia fatal, de femicidio, texto dedicado a su madre, inspirado en su difícil vida.

Considerándose y sintiéndose una mujer del siglo XXI, lo que implica un discernimiento muy particular y revolucionario, su labor literaria ha dejado de ser una prolongación de las actividades domésticas, y rompe día a día con el canon occidental según el cual predomina lo masculino, heterosexual y burgués(Redondo Goicoechea, 2008:) .
Obtuvo el Primer Lugar en el IV Concurso de Poesía de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 2001, es miembra fundadora del Colectivo de Poetas Paíspoesible. Integró el Taller de Poesía Altazor. Obra: Escribiéndole una casa al barco (2006) Tegucigalpa, Honduras Editorial Il Miglior Fabbro; Puertos de arribo, 2009 . Su obra fue reseñada en antologías como: Versofónica, 20 Poetas (2005) y Papel de Oficio (2006); 2017: Nueva Poesía Contemporánea (2010) Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana, 2011, D.F., México. Editorial Fondo de Cultura Económica.

III. Observaciones finales

Parece claro que las mujeres en Honduras siguen estando subyugadas por el papel asignado socialmente a ellas. Aunque algunas de ellas han logrado romper la reclusión al ámbito doméstico, la falta de atención a sus demandas sociales, políticas y culturales sigue siendo una realidad.
Las mujeres siguen sufriendo, en menor medida, las injusticias del pasado, incluso las que aspiran a ser escritoras, políticas o científicas en la actualidad deben bregar con la cultura misógina, machista, patriarcal.
Josefa es parte de las quince mujeres casadas con los primeros jefes de Estado tras la independencia de Centroamérica del Imperio Colonial; entre ellas, tres son totalmente desconocidas. En este contexto, descubrimos que Josefa Lastiri se encontró en unas circunstancias histórico sociales propicias para que su esposo, Francisco Morazán hiciera uso de su patrimonio –de Josefa Lastiri- hasta dejarla reducida en la pobreza.
Clementina Suárez, poeta fundacional de las letras hondureñas de vanguardia, escribió en un contexto adverso y sufrió la exclusión de parte de una sociedad conservadora y desigual. Hasta hoy se le ha negado a la colectividad hondureña la oportunidad de conocer mejor su obra y a la mujeres escritoras – y a la hondureñidad- el derecho a que se esclarezca y se castigue a los culpables de su muerte violenta. La poeta Clementina Suárez vivió en medio de relaciones de violencia y murió víctima de Femicidio.
Mayra Oyuela ha tenido que iniciarse en la fragua de su propia epistemología femenina, abordando los textos más bellos de la escritura femenina hondureña, empezando con Clementina Suárez, con grandes dificultades. Ha llegado al feminismo tras un golpe de Estado y evoluciona a la par de una sociedad que ha despertado de su letargo. Habla con otras mujeres, intercambia y armoniza una visión y unas prácticas que la ubican en la lucha por la vida, lejos del poder económico neoliberal y la guerra. La poeta Mayra Oyuela produce su obra luchando en contra de las condiciones que le impone la sociedad patriarcal a toda mujer creadora.
Este estudio me permite afirmar que entre mejores son las condiciones de acceso a la educación en libertad para las mujeres, un número mayor de ellas podrá dedicarse a desarrollar a plenitud la profesión u oficio que elijan o por el que sienten una vocación.

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Revisado en línea el 19 de junio de 2012

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27. Ibidem, pp 88
28. Guier, Enrique. El General Francisco Morazán, San José, Editorial Stvdivm,
1ª. Ed. 1982, pp 13
29. INH, documento que actualmente se encuentra en proceso de
paleografiado, facilitado por el Lic. Douglas Vargas, actual director del
INH (DSC06309)
30. Gold, Janet (2001) El retrato en el espejo. Una biografía de Clementina
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33. Suárez, Clementina (1984) Clementina Suárez: antología poética.
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visitado en línea el 25 de junio de 2012
36. Madrid, Salvador. Comp. (2005) Mayra Oyuela – Alberto Destephen en Papel de Oficio, cuadernillo No 5, Tegucigalpa, Honduras, Editorial Cultura de la Dirección General del Libro y el Documento de la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes
37. Oyuela, Mayra (2011)
http://turnodeldisidentefes.blogspot.com/2011/05/mayra-oyuela-
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Redondo Goicoechea, Alicia (2008) Mujeres y narrativa. Otra historia de la literatura. Madrid, España Editorial siglo XXI http://books.google.hn/books?id=hPmMtXCRt10C&pg=PA52&lpg=PA52&dq=virginia+woolf+una+habitaci%C3%B3n+propia&source=bl&ots=CbBIjl-FX6&sig=CUPEo1gO6phOoYpVxlFXplKJ9lM&hl=es&sa=X&ei=4ZgRUIeLA4KM6QGRr4H4Cg&sqi=2&ved=0CDUQ6AEwAg#v=onepage&q=virginia%20woolf%20una%20habitaci%C3%B3n%20propia&f=false
visitado en línea el 26 de junio de 2012

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5 comentarios »

  1. gracias Anarella, por ser una mujer comprometida con la causa feminista y por ser una académica, por estudiar, revelar, descubrir, y sobre todo por compartir tus conocimientos y por ser una buena compañera de trabajo.

    Comentario por aguilar — 09/03/2014 @ 23:42 | Responder

  2. Good information. Lucky me I found your site by chance (stumbleupon).
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    Comentario por http://adtaudiencia.com.br — 27/05/2013 @ 05:16 | Responder

  3. Appreciate the recommendation. Will try it out.

    Comentario por http://www.dharmanet.org/moodle/user/view.php?id=53714&course=1 — 09/04/2013 @ 10:41 | Responder

    • “Aprecio la recomendación. Voy a probar.”

      Gracias, Anarella

      Comentario por anarellavelez — 14/04/2013 @ 00:44 | Responder

  4. Muy buen trabajo, compañera, éste es sin lugar a dudas un aporte a la historiografía hondureña, especialmente en el tema de género y una contribución al rehacimiento de la identidad nacional

    Comentario por Jorge Gálvez Paz (@JorgeGalvezPaz) — 08/08/2012 @ 16:22 | Responder


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