Estudios de la mujer Blog de Anarella Vélez

04/11/2011

María Josefa Lastiri Lozano

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Anarella Vélez

Apenas ha habido una sola guerra que no haya contado con participación femenina
STIEG LARSSON

Al estudiar la vida de Josefa Lastiri nos encontramos con el típico solapamiento político e historiográfico del papel de la mujer, que masivamente se padeció en ese proceso de casi medio de siglo, entre 1808 . Sin embargo el tema femenino da dividendos y exige que la visibilice y hoy en día encontramos un cambio en el discurso historiográfico y se deja bien establecida la importancia del estudio de la presencia de la mujer en la historia.

Sin duda Josefa forma parte de un grupo de mujeres que fueron indispensables para el éxito de las gestas emancipadoras pero fueron invisibilizadas, minimizadas, olvidadas, a pesar de que sacudieron los cimientos del sistema colonial.

Ellas participaron en todo el proceso de independencia, de integración regional, en las guerras, agregadas a los ejércitos, en la retaguardia, en la logística (las soldaderas) y hasta como combatientes, sin embargo han sido olvidadas.

Es necesario señalar que el conocimiento del proceso de emancipación y de integración latinoamericana no debe partir del análisis de los casos excepcionales, de las heroínas. Más bien se trata de ver que la dinámica histórica incorpora a todos los actores sociales cuando esos acontecimientos ocurren. Es urgente revalorizar historiográficamente el papel femenino en el escenario de la vida cotidiana y tener presente la cotidianeidad está en el centro del acontecer histórico.

Para entonces, la villa de Tegucigalpa era el lugar más poblado y floreciente de la provincia de Comayagua. La ciudad de origen minero se convirtió en una populosa urbe con ayuntamiento, parroquia, dos conventos, dos ermitas y era la cabecera del partido de su nombre. Competía abiertamente con la ciudad de Nueva Valladolid de Comayagua, capital de la provincia y residencia del Intendente y sede episcopal.

Esta gran mujer hondureña, nació en la Villa San Miguel de Tegucigalpa de Heredia, hoy capital de la República de Honduras, el 20 de octubre de 1792. Fue hija de Juan Miguel Lastiri, comerciante español y Margarita Lozano y Borjas, natural de la entonces Intendencia de Comayagua.

Elvia Castañeda en su obra La batalla del amor, María Josefa Lastiri señala que fue bautizada con el nombre de Maria Josefa Ursula Francisca de la Santísima Trinidad, en la iglesia parroquial de San Miguel de Tegucigalpa, el 22 del mismo mes, por el Cura Vicario Juez Eclesiástico de ese beneficio, Juan Francisco Márquez.

Su nombre nos recuerda a las grandes mujeres españolas de ese tiempo Doña Josefa Amar y Borbón, pedagoga y escritora de la ilustración española, a Doña Josefa Zúniga y Castro, fundadora de la Academia del Buen Gusto durante el reinado de Fernando VI. También a Santa Ursula, hija mártir de un rey de Bretaña insular, enviada al continente para casar con un príncipe pagano.

Josefa se desarrolló en esos años en los que en la región centroamericana arraigaba la noción de la emancipación, cuyos antecedentes inmediatos los encontramos en el levantamiento de 1811 en la ciudad de San Salvador. Entonces los sublevados destituyeron al Corregidor Intendente y a las demás autoridades españolas, se apoderaron de 3.000 fusiles que existían en la Sala de Armas y además de $ 200.000 que contribuyeron a mantener su amotinamiento. El 13 de diciembre de 1811 el pueblo de León, Nicaragua, encabezado por el fraile guatemalteco Benito Miguelena se levantó contra las autoridades españolas. El 22 de diciembre, en Granada se reunieron en Cabildo Abierto, convocados por el Alcalde Primero Don Juan Argueyo y el Regidor Don Manuel Antonio de la Cerda un numeroso aporte de criollos de gran influencia social.

El primero de enero de 1812, cuando Josefa contaba con 20 años de edad, los residentes españoles y autoridades de Tegucigalpa dispusieron que las alcaldías sólo fueran desempeñadas por peninsulares. En ese contexto quisieron elegir a José Sera, Juan José Salaverría y José Iribarren pero el pueblo tegucigalpense se opuso. Hubo una refriega y los sublevados consiguieron impedir que en el Ayuntamiento no integrara a ningún peninsular.

Otro hecho histórico que signaría la vida de los pobladores de la Tegucigalpa de entonces fue la jura de la nueva Constitución el 24 de septiembre de 1812. En ella se establecía la equidad entre criollos y peninsulares. También el nuevo texto constitucional proclamaba la representación nacional en forma colectiva y de tres clases: Cortes, Provincias, partido o parroquia. Creaba los municipios, electos en comicios populares; implantaba la Diputación Provincial para inspección de la Administración económica; disponía la apertura de escuelas en todas las poblaciones y en ellas debía darse a conocer la nueva Constitución.

El nuevo texto constitucional consagraba la libertad de pensamiento. Para entonces José Bonaparte reinaba en España, nombrado por Napoleón Bonaparte. Durante todo el año de 1813 en la Villa se vivieron acontecimientos que conmovieron los valores establecidos por el imperio colonial, particularmente la ruptura entre el ayuntamiento con las autoridades civiles y eclesiásticas.

En Tegucigalpa el plan seguido fue semejante al de San Salvador, derrocar las autoridades constituidas, apoderarse de las armas y dinero guardado en la Plaza de Armas y en la Caja Real. Alcanzados estos objetivos debería liberarse a los prisioneros, proclamar la independencia y devolver a España a los altos administradores peninsulares. Un nuevo levantamiento ocurrión en San Salvador, el 24 de enero de 1814, el cual estuvo encabezado por el Sacerdote Dr. Matías Delgado. Esta experiencia caló las conciencias de los jóvenes y preparó la independencia de 1821.

La información sobre estos hechos circulaba gracias a La Gaceta de Guatemala, periódico que divulgaba los problemas nacionales y entre líneas se leía que el alivio a tantos males era la emancipación de la región.

Así se fue forjando el espíritu de Josefa y que la coloca a la par de otras grandes mujeres de su tiempo: Juana Azurduy , Manuela Sáenz , Bartolina Sisa , Gertrudis Bocanegra , Luisa Cáceres , Policarpa Salavarrieta , Micaela Bastidas , que son claro ejemplo de la participación femenina en el proceso de la independencia de América Latina.

La vida cotidiana durante el período colonial era de tal naturaleza que un espíritu sensible como el de Josefa no podría dejar de cuestionarlo.

Su nacimiento en el seno de una familia de considerables recursos económicos, los Lastiri-Lozano, explica la esmerada educación recibida por Josefita y sus hermanas: Petrona, Lucía y Dolores. De ellas se dice que heredaron la belleza criolla de Doña Margarita. Ellas también contrajeron matrimonio con figuras célebres de la historia centroamericana. Petrona se casó con el coronel Don Remigio Díaz, héroe de la batalla de la Trinidad; Lucía con Don José Santos del Valle, quien ejerció interinamente la Jefatura del Estado de Honduras; y Dolores con Don Diego Vigil y Cocaña, último Vicepresidente de la República Federal.

Cuando hablamos de la enseñanza femenina es importante que dejemos a un lado todo lo que hoy día entendemos como lo que debe ser una enseñanza que, en términos generales, considerásemos “completa”. En el siglo de finales del siglo XVIII e inicios del XIX los distintos planes de instrucción, la sociedad en general y la mayor parte del profesorado, femenino o no, admitían sin mayores problemas que la enseñanza dirigida a la mujer debería incidir sobre todo en aquellos aspectos considerados “propios” de la mujer, reduciendo éstos a la Religión -que ocupaba varias asignaturas- y a las enseñanzas relacionadas con el hogar, como costura, labores o semejantes. Se trataba, por tanto, de una enseñanza limitada, distinta a la masculina y con enormes carencias.

La formación recibida en el seno del hogar modeló su carácter y la convirtió en una distinguida joven, en una mujer de carácter que frecuentaba los salones de la ciudad de Tegucigalpa. En 1818, Josefita contrajo matrimonio con un acaudalado joven de su misma edad, Don Esteban Travieso y Rivera, nacido el 2 de septiembre de 1792. Tras la boda, los Travieso Lastiri establecieron su residencia en la ciudad de Comayagua.

De ese matrimonio nacieron cuatro hijos: Ramona, Tomasa, Paulina y Esteban Travieso y Lastiri. Don Esteban falleció en Tegucigalpa el 27 de febrero de 1825, Josefa contaba con 27 años de edad. Heredó a su familia un considerable patrimonio, en el que figuraba la hacienda de Jupuara o Rancho Chiquito.

Convertida en una acaudalada hacendada de la jurisdicción de Lamaní, al sureste de Comayagua, la joven viuda, hermosa y rica, no tardó en cautivar a muchos comayagueños. Uno anónimo admirador le dedicó el siguiente acróstico:

“A otros días más claros que el presente,
Jamás precedió Febo luminoso
Ostentando mejor su brillo hermoso
Sobre la rubia niebla del Oriente
En el cenit suspenso y reverente,
Fija su carro y queda silencioso,
Admirando en tu rostro candoroso,
Las gracias y virtud más inocente.
Así, yo quedo absorto al contemplarte,
Sin que pueda mi labio confundido
Tanto afecto explicar al saludarte,
I, únicamente (al alma cielo pido),
Repita en ti la dicha con que al crearte,
Infinito brindaba complacido.

Transcurridos varios años después de la muerte de Don Esteban Travieso, Doña María Josefa empezó a relacionarse con Don José Francisco Morazán Quesada, primogénito de Eusebio Morazán y Alemán y de Guadalupe Quesada y Borjas, nacido el 3 de octubre de 1792, cuyas características físicas e intelectuales están bien descritas por Mejía Nieto:

“…era de natural bondadoso, su inteligencia… despejada a; su catadura física en general, de fino porte. Estaba, pues dotado de buenos rasgos por la naturaleza. Ayudaba a sus padres en el cuidado de sus hermanitos menores. El jefe de la familia se en dedicaba en general a proporcionar la subsistencia y en particular ideas morales a sus hijos. Esta cualidad industrial fue inherente y orgánica en la familia de los Morazán. Se retiraban a dormir temprano como cuadra a géneros de vida impuestos por los españoles de poca licencia y mucho rigor de costumbres. En esta hosca monotonía colonial, como flor sin sol, despunta la vivacidad de Francisco. Su energía echa raíces hacia adentro y lo que pudo ser ímpetu exteriorizado se convierte en sosiego de madurez interior. Así se explica que en este país (mondo de saberes como hueso sin pelleja) apareciera Francisco, con doctrina y decisión. Poco había aprendido de sus compañeros de juego, menos del mundillo de Morocelí, algo de D León, bastante de los libros y documentos de éste, más de las pocas obras extranjeras caídas en sus manos y mucho de su propio juicio y reflexión. Al propio tiempo había escapado de la influencia de un mundo ignorante, supersticioso y fanático: producto de una iglesia adinerada y feudal. ”

Ese fue el ambiente en el que creció Josefita, una sociedad en la que imperaba la ignorancia, la superstición y el fanatismo religioso. Las mismas causas por las que en América Central anidó la idea emancipadora. Hasta Tegucigalpa llegaron las noticias de los movimientos sociales liderados por Francisco de Miranda en Venezuela, Mariano Moreno en Argentina, el cura Hidalgo en México.

Es precisamente en ese contexto histórico en el que Josefa elige la dulce compañía de Francisco, quien hacia 1819 fue escribano del Alcalde Mallol de Tegucigalpa y más tarde dedicado a la carrera militar, en la que conoce y se identifica con las ideas de Bonaparte.

Hacia 1824 Morazán Quesada es el Secretario General del Despacho y brazo derecho del Jefe de Estado Don Dionisio de Herrera. José Francisco era calificado como un joven guapo, atractivo, varonil, recibía los halagos de las mejores familias de Comayagua, quienes como el mejor prospecto matrimonial para sus hijas. Pero la amistad con Josefa se había vuelto apasionada. Mejía Nieto la describe así:

“… Morazán había adquirido casi tanta popularidad en la buena sociedad de Comayagua como en la de Tegucigalpa; esto le favorecía, pues en Comayagua cimentaba más arraigadamente la tradición de las severas costumbres sociales de la colonia española. En Tegucigalpa la explotación de las minas había hecho posible el surgimiento de nuevos ricos, sin apellido ni nombre. Por otro lado creyeron los aristócratas de Comayagua sin excluir al clero que atrayéndose a Morazán, lograrían influir y salvaguardar sus intereses y privilegios de la amenaza liberal del Gobierno. Cuando se supo que de la ilusión platónica entre Morazán y la viuda de Travieso se adelantaba en visitas y hasta ausencias de Morazán al deporte favorito que era aventurarse errando caballo por las tardes, la sociedad armó cuchicheos. Es verdad que se censuró la imprudencia de la viudita y los avances del funcionario, que además del poder político y social tendría el solio que le fraguaba el dinero de su bella esposa. No era un amor platónico, sino que era una corriente de erótica atracción como luego se descubrió y hasta con suma sorpresa y no cierta envidia, porque jovencitas de Comayagua que no eran viudas ni tenían niños, pensaron en atraer a Morazán a sus redes. Esto sin embargo no ocurrió. El casamiento de Josefita Lastiri (como se la llamaba) con Morazán se juzgó como un hecho cierto e inevitable. El propio presidente D. Dionisio de Herrera fue el padrino de bodas.”

Francisco y Josefita celebraron su matrimonio en la ciudad de Comayagua el 30 de diciembre de 1825, cuando ambos tenían treinta tres años. Fueron testigos de su boda el Coronel Don Remigio Díaz, esposo de Doña Petrona Lastiri, y Don Coronado Chávez, años después Presidente de Honduras.

Las circunstancias históricas por las que atravesaba en la región centroamericana imposibilitaron que el hogar de los Morazán Lastiri tuviese una vida sosegada y tranquila. Las discrepancias ideológicas, reflejo de los diferentes intereses económicos se resolvieron con la guerra. El Gobierno de Don Dionisio de Herrera, en el que Morazán se desempeñaba como Secretario General y Presidente del Consejo Representativo, se enfrentó con las autoridades federales, quienes enviaron sus tropas a Honduras y en abril de 1827 sitiaron la ciudad de Comayagua, la que fue decididamente defendida por sus pobladores.

Empero, el 10 de mayo de 1827, a las once de la mañana, entraron triunfantes Comayagua las tropas federales, comandadas por el Coronel José Justo Milla. Dionisio de Herrera, el Jefe de Estado legítimo de Honduras, fue capturado por los invasores y enviado para Guatemala. Lo sustituyó Cleto Bendaña, impuesto por el mismo Milla.

Morazán participó activamente en la defensa de Comayagua, arriesgándose consiguió víveres y atacó a las tropas federales. Estratégicamente, se retiró a Tegucigalpa donde logró reunir trescientos hombres. Al regresar a Comayagua se enfrentó nuevamente a las tropas de Millas en la hacienda La Maradiaga, y aunque salió victorioso, sus hombres quedaron sin municiones, se vieron obligados a retirarse hacia Tegucigalpa.

En Comayagua se quedó Doña Josefita y sus hijastros Travieso, la ciudad fue tomada por las fuerzas federales y fue víctima de un terrible saqueo. Entretanto Morazán se incorporó a la columna, al mando de Cleto Ordóñez, que el gobierno salvadoreño envió tardíamente en auxilio de Herrera. Cuando pasaron por la hacienda El Hato Grande gentes de Ordóñez asesinaron a su propietario, Miguel Madueño, sólo para apropiarse de sus bienes. Ante este hecho Morazán, indignado, se separó de la columna y solicitó garantías a José Justo Milla, quien mandó pasaportes para Morazán, Díaz, Marquez y Gutiérrez. Morazán creyó en la palabra del invasor, no así sus compañeros, quienes partieron para Nicaragua. Morazán se trasladó a Ojojona y ahí fue apresado y trasladado a Tegucigalpa, con irrespeto absoluto de la garantía concedida.

Logró huir hacia El Salvador, de ahí hacia la ciudad de León en donde se reunió Remigio Díaz, José Antonio Márquez y José María Gutiérrez, consiguió ayuda del Gobierno de Nicaragua, formó una pequeña pero aguerrida columna con la que se dirigió hacia Choluteca en donde se unieron otros hondureños que se habían levantado en contra de Milla, deseosos de batir a los invasores y de instaurar en el país un gobierno legítimo.

El 11 de noviembre de 1827 derrotó al ejército federal en la famosa batalla de La Trinidad. Al día siguiente entró a Tegucigalpa y el 26 de ese mismo mes llegó triunfalmente a Comayagua. Josefita pudo presenciar el júbilo popular con que fue recibido Francisco. Por falta del Jefe de Estado, el Consejo Representativo lo llamó a ejercer la primera magistratura, Diego Vigil fue nombrado Vice-Jefe .

Josefita y Francisco se reunieron tras largos y angustiosos tiempos. No pudieron disfrutar por un largo período de su nueva posición en la sociedad hondureña. Nuevas fuerzas federales volvieron a marchar sobre el Estado, y Francisco hubo de blandir de nuevo el sable. El 30 de junio 1828 se apartó de la Jefatura para dirigir del ejército estatal, a cuyo mando derrotó a los federales el 6 de julio en la batalla de Gualcho. Luego marchó hacia El Salvador, con el objetivo de auxiliar al Gobierno estatal, también enfrentado con las autoridades de la República.

Doña María Josefa recibía información de los triunfos de su esposo. Vencedor en el Combate de San Antonio, fue alegremente recibido en San Salvador el 23 de octubre. Prontamente partí hacia Guatemala en donde puso sitio a la ciudad para derrocar al Gobierno de la República. El 13 de abril de 1829 entro en la población depuso a las autoridades federales y asumió el mando supremo de la nación centroamericana. Días antes había sido elegido Jefe del Estado de Honduras por sus conciudadanos.

Para esas fechas Josefita contaba había alcanzado la edad de 37 años y se convertía en Primera Dama de Centroamérica por primera vez, estatuto que no ostentó por mucho tiempo pues en junio de 1829 Morazán entregó el poder a un gobierno provisional presidido por Don José Francisco Barrundia. Regresó a Honduras para tomar posesión de la Jefatura Suprema el 4 de diciembre de 1829.

En esta ocasión tampoco sería Primera Dama de Honduras por mucho tiempo pues en junio de 1830 Morazán fue elegido como Presidente de la República Federal para el período 1830-1834. En septiembre (16) del año de 1830 tomó posesión de ese cargo y Josefita se convirtió de nuevo en la Primera Dama de la gran nación centroamericana.
La convulsiva situación social de la región explota nuevamente en los primeros meses de 1832 y Morazán vuelve a comandar el ejército federal, esta vez contra el Gobierno de El Salvador. Vuelve triunfal a Guatemala en abril de 1833 y entonces solicita un permiso al Congreso de la Federación para retornar a Comayagua con Doña Josefita. Sin embargo este merecido descanso duró poco tiempo pues debió combatir de nuevo contra las autoridades salvadoreñas, ocasión en la que Morazán, Presidente de la Federación, salió herido. El jefe de Estado salvadoreño, Joaquín de San Martín y Ulloa fue derrotado.

El 16 de septiembre de 1834 finalizó el período de Gobierno del Presidente de la Federación, para entonces el candidato ganador de las elecciones, Don José Cecilio del Valle había muerto el 2 de marzo de ese año. Fue necesario efectuar nuevos comicios y el voto popular designó otra vez a Morazán como Presidente de la Republica.

El 4 de junio de 1835 Morazán tomó posesión de ese cargo en la ciudad de San Salvador, designada desde el año anterior como la nueva sede de la jefatura.

Transcurridos poco más de 10 años después de la emancipación centroamericana y de la constitución de la Federación se creía que Centroamérica había logrado consolidar el proyecto social de los demócratas de la región, sin embargo esta ilusión se desvaneció rápidamente. En el Estado de Guatemala estalló la guerra civil, provocada por el levantamiento del conservador Rafael Carrera y Turcios.

Para estas fechas Josefita se encontraba en estado de embarazo, a pesar de ello, Morazán tuvo que salir de San Salvador para hacer frente a los rebeldes. En 1838, mientras el Presidente de la Federación combatía a los conservadores liderados por Carrera, nación en San Salvador la única hija del matrimonio, bautizada con el nombre de Adela.

Francisco Morazán Quesada procreó cinco hijas e hijos fuera del matrimonio:
1. Con Rita Zelayandía de Ruiz, salvadoreña, tuvo a José Antonio Ruiz, nacido en Tegucigalpa en mayo de 1826 ( probablemente procreado en agosto de 1825, meses antes de su matrimonio con Josefita)

2. Con Francisca Moncada, hondureña, tuvo a Francisco Morazán Moncada, nacido en octubre de 1827 (probablemente procreado en enero de 1827), casado ya con Josefita
3. Con una señora Fuentes, en Guatemala tuvo otros dos hijos, Nicolás y Josefa
4. Con la Señora Teresa Escalante de Freer, Costarricense, tuvo a Dolores Freer, nacida el 2 de junio de 1843 (probablemente concebida dias antes del asesinato de Francisco Morazán)

Los dos vástagos mayores de Morazán fueron acogidos por Josefita. En la biografía de Francisco Morazán Quesada escrita por Enrique Guier nos relata:

…toleró a su lado dos hijos naturales del segundo marido, cuyos devaneos amorosos no desmentían sus vigorosas facciones masculinas. De uno de los hijastros pudo decir la joven esposa, lo que no fue en mi año no fue en daño. Pero del otro quizá no.

La última de las hijas de Josefita nacía en medio de las peores ciurcunstancias vividas por la Federación. Guatemala, El Salvador y el sexto, nuevo y efímero Estado de los Altos ( país creado durante la Repulbica federal en los años 30, cuya capital fue Quetzaltenango y ocupaba lo que actualmente es el oeste de Guatemala y parte de Chiapas, el cual se creó como respuesta a las diferencias políticias entre la Ciudad de Guatemala y Quetzaltenango, que era realista y no se independizó sino hasta el 2 de febrero de 1838, siendo reconocida por la Federación el 5 de junio de ese mismo año)se encontraban en plena guerra civil, mientras Nicaragua, Honduras y Costa Rica se separaban sucesivamente de la República.

En 1839, 1º de Febrero, Morazán finalizó su período presidencial y entregó el poder a su concuñado Don Diego Vijil y Cocaña, quien fungió como Vicepresidente de la Federación. Vijil, por su parte, nombró a Francisco como jefe del ejército Federal y en abril de ese año venció a las fuerzas combinadas de Honduras y Nicaragua en el combate del Espíritu Santo, donde sufrió una herida de consideración. Poco después fue elegido como Jefe de Estado de El Salvador, cargo del que tomó posesión el 11 de julio de 1839.

Josefita, en su calidad de Primera Dama de El Salvador, sufrió en el escarnio producto de los odios políticos de los conservadores centroamericanos. En septiembre de 1839, en ausencia de Francisco detonó una revuelta en San Salvador. Los rebeldes tomaron como rehenes a Josefa y a su familia para exigir al Jefe de Estado que abandonase su cargo.

Francisco respondió así:

Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder son para mí sagrados y hablan vehementemente a mi corazón; pero soy el Jefe de Estado y mi deber es atacar; pasaré sobre los cadáveres de mis hijos; haré escarmentar a mis enemigos y no sobreviviré un instante más a tan escandaloso atentado

El Jefe de Estado Morazán atacó furiosamente a los amotinados que fueron definitivamente derrotados. En su huida abandonaron a Josefita y sus hijos sin causarles daño. Penosamente para Josefa y los unionistas centroamericanos los combates continuaron y Morazán dispuso que su esposa y su familia abandonasen El Salvador y se trasladasen a Costa Rica.

Costa Rica era el único Estado Centroamericano en el que reinaba la paz. A principios de 1840 Doña María Josefa partió hacia ese país, embarcada en la goleta Melanie, una vez más se veía obligada por la historia, a separarse de su amado Francisco.

Una vez llegada a Caldera, la Primera Dama de El Salvador escribió al Jefe de Estado Braulio Carrillo:

El temor a la Revolución de los Estados de Honduras y El Salvador, me han obligado a abandonar mi país, y mucha parte de mi desgraciada familia, para buscar en cualquier punto un lugar donde vivir pacíficamente con el resto de mi familia que he podido traer conmigo; y atendiendo a la paz que goza este Estado, a las buenas circunstancias que lo caracterizan y a los consejos de muchos de mis amigos, me he resuelto a venir a pedir un asilo, segura de que su Gobierno protegerá la inocencia y permitirá internarme al punto que parezca más conveniente a mis circunstancias.

Carrillo le respondió a Doña María Josefa que ellas y los suyos podían asilarse en Costa Rica si aceptaban instalarse en la ciudad de Esparza, población aislada e insignificante por lo que Josefita rechazó la oferta. Zarpó en la Melanie hacia Nueva Granada y se estableció en Chiriquí.

Derrotado Morazán en El Salvador, abandonó ese país en compañía de su hijo José Antonio y de un grupo importante de partidarios. Se reúne con Josefita y su familia en mayo de 1840 en el poblado David, en donde escribió su célebre manifiesto.

Francisco partió hacia Perú en agosto de 1841 acompañado de varios de sus colaboradores, mientras Josefa permanecía en David. Morazán buscaba formar una nueva expedición hacia Centroamérica. A inicios de 1842 lograba regresar haciendo escala en Chiriquí para reencontrarse con su familia. Continuó su viaje hacia El Salvador, pero su gesta no tuvo eco en esa nación y retornó a Costa Rica, llegando a este país el 7 de abril de 1842.

Tras el pacto del Jocote, acuerdo efectuado el 11 de abril de 1842 a la sombra de un árbol de jocote, en Alajuela, Costa Rica, acordado entre Francisco Morazán y Vicente Villaseñor, a quien el Jefe de Estado Braulio Carrillo Colina había enviado con 700 hombres a rechazar la invasión. De conformidad con el pacto el ejército de Villaseñor se unió sin combatir con el de Morazán y éste fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica. Morazán entro triunfalmente a San José y el 12 asumió la Jefatura de Estado.

Al poco tiempo Josefita, que se encontraba en David, se informó sobre el nuevo estatuto de Morazán como nuevo gobernante de Costa Rica, se convertía así en la nueva Primera Dama de ese país a los 49 años de edad. Un barco fletado para retornarla a Costa Rica hizo posible que la familia Morazán Lastiri se reuniera nuevamente.

La popularidad de Morazán decayó rápidamente y la relación entre Josefita y Francisco pasaba por una nueva crisis debido a los amoríos de éste con Teresa Escalante y Ocampo de origen salvadoreño, casada con el británico William Freer Risk con quien tuvo una hija, María Ester de los Dolores Freer Escalante.

No habían transcurrido ni cinco meses cuando, el 11 de septiembre de 1842, se sublevaron los pueblos de San José y Alajuela, a fin de evitar la guerra con Nicaragua. En la capital la lucha fue sangrienta.

Josefita y su hija Adela, de cuatro años, se encontraba al lado de su esposo y padre, en el cuartel josefino. Salieron de allí para tratar de refugiarse en la casa de la fimia Escalante. Cayeron en poder de los sublevados y fueron conducidas a la casa de Antonio Pinto Soares, uno de los caudillos de la insurrección.

Más tarde, madre e hija fueron depositadas en custodia del Presbítero Don José Julián Blanco y Zamora, y por último el acaudalado cafetalero y comerciante Rafael Moya Murillo les ofreció hospitalidad.

Morazán abandonó San José el 14 de septiembre y ese misma noche fue capturado en Cartago y al día siguieren fue conducido de regreso a la capital, donde fue fusilado horas más tarde. Los sublevados querían asesinar a Josefita y sus hijos. A Morazán solo pudo acompañarle su primogénito Francisco Morazán Moncada.

Josefita se informó del fusilamiento de su esposo una semana después de los hechos, quien al conocer la noticia sufrió dolorosas convulsiones y llanto sin tregua.

Permaneció un tiempo en Heredia y luego se trasladó a El Salvador en la goleta Coquimbo, el 12 de diciembre desembarcaba en el puerto de La Unión para establecerse en Cojutepeque, en la pobreza. Los bienes heredados de sus padres y de los Travieso se disiparon en las campañas de Morazán. Murió en San Salvador en 1846, a los 52 años de edad.

Fuentes webliográficas consultadas:
1. http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Josefa_Lastiri_Lozano
2. http://en.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Josefa_Lastiri
3. http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Moraz%C3%A1n
4. http://es.rodovid.org/wk/Persona:111366
5. http://www.angelfire.com/ca5/mas/mor/mor010.html
6. http://www.historiadehonduras.hn/heroesyproceres/morazan.htm
7. http://www.sellosmundo.com/America/Honduras/sello_54478.htm
8. http://www.ihah.hn/FILES/PlanInterpretativoMuseo_CasadeMorazan..pdf
9. http://www.datuopinion.com/maria-josefa-lastiri-lozano
10. http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=morazan-francisco
11. http://www.latribuna.hn/2009/10/06/el-excelso-hijo-de-la-villa/
12. http://www.historiadehonduras.hn/presidentes/franciscomorazan.htm
13. http://es.scribd.com/doc/56588268/Documentos
14. http://www.angelfire.com/ca5/mas/mor/mor019.html
15. http://www.hechoshistoricos.es/html/eventos1792.html
16. http://translate.googleusercontent.com/translate_c?hl=es&prev=/search%3Fq%3D1792%26hl%3Des%26biw%3D969%26bih%3D138%26prmd%3Dimvns&rurl=translate.google.hn&sl=en&twu=1

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