Estudios de la mujer Blog de Anarella Vélez

04/04/2009

Poniéndole el cascabel al gato: Del amor libre anarquista a las prácticas sexuales contrahegemónicas[1]

Filed under: Uncategorized — anarellavelez @ 18:56

Leonor Silvestri
leocatlove@gmail.com
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Deseo para todos lo que deseo para mi: la libertad de actuar, de amar, de pensar.

 

 Es decir, deseo la anarquía para toda la humanidad


America Scarfó (1928- Carta a Armand)

 

 

Hay una hermosa cita asociada a Kafka que yo relaciono con la construcción de los modos del ser –al fin de cuentas, ese es el tema de este brevísimo trabajo- que dice: “los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí.”

Como creo que no puede haber escisión entre praxis vital e ideas, comenzaré hablando de mí, porque lo que conforma parte de lo que la sociedad llamaría “mi vida privada” es en realidad una apuesta política fuerte contra el orden establecido de las cosas[2], el cual espero sea destruido en algún momento mediante el accionar de otras individualidades como yo. Y comienzo con este tono autobiográfico porque me parece que no hemos de superar los textos y las producciones de estudiosos como Foucault, Preciado o Butler en cuanto a sexualidad, pero que si ya es hora de ponerle el cuerpo, literalmente, al asunto, y dejar de jugar a las escondidas con la sexualidad, siendo como es que la división por sexos, la calificación por expresiones de género, y el ejercicio de la sexualidad que de allí se desprende como “natural” son al menos uno de los pilares donde el sistema se apoya firmemente reproduciendo el sistema que tenemos hoy.  Mi  inserción de lucha es la vida, cada pequeño instante, contra toda manifestación del poder, conciente o velada, que nos sujete a los modelos identitarios del “Soy esto”, incluso al de la “buena anarquista”, para girar hacia “hago esto”; porque la transformación de todo el sistema en el que vivimos no es sin transformación individual, sin crítica interna a todo lo previamente aprendido que conlleve una acción.

Sin embargo, no es mi interés prescribir cómo se debería vivir en una sociedad anarquista futura, sino tratar de encontrar hic et nunc, a partir de mi propia experiencia personal basada en la intersección con otras individualidades, maneras de subvertir, desmantelar y destruir el sistema en lo que a mi más me concierne (por gusto personal) y más me interpela[3].

Me llamo Leonor. Tengo 32 años. Tengo sexo con mujeres desde los 12 años, y con varones desde lo 15. Tengo tres amantes varones, y una amante mujer, no todas estas personas viven en mi ciudad, mi relación más larga lleva 8 años, y esa persona es la única a la que yo llamo familia (junto con mis gatos), y deseo que las otras 3 también algún día lo sean, pienso que caminamos hacia la afinidad. Y “tengo” en este contexto no significa tener un coche, una casa, o un par de zapatillas; significa entregar mi vida (mi cuerpo) a otras personas con todas nuestras contradicciones y falencias. Estas 4 personas saben de las otras, algunas de ellas se conocen y a su vez son amantes entre ellas.

Cojo todo lo que puedo, con toda persona que me gusta y quiere coger conmigo. Y sin embargo, quienes me conocen saben que soy cualquier cosa menos amiga de las sonrisas, cual Venus, amable o simpática. Mi idea no es la de la chica liberada siempre dispuesta, sino la de la militante que hace de su concha una barricada porque sabe que, en parte, esa vulva es una de las mejores cosas que supo conseguir. Coger para mi no es simplemente la penetración, aunque ser penetrada, por el cuerpo, los puños, dildos, vibradores, como así también penetrar a mis amantes es algo que solemos practicar con extremo placer. Conversamos mucho de sexo, fantasías y deseos, tanto como de política u otros temas en torno a los cuales lxs activistas se congregan. Siempre que puedo, además, trato de tener sexo grupal (en especial no en boliches swingers), además de prácticas Sado/Maso[4] de todo tipo: disfruto siendo sumisa o sometiendo sexualmente a otros con toda clase de perversiones, algunas de las cuales incluyen ya sea dolor, o humillación de algún tipo[5].

Concibo el S/M como una obra de arte que es tanto más excitante cuando más prohibida es, como un juego, ni una verdad ni una naturaleza:   el punto más extremo de la experiencia sexual, cuando el sexo se vuelve más puramente sexual, más apartado del amor, del reduccionismo anatómico y de la disciplina romántica; la quintaesencia del sexo sin fines reproductivos: crear placer de extrañas formas para subvertir el orden, resemantizar y resignificar -hasta darle placer a incluso aquellos elementos de nuestra sociedad que nos restan libertad (por ejemplo, los celos, restos de la propiedad privada y de feudalismo sobre los cuerpos y las subjetividades que son coaccionadas por el amor romántico). Mis prácticas S/M muchas veces parodian políticamente las sexualidades hegemónicas: una herramienta para destruir la familia, la sexualidad convencional y el género. Me deshago y me desprendo  de todos los caducos estereotipos de la feminidad. El S/M me demostró que el poder no es una cosa, ni una propiedad de las cosas ni de las personas, sino de las relaciones: no hay poder si alguien no lo (con)cede previamente. Y me ayudó a entender que el poder no es una cosa material, a no confundirlo con el ejercicio de la violencia.

  Ni mi cuerpo ni mi sexualidad me dan pudor, y la masturbación, el exhibicionismo, la sexualización del espacio público, y el autoerotismo es un espacio privilegiado de mi vida sexual. Mi vida está, como la de muchxs, llena de contradicciones a superar, pero no de dobles discursos, falsas consciencias, o hipocresías.

No suelo encontrar en el movimiento anarquista (y solo hablaré de ellxs porque lxs otrxs militantes o movimientos son aún peor en lo que respecta a sexualidad) ni amantes ni afines sexuales, pero eso no me sorprende, no suelo encontrar en el movimiento anarquista, más allá de alguna honrosa excepción, más que la reproducción misma de lo que queremos abolir, o se suponía que algunxs queríamos: matrimonios adolescentes que tuvieron un hijo por un descuido y ahora cargan con eso, noviazgos largos con sexualidades insatisfactorias y romanticoides donde ella siempre cree en una noción tan esclavizante y restrictiva para su propia libertad y emancipación como “amor eterno” y donde él es capaz de decir cosas tales como “podemos hacer lo que quieras pero que ella no se entere porque la dañaría”, moralistas de toda índole, esencialistas de todos los colores que sostienen la maternidad como destino de la mujer, parejas desiguales con roles de género establecidos, sexualidades penetrativas y reproductoras, individualidades que creen que la igualdad es pegarle a la novia, etc.

El panorama es, por decir algo, desolador. Ni siquiera estamos donde nos había dejado la anarquista Emma Goldman a principio del siglo pasado que nos recordaba que el amor no puede sino ser libre, que el amor muere con el matrimonio, y que si por algún misterio sobrevive tras casarse, no era por el matrimonio. Claro que Emma se refería a las heterosexuales en una época donde era virtualmente imposible que una mujer, o incluso un varón, evadieran su responsabilidad cívica y social de contraer nupcias e ingresar, de ese modo, al sistema de producción y reproducción del capitalismo al cual la anarco-feminista se oponía. Y la realidad es que hoy no hay ya mucha diferencia entre pasar por la iglesia o registro civil y convivir con lazos de pareja símil matrimonio, aunque nos queramos auto-engañar. De hecho la pareja, aunque sea una pareja que se elige mutua y libremente sin estar estatalmente bendecida – como pensaba Emma Goldman debía ser el vínculo entre dos seres humanos que se aman-, es una institución en sí misma que presupone siempre que lo más deseable es no estar sola. Es más, nos enamoramos (es decir, sufrimos la catexia) de la libertad pero lo primero que nos exigen y exigimos es seguridad, que claramente no existe, repitiendo el modelo de no seré feliz pero tengo marido (o marida) y olvidamos que las parejas cerradas también corren riesgos de que mañana esta historia no continúe. Olvidamos que las relaciones abiertas cuestionan la monogamia, un modelo que, como es de público conocimiento, es muy reciente (alrededor de 200 años) y que surge de la mano y al servicio del capitalismo. De hecho, en línea con Armand ni la pareja ni la familia son aptas para “desarrollar la concepción anarquista d e la vida. La familia es un Estado pequeño hasta cuando los padres son anarquistas…”. Tal como escribiría Rossi, periodista de La Comuna Socialista a finales del siglo XIX y que logró asentar el proyecto anarquista comunal en Brasil llamado Colonia Cecilia “Cambiemos los ritos y los nombres cuanto queramos,… pero mientras tengamos un varón, una mujer, unos hijxs, una casa, tendremos una familia, es decir una pequeña sociedad autoritaria, celosa de sus prerrogativas…” Como vemos, hemos retrocedido bastantes casilleros cuando nuestrxs anarquistas hoy ya no tienen como preocupación temas tales como formas alternativas de alimentación, el arte y desde ya la sexualidad.

Pero que se comprenda, esta exploración de las relaciones abiertas y todas las prácticas sexuales contra-hegemónicas no significa experimentar una suerte de goces en secreto y volver a casa incólume a fingir que nada ha pasado, ni convencerse con la sexóloga Alessandra Rampolla de que “todo es normal”, sino más bien lo contrario, importa lo “anormal”. Tampoco se trata de emular los pactos swinger que refuerzan la idea de pareja, un dos indisoluble donde las mujeres suelen ser utilizadas como moneda de cambio para acceder a nuevos bienes, es decir otras mujeres y donde los juegos eróticos entre ellas están enfocados al calentamiento del compañero solamente.

Se trata más bien de relaciones impensadas que se proponen reordenamientos sociales subversivos y rebeldes que tal vez ya se estén intentando, aquí ahora, placenteros, felices, y amenazadoramente radicales contra la moral normativizadora que se da en el interior de la comunidad misma, y reproduce los modelos de reorganización del sexo de la familia tradicional burguesa heterosexual, sin ser consciente de ello, en una especie de falsa conciencia de género. Porque, además “el amor también puede consistir en querer, por encima de todo, la dicha de quien se ama” o acaso no decía ya Bakunin que nuestra libertad se multiplica con la libertad de lxs otrxs. En el amor, como en todo lo demás, “solo es la abundancia lo que aniquila los celos y la envidia”, Armand dixit.

Pero como soy consciente de  que “decirle que sí al sexo no es decirle que no al poder”, convertirse en una insurrecta sexual no se trata de levantar las barreras a la ebullición de las pulsiones reprimidas, en una búsqueda incesante de tantos amantes como personas deseables encuentro a mi paso. Por el contrario, se trata de una intensificación de los placeres, nuevos modos de amar, nuevas relaciones eróticas que resistan el disciplinamiento de la sexualidad e incrementen los placeres y goces para intervenir corporalmente sobre la realidad y transformarla. Una resistencia eficaz a la productividad heteronormativa que se ha metido en nuestras vidas con nuestro beneplácito y nos ha privado de vidas amatorias más excitantes, más extremas, de más riesgo para lograr una contraproductividad, que juegue deliberadamente en las superficies de nuestros cuerpos con formas o intensidades de placer y fruición no abarcadas, por decirlo así, por las clasificaciones autoritarias que hasta ahora nos han dictado autoritariamente qué es el sexo y cuál su sexualidad, y han invisibilizado a qué fines responde(mos) cuando decimos “es natural”.

La propuesta es pensar el cuerpo (y ciertas perversidades) como lugar de resistencia contra la construcción biopolítica, reclamando formas de hipersexualización de las funciones sexuales en total ruptura con las formas tradicionales del feminismo standard, deconstruyendo sistemáticamente, no solo el deseo sino las prácticas sexuales del sistema de género hegemónico, y el sistema de género entero. Porque la sexualidad puede ser una posibilidad de creación artística, resistente al cuerpo heterosexual y la heteronormatividad, que responde a la división del trabajo de la carne donde cada órgano es definido biológicamente como (varón/mujer)[6]. Para colmo de males, el binarismo sexual es un aparato ideológico del Estado que, como construcción social, produce una ficción cuyo objetivo es falsificar diferencias económicas, políticas, ideológicas como hechos naturales, y de ese modo, perpetuarlas. A través de la repetición de esta noción contingente, como así también de toda otra noción sobre las que se asienta “comodamente” el mundo que hasta ahora hemos conocido (familia, propiedad, trabajo, et cetera), se logra la encarnación de las normas hegemónicas en cuerpos e identidades que se presentan como hechos naturales (biológicos)[7].

En cambio, la contraproductividad, placer-saber, excitación permanente que nos haga salir de la cadena productora -reproductora (llámense hijos, llámense prácticas, llámese relaciones, o cosas), siempre siendo conscientes de que no hay sexualidades puras,- ni contrasexualidades puras-, pero lo que si puede haber es incomodidad y resistencia, y que la sexualidad no es ese terreno innombrable y menor, natural y meramente inconsciente o peor pre consciente, sino el dispositivo por donde emerge el poder con gran potencia en su estado más naturalizado. De allí la necesidad de una plena consciencia sexual (una insurgencia), sexualizando la totalidad de la superficie del cuerpo, fetichizándolo todo, y desidentificando los órganos reproductores con los órganos sexuales (tarea fácilmente realizable para la mujer que sabe desde mediados de los 50, contra la vulgata reaccionaria, y gracias a la investigación de Masters & Johnson que el único orgasmo posible es el del clítoris que no forma parte del aparato reproductor).

Y, lamentablemente, esta praxis de resistencia, este aprendizaje sexual de autoconocimiento, construcción y erotismo que desea redundar en una mayor riqueza libidinal y en la destrucción de los tabúes sociales, indicadores del grado de represión socio-ideológica y testimonio de la alienación humana, no será llevada adelante sin esfuerzo, sin conciencia, sin apoyo mutuo de otras individualidades y especialmente sin voluntad para deshacerse de los privilegios de género que claramente producen opresiones y exclusiones. Es menester que entendamos que el sexo no es una pulsión natural, ni un órgano tal o cual ni como práctica, sino, siguiendo siguiendo a Preciado y a Foucault, una tecnología de dominación heterosocial que reduce el cuerpo a zonas erógenas en función de una distribución asimétrica del poder de los géneros y sus expresiones y disciplinas, como dijimos antes. El sistema heterosexual como orden político, en palabras de Wittig, divide y fragmenta el cuerpo identificando zonas como centros naturales de la diferencia sexual. Los roles y las prácticas que se atribuyen a los géneros masculinos son un conjunto arbitrario de regulaciones inscritas en los cuerpos que aseguran la explotación material de un sexo sobre otro privilegiando el pene (cierto tipo de pene con ciertas medidas y para ciertas practicas y no otras) como lugar privilegiado del intercambio sexual, y restando desde ya, creatividad, y como no, placer, a un refugio de nuestra libertad, siendo ciertas perversidades, en una opinión un poco apresurada, un bastión de resistencia, porque cita descontextualizadamente, improductivamente a una sexualidad otra que desenmascara a la sexualidad disciplinatoria como ideología heterocentrada.

Por eso, sin una profunda auto-emancipación de todos los presupuestos sexuales, de género, genitales, naturalizados en nuestros cuerpos,  la opresión, el autoritarismo y las dominaciones persistirán. Opongo entonces mi cuerpo, mis prácticas sexuales contra-hegemónicas, mi forma de expresar. Ni binarismo sexual, ni binomio sexo/género, ni sexualidades (hetero)normativizantes de cuyas lógicas se desprenden las inequidades, las desigualdades, la división del trabajo y sus tareas

¿Díficil? Ciertamente, como todas las luchas. ¿Imposible? De ningún modo. Sin duda las sexualidades contrahegemónicas y las relaciones y vínculos de afinidad que ellas concitan son deseables y necesarios para vivir hoy como nos gustaría vivir mañana.


 

 


[1] Una versión preliminar de este trabajo fue presentado en Al filo de la anarquía en Noviembre de 2008.

[2]Uno de los significados de la existencia humana es no aceptar nada como definitivo, obvio, inamovible. Ningún aspecto de la realidad debe ser definitivo o una ley para nosotrxs.” en History of the Present 4 (Spring 1988), 1-2, 11-13. Entrevista a Michel Foucaul por   Michael Bess. La traducción es propia.

 

[3] Aquello que es bueno lo definimos nosotrxs, lo practicamos y lo inventamos, y es un trabajo colectivo.”, Foucault, op. cit.

 

[4] Si bien las conductas sexuales sadomasoquistas han sido tipificadas por la psiquiatría a partir de modelos literarios de Sade y Sacher Massoch, no utilizó la expresión sadomasoquista porque concibo la sexualidad y en especial esta práctica como un juego, más que como una identidad fuerte que me define y prescribe mis conductas. El S/M, en cambio, como subcultura es una herramienta de lucha.

[5] En la jerga de la subcultura S/M las personas que ejercen la sexualidad como yo son llamadas “switch” por su capacidad de ocupar uno u otro rol indistintamente. En mi opinión si el poder es definido como la habilidad de que alguien haga lo que queremos, la parte sumisa, a través de la estrategia y la seducción, logra que la parte dominante haga lo que la parte sumisa quiere que le obliguen a hacer. Disfruto sexualmente esta complejidad que desdibuja la posesión del poder en el intercambio sexual. Por otra parte, si se cree que se ha de descubrir la propia identidad o rol sadomasoquista y que esta identidad o rol ha de erigirse en norma, principio y pauta de existencia; si la pregunta constante es “¿Actúo de acuerdo con mi identidad?”, entonces se retrocede a la ética del modelo heterosexual hegemónico, por eso el S/M switch es una potencia de radicalidad no una esencia. Lxs amantes anarcoperversxs se ceden el poder mutuamente a sabiendas de que son guiadxs por una ética amatoria que no redundará en un uso indebido y autoritario de esa entrega. La libertad no se pierde. Nuestra libertad se multiplica con la de lxs demás.

[6] Cf. Beatriz Preciado, Manifiesto Contrasexual.

[7] En vez de pensar la identidad como qué se es, es menester pensar entonces qué procesos de dominación nos han llevado “yo soy esto” para poder dinamitar el binomio varón/mujer como dice la filosofa transgénero Beatriz Preciado y así afirmar la multiplicidad infinita de sexos e identidades inclasificables. El varón y la mujer son construcciones culturales basadas en principios visuales y anatómicos (estéticos en última instancia), elevado a la categoría de verdades naturales universales, que excluyen, como patológicos y anómalos, a quienes no encajan con las categorías abstractas formadas a priori no a partir de las singularidades sino de presupuestos ideológicos que responden a un sistema de producción determinado.

 

 

 

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7 comentarios »

  1. que interesante esta este texto es muy segura de si misma , y nos demuestra a todas que debemos dejar a un lado el machismo ,me encanta como lleva y resuelve su vida ,lastima que aveces no disfrutamos nuestra sexualidad por nuestros miedos.

    Comentario por maira yamileht morales euceda — 12/07/2009 @ 01:01 | Responder

  2. Leonor es una persona muy abierta y la verdad el leer su vida te sorprende ya que es una mujer sin pena para decir las cosas eso es una virtud. la sexualidad es sin duda algo que trasciende hoy en dia estamos viviendo en una sociedad donde el sexo esta por todos lados lastima que para mal por que el sexo es algo bueno por que Dios lo dejo, pero estamos fallando por nuestra ignorancia ya que no sabemos hablar abiertamente del sexo por esos niños, jovenes estan descubriendolo por el lado malo y antes de tiempo, leonor es un ejemplo de expresion y ojala todos sin pena hablaran del sexo para asi otros no cometieran tantos errores.

    Comentario por Isbela Estrada cuenta:20081000546 — 23/04/2009 @ 05:07 | Responder

  3. me encanta esa forma de pensar,en mi caso me considero una persona un poco libre pero me gustaria tener esa libertad de ver la vida de esa forma”verdaderamente LIBERTAD”A Leonor la admiro muchisimo y la felicito por su gran.de verdad muchas FELICIDADES.att.MabelMerlo.20081005701

    Comentario por Ingrid Merlo — 17/04/2009 @ 00:34 | Responder

  4. Que forma mas interesante de ver la vida de Leonor, en realidad estoy bien sorprendida porque lastimosamente en este pais en que vivimos si a, X o Y personas le ven a uno una aptitud asi como la de leonor ya rapidito la jente lo critica y si es posible lo tiran a la calle, parese mentira que se den este tipo de cosas; pero a la vez es bien interesante la manera de vivir el SEXO, porque disfrutas de todo lo maravilloso que DIOS nos ha dado.
    pero en este mundo somos libres de pensar, actuar y expresar lo que sentimos en todo momento.

    Comentario por Rosa Maria Ferrera Barahona Nº cta: 20081000559 — 16/04/2009 @ 21:27 | Responder

  5. Dra esta interesantisimo este espacio en el que a escrito Leonor mas que todo porque lo a basado en sus expereiencias propias y maneras de pensar sobre la vida y la sociedad misma….me parese curioso el hecho de como las personas a pesar de que vivimos en una sociedad supuestamente con una mentalidad un poco mas abierta se impactan todavia por lo mencionado anteriormente por Leonor y en algunas sircunstancias ni tansiquiera saben como reaccionar a tales polemicas!!! pero todos somos libres de expresar lo que sentimos en todo momento.
    att: Ana Marcela Peralta C. 20082400019
    FECHA 11/04/09 ” Poniendole el cascabel al gato”

    Comentario por Ana Marcela Peralta Carbajal 20082400019 — 11/04/2009 @ 06:21 | Responder

  6. Que manera mas interesante de ver la vida la de Leonor!!! la verdad yo soy de las personas que piensa que para poder disfrutar de todo lo maraviloso que Dios nos a dado ay que aprender a expresarnos libremente y defender a capa y espada aquello que consideramos fundamental en nuestras vidas, nunca dejar que otros opinen sobre aquello que es correcto o no para nosotros pues afinal cada quien es el arquitecto de su propia vida…..y con respecto a la sexualidad es lo mismo todos somos seres humanos y el hecho que no compartamos las mismas prefencias sexuales que otras personas o sus ritmos de vida no quiere decir por eso que no se tome encuenta su sabia opinion o sus criticas constructivas para la sociedad en general…!! att: Becky Pamela Peralta C. 20070007416
    fecha 11/4/09 “Poniendole el cascabel al gato”

    Comentario por Becky Pamela Peralta Carbajal 20070007416 — 11/04/2009 @ 06:10 | Responder

  7. Leo (perdon la confianza)

    Muy interesante tu manera de vivir el sexo. En mi interior algo así quiere aflorar, espero poder incursionar como tu en un camino de autoconocimiento y descubrimiento del universo sexual humano.

    Muy buen trabajo.

    Desde uruguay, Alejandro

    Comentario por mapacheuy — 06/04/2009 @ 22:49 | Responder


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