*** 8 de marzo: celebrando el Día Internacional de la Mujer, reivindicando a Visitación Padilla, demócrata y feminista
Anarella Vélez
Visitación Padilla es, sin lugar a dudas, una de las mujeres de mayor protagonismo político y social en la primera mitad del siglo XX de nuestra nación. Nació en Talanga, departamento de Francisco Morazán, el 2 de julio de 1882, en plena Reforma Liberal. Se educó bajo el cuidado de Guadalupe Reyes, conocida y sobresaliente maestra en su tiempo, declarada seguidora del pensamiento y obra de Ramón Rosa, lo que, sin duda alguna, propició su formación intelectual y política para desenvolverse con propiedad en el ambiente culto de las/os escritoras/es de su tiempo.
Conoció a las/os pensadoras/es latinoamericanos y del mundo de entonces. Este es el caso del escritor, diplomático y político socialista argentino Manuel Ugarte, cuyo pensamiento signó la visión del mundo de Visitación, y gracias a la obra divulgadora de Ugarte, las corrientes del pensamiento más crítico de principios del siglo XX circularon por los diversos ámbitos de América Latina.
Hacia 1907 y 1910 se desarrollan dos encuentros internacionales que van a tener una gran influencia en la historia de las mujeres del Mundo. Se desarrolla el VII Congreso de la Segunda Internacional, en la ciudad de Stuttgart. A la convocatoria de este organismo internacional respondieron con su presencia Manuel Ugarte, Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, entre otros revolucionarios de ese tiempo.
En el mencionado Congreso se debatieron temas de trascendental importancia: la posición ante una posible guerra mundial, la actitud ante el colonialismo y los problemas de la mujer trabajadora, así como otros posicionamientos que se propagaron por América Latina. Se tomaron resoluciones que han trascendido en las distintas latitudes del planeta, fue en el marco de la II Internacional que se estableció al Primero de Mayo como el día del trabajador y al 8 de marzo como la fecha de la mujer trabajadora.
Visitación conoció las ideas de Ugarte, que se destacaban entre las más lúcidas del momento: para el caso, logró esclarecer el carácter destructor del imperialismo para los países hispanoamericanos y, en ese mismo sentido, avizoró el carácter reaccionario jugado por las oligarquías nativas asociadas al capitalismo extranjero. Comparaba las dos Américas y concluía que sólo la Unión de los pueblos del sur les permitiría hacer frente a las grandes potencias que desde ya hacían gala de sus apetencias territoriales o económicas sobre estas naciones.
Para este político argentino, el latino-americanismo debía tener una impronta nacional que opusiera resistencia al imperialismo anglosajón, perspectiva de la que se apropia brillantemente Visitación y la aplica al análisis de la realidad hondureña.
En Honduras se conocen las experiencias de las otras mujeres del continente. Durante las tres primeras décadas del siglo XX las latinoamericanas lograron crear organizaciones autónomas de índole social y política. Si bien es cierto que la independencia del movimiento feminista de aquella época no poseía el mismo carácter que el de las actuales organizaciones de mujeres, no deben descalificarse los esfuerzos de aquellas mujeres por procurarse una estructura organizativa autónoma.
En la mayoría de los casos, el movimiento autónomo de mujeres tuvo como finalidad inmediata reafirmar el papel de la mujer en la sociedad, al luchar por sus derechos cívicos y culturales. La implementación de ese objetivo adquirió diversas modalidades en cada país latinoamericano. A inicios de la década de 1920, se fundó en Cuba el Club Femenino, con miras a conquistar los derechos igualitarios de la mujer; en 1928 se creó la Unión Laborista de Mujeres para resistir a la dictadura de Machado y luego la Alianza Sufragista. En Ecuador una de las primeras organizaciones de mujeres, el grupo “Rosa Luxemburgo”, tuvo una conformación más proletaria al estar integrado por trabajadores agrícolas y participar activamente en la primera huelga general de Guayaquil (1922); en 1920 se organizó el Frente Femenino Anticlerical y la Alianza Femenina, dirigida por Nela Martínez.
En Venezuela, las mujeres combatieron a la dictadura de Gómez a través de la Agrupación Cultural Femenina (1934); una vez muerto el tirano, esta Agrupación y la Asociación Venezolana de Mujeres convocaron al Primer Congreso de Mujeres que demandó profundas reformas al Código Civil. En Puerto Rico se fundó, en la década de 1920, la Asociación Feminista Popular, presidida por Franca de Armiño, líder tabaquera de la Federación Libre de Trabajadores.
En Perú, María Jesús Alvarado creó en 1915 el grupo “Evolución Femenina”, y en Bolivia fue fundada en 1927 la Federación Obrera Femenina de La Paz. En la Argentina las mujeres anarquistas y socialistas promovieron sus primeras instancias organizativas, entre las que debe mencionarse la Unión Gremial Femenina, integrada básicamente por proletarias; el Centro Socialista Femenino y el Consejo Nacional de Mujeres. Un paso superior de organización más autónoma fue la Unión Feminista Nacional (1918), cuyos objetivos eran la emancipación civil y política de la mujer, la elevación de su nivel cultural y el derecho a percibir igual salario que el hombre por el mismo trabajo. Luego, se creó la Liga de los Derechos de la Mujer, presidida en 1922 por Julieta Lanteri Renshaw, quien afirmaba en una de sus cartas: “arden fogatas de emancipación femenina, venciendo rancios prejuicios y dejando de implorar sus derechos. Estos no se mendigan, se conquistan”
Es evidente que Choncita Padilla conocía estas iniciativas. Su inteligencia, ánimo y capacidad la convirtieron en una de las principales dirigentes de los movimientos sociales de su época en contra de los regímenes dictatoriales y sus agentes. Destacó en su lucha por la construcción de una democracia auténtica. Exaltó a través de sus escritos las cualidades de sus semejantes, comunicando a su vez las propias convicciones. En su artículo de bienvenida a Ángel Zúniga Huete, quien regresaba a Honduras después de un obligado exilio de 16 años, hace referencia a su calidad de “héroe del martirologio morazánida, centinela de los principios más avanzados de la República, que se mantiene firme en la roca del honor y el deber”. En esa ocasión escribe como miembra del Frente Femenino Pro Legalidad, de la que fue militante activa y creativa, desde donde luchó -junto a Dolores Fiallos de Reina- en contra de la dictadura imperante.
Tenaz lectora, abrevó en las fuentes del pensamiento más avanzado y crítico de su tiempo. Así obtuvo las armas teóricas para enfrentar con valor y decisión las amenazas de sus adversarios de las que fue objeto a lo largo de su vida. Con talento y convicción nada comunes defendió todo aquello en lo que creía. Cumplidos los 62 años, alentó con sus escritos la lucha por el derecho a la libertad, siendo integrante del Comité Pro-Liberación de los Presos Políticos que organizó sendas manifestaciones de solidaridad con aquéllos el 29 de mayo y el 4 de julio de 1944.
Sin lugar a dudas, incidió en el proceso formativo del movimiento social hondureño. Contribuyó activamente a la organización de las mujeres, en todo el territorio nacional, a través de la SociedadCultura Femenina Hondureña (1926). Por iniciativa suya, ésta se afilió a la Federación Obrera Hondureña, lo que significó para esa organización una mayor beligerancia política. Muy tempranamente escribió sobre el feminismo en Honduras y el mundo. Por su compromiso político, sufrió allanamientos y persecución, particularmente por sus denuncias desde El Frente Femenino Pro-Legalidad.
Se convirtió en pionera indiscutible y la más combativa defensora de los derechos civiles y políticos de la mujeres de su tiempo. No está de más reconocer que los desacuerdos que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales con diferencias políticas generaron un sisma al interior de la Cultura Femenina Hondureña. Así, aunque las socialistas apoyaban tácticamente las demandas sufragistas, también las consideraban enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las proletarias, lo que provocaba la desunión del movimiento.
Su trabajo social emprendido por Visitación fue sabiamente combinado con sus deberes como maestra: fundó jardines de niños, trabajó como catedrática de escuelas normales, fundó la primera Escuela Nocturna para Adultos, en beneficio de las trabajadoras domésticas, vendedoras ambulantes y del mercado, lavanderas y amas de casa. Asimismo, se esforzó por instruir a los primeros gremios de obreros que buscaban acrecentar sus conocimientos y asegurar su bienestar. Escribió el libro de lectura para niños, Azucenas, y el ensayo Pasatiempos e Historias de la Educación Pública Hondureña.
Su rica personalidad se refleja también en su actividad periodística. Fue columnista del periódico “El Nacional”; dirigió la revista “El Mentor Hondureño”, en 1913; fundó y escribió en la revista antialcohólica “Regeneración y Prosperidad”. Coherente con sus posiciones, se constituyó en ferviente defensora de la soberanía nacional, al lado de Froylán Turcios. En 1924 dejó constancia escrita de su repudio a la presencia de marinos norteamericanos que habían ocupado Tegucigalpa bajo el pretexto de la guerra civil de ese año.
Fue así cómo Choncita denunció en las páginas del “Boletín de la Defensa Nacional” que esta ocupación constituía una afrenta a la soberanía nacional y que en realidad respondía al hecho de que Honduras era el primer exportador de bananos en el mundo, y la ocupación buscaba asegurar las grandes ganancias para la United Fruit Company y proteger los intereses económicos y políticos de Estados Unidos en la región. Ella misma, el 23 de marzo de ese fatídico año, proclama en las páginas del Boletín que su Dios Único es La Libertad.
La herencia social de Visitación: Las “chonas”.
En reconocimiento del modelo de vida de esta extraordinaria mujer hondureña, el 25 de enero de 1984 –durante la ”guerra fría”- fue fundado el “Movimiento de Mujeres por la Paz Visitación Padilla”.
Esta organización feminista ha cumplido 26 años. Como un fruto de las demandas y reivindicaciones de las “chonas”, la sociedad hondureña ha conocido la vida y obra de Visitación Padilla.
La historia registra como creadoras del movimiento a Alba de Mejía, Ana Murillo, Blanca Célea Barahona, Blanca Guifarro y Rina Villars.
Se reunieron para soñar y construir un feminismo horizontal, que ejercite mínimos comunes, alejados de las lógicas clasistas, racistas, heterocentristas e institucionales. No quieren un feminismo vaciado de contenido político crítico que subyace en la categoría de género, cuya complicidad con el capitalismo neoliberal pretende controlar y manipular sus espacios políticos, sus apuestas feministas, sus propios cuerpos, vidas y conciencias.
Una de las más recientes conquistas de las “chonas” ha sido la incorporación de un 30 por ciento de participación femenina en las planillas de candidatos a cargos de elección popular (aunque ellas insisten que si se trata de equidad, se debe demandar la mitad del poder para la mujer). Este movimiento cuenta ya con unas seis mil mujeres organizadas en todo el país.
Su actual coordinara, Gladys Lanza, dice que “las mujeres tenemos derecho a una vida plena que significa derecho a vivir sin violencia a tener mejores condiciones de educación, de salud, vivienda y oportunidades de trabajo”.
Las choncitas declaran que para ellas “ha sido un orgullo habernos mantenido unidas todos estos años, que han sido posible por el calor, el amor y la valentía de muchas mujeres que buscamos realmente ser humanos con todos los derechos”.
La organización propugna por la práctica de un feminismo respetuoso de la diversidad del movimiento de mujeres, que no es homogéneo, ni constituye un cuerpo de ideas cerrado –ya que las mismas posturas políticas e ideológicas que abarcan toda la sociedad, se entrecruzan en sus distintas corrientes internas– podemos decir que éste es un movimiento político integral contra el sexismo (ver Sexo y género) en todos los terrenos (jurídico, ideológico y socioeconómico), que expresa la lucha de las mujeres contra cualquier forma de discriminación. Así honran la memoria de Visitación.
Finalmente, creo que debe ser motivo de creciente optimismo que la vida y obra de Visitación Padilla, su correspondencia, sus escritos, ya están siendo materia de estudio entre las diversas agrupaciones sociales del país. Para todas nosotras debe constituir, asimismo, un legado valioso y ejemplarizante, tanto para las escritoras en ciernes como para toda/o hondureña/a que forja, días tras día, su temple como demócrata.
El 12 de febrero de 1960 -hace exactamente 50 años- falleció en la ciudad de Tegucigalpa. Esta personal conmemoración es también un público reconocimiento a la UNAH por haber declarado este 2010 como “El Año deVisitación Padilla”.
