Es un hecho, que las Conferencias Mundiales sobre la Mujer han contribuido a situar en un primer plano de acción y debate, la realidad de las mujeres y han resaltado que es necesario avanzar hacia una igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres para continuar el proceso de desarrollo. En definitiva no hay desarrollo sin igualdad.
Este proceso impulsado desde una perspectiva internacional y liderado por Naciones Unidas ha implicado a los distintos gobiernos para que tomen medidas que contribuyan a alcanzar esta igualdad.
Por lo tanto tenemos ya dibujados dos niveles de acción transformadora a los que debemos prestar atención: por un lado la perspectiva internacional liderada desde Naciones Unidas y por otro la perspectiva regional o estatal.
Mirando desde una perspectiva internacional, vemos como desde la primera conferencia mundial de la mujer en 1975, se inicia todo un proceso interno dentro de Naciones Unidas, para promover la igualdad entre mujeres y hombres.
De hecho es parte de la resolución de esta primera conferencia, la puesta en marcha de dos de los organismos más potentes en la lucha por el avance de las mujeres: El INSTRAW, Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer, y UNIFEM, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer.
El INSTRAW, tiene como misión la investigación, capacitación y gestión de conocimiento en alianza con los gobiernos, el sistema de las Naciones Unidas, la sociedad civil y la academia, para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.
UNIFEM, es el Fondo de Naciones Unidas encargado de dar asistencia técnica y financiera para promover la igualdad. Sus cuatro objetivos estratégicos son:
I. Reducir la pobreza y la exclusión de las mujeres.
II. Poner fin a la violencia contra las mujeres.
III. Reducir la propagación del VIH/SIDA entre mujeres y niñas.
IV. Apoyar el liderazgo de las mujeres.
UNIFEM colabora con los distintos países en la formulación y aplicación de leyes y políticas destinadas a eliminar la discriminación y a promover la igualdad de género; también promueve la transformación de las instituciones para que se incluya la igualdad de género en sus políticas y se respeten los derechos de las mujeres.
Un poco más tarde en 1979 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, este documento constituye la Carta Magna de los derechos de la mujer, y fue el primer instrumento legal que definió la discriminación contra la mujer, de una manera integral, aludiendo a las libertades fundamentales en todos los ámbitos de la vida social, política, económica, cultural, en definitiva en cualquier esfera de la vida.
Por primera vez se señala como discriminación, el menosprecio por razón de sexo que suponga un menoscabo o anulación de la mujer.
Destacar también que la Convención exige a los gobiernos que eliminen la discriminación de las mujeres, no sólo en la esfera pública sino también en la esfera privada, señalando la necesidad del avance en la educación de las mujeres para lograr su pleno desarrollo.
Sucesivamente en cada conferencia mundial se han ido reforzando por un lado los propios organismos de Naciones Unidas, y por otro introduciendo en la agenda política de los gobiernos la necesidad de adoptar medidas legales y estructuras que velen por el cumplimiento de los objetivos.
Sin embargo podemos decir que la culminación de todos estos esfuerzos se produce en la Cuarta Conferencia de Beijing y en el Foro paralelo de Organizaciones no Gubernamentales.
La Plataforma de Acción de Beijing ofrece no sólo un marco jurídico sino una verdadera guía para el avance social de las mujeres, para el fomento de un nuevo papel en la sociedad y para alcanzar en definitiva la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres.
Las exigencias para los gobiernos son muy altas, la Plataforma los hace los principales responsables de la aplicación de los objetivos estratégicos, para ello les recomienda tomar todas las medidas necesarias, asignar recursos e implicar a las organizaciones no gubernamentales en la consecución de los objetivos.
Señalaré aquí algunos de los objetivos estratégicos cuya puesta en práctica está transformando el papel y la vida de las mujeres.
La Plataforma prestó especial atención a la participación e implicación de la mujer en su propio desarrollo y en el desarrollo humano global. Para conseguirlo uno de los objetivos estratégicos más importantes es la educación y la capacitación de las mujeres. Los gobiernos deben asegurar el acceso de las niñas a la educación, fomentar su continuidad y establecer sistemas de educación no discriminatorios, esto supone revisar con perspectiva de género, los contenidos, los planes de estudio y los libros de texto para que la formación sea en igualdad.
El acceso a la educación por parte de las mujeres se ha incrementado en las últimas décadas, hay que destacar el esfuerzo constante de los distintos organismos de Naciones Unidas para conseguirlo.
A través de la educación, las niñas y las mujeres acceden a una nueva realidad, sabemos que una niña que haya tenido la posibilidad de recibir educación oficial, tiene más garantías de que sus derechos se cumplan. Tenderá a retrasar el matrimonio y el embarazo, estará mejor informada sobre sus derechos y sobre su salud y sus hijos tendrán más posibilidades de recibir educación. Es esta capacidad transformadora que tiene la educación de las niñas y las mujeres, lo que hace que sea un elemento esencial para el desarrollo.
La transformación de la vida de las mujeres, tiene que ver sin duda con el fomento de su participación en la economía y en el trabajo remunerado. Todas las Conferencias Mundiales han incentivado la incorporación de las mujeres a la economía.
Esto supone por parte de los gobiernos, la aplicación de medidas que incentiven el acceso de las mujeres al empleo, que eviten su discriminación en el trabajo, implica también fomentar la faceta emprendedora de la mujer, apoyando su participación en las redes empresariales, y facilitándoles asistencia técnica y el acceso a los recursos financieros.
Durante las últimas décadas se han producido avances importantes en la incorporación de las mujeres al mercado laboral en todo el mundo, si bien es cierto que queda todavía mucho camino por hacer en relación con las condiciones en las que trabajan, con la desigualdad en el salario, con el reconocimiento del trabajo no remunerado que realizan y con la eliminación de costumbres y leyes que les niegan el derecho sobre sus bienes.
También es como resultado de la Cuarta Conferencia Mundial y de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo celebrada en el Cairo, que empieza a hablarse en relación con la emancipación de las mujeres y su acceso al trabajo y a la economía, de la necesidad de corresponsabilización de la familia y del trabajo doméstico. Para ello se insta a los gobiernos a elaborar políticas que terminen con los estereotipos de género que refuerzan la división sexual del trabajo así como a desarrollar iniciativas relacionadas con la familia para favorecer la igualdad y la conciliación de la vida familiar y laboral.
Ya hemos comentado en varias ocasiones a lo largo de este artículo, que una de las piezas claves a partir de la Segunda Conferencia Mundial de la Mujer es la implicación de las propias mujeres en su desarrollo, pero es a partir de la Cuarta Conferencia Mundial, cuando la participación de las mujeres en la toma de decisiones y la necesidad de que accedan a los lugares de responsabilidad, se convierte en un objetivo estratégico que solicita a los gobiernos su plena colaboración.
La participación en igualdad de mujeres y hombres en la toma de decisiones y en los puestos de responsabilidad política, proporcionará un equilibrio que sin duda reflejará mejor la composición de la sociedad, formada a partes iguales por mujeres y por hombres. Constituye también según mandata la Plataforma, una exigencia para reforzar la democracia, ya que sitúa la participación equilibrada como una garantía de justicia y equidad. A partir de este momento, las mujeres tienen que ser necesariamente sujetos activos del desarrollo social y no sujetos pasivos de políticas más o menos acertadas.
La habilitación política de la mujer tiene la capacidad de transformar las sociedades, sabemos que su participación en los parlamentos y en los gobiernos hace que se preste más atención a la igualdad entre mujeres y hombres, así como a los derechos de las mujeres y la infancia.
Aunque la representación de la mujer en los parlamentos ha aumentado de manera constante en casi todos los Estados, sólo un 17 por ciento de los parlamentarios del mundo, son mujeres, sin embargo la tendencia es positiva debida en gran parte al establecimiento de las cuotas de participación, reconocidas como tales a partir de la Conferencia de Beijing. Sabemos que la mayoría de los países que tienen más mujeres en los parlamentos aplican algún tipo de cuota [[1]
Notas
[1] Informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2007, UNICEF
[1] Fuente: http://www.escueladefeminismo.org/spip.php?rubrique25
http://www.escueladefeminismo.org/IMG/pdf/Las_Conferencias_Internacionales_transformando.pdf
