estudiosdelamujer’s Blog

25/01/2012

El 25 de enero, Día de la Mujer hondureña

Archivado en: Uncategorized — anarellavelez @ 11:18

Anarella VÉLEZ

La historia oficial registra como único antecedente de la celebración del Día de la Mujer Hondureña el reconocimiento del derecho al sufragio de las mujeres con la promulgación del Decreto Legislativo número 30 de 28 de enero de 1954.

Sin embargo, es importante señalar que las investigaciones inclusivas nos aportan otra versión de este acontecimiento. Otra visión de los hechos en la que se reconocen las raíces de esta conmemoración en las luchas de las mujeres de todo el mundo a partir del siglo XVIII, en el contexto de la Revolución Francesa y más tarde, en los nuevos escenarios históricos, como el de la Revolución Industrial.

Así mismo, las historiadoras feministas hondureñas han documentado y relacionado otros sucesos en los orígenes de esta conmemoración. Después de la independencia, entre 1825 y 1955, durante 130 años, las mujeres estuvieron marginadas del derecho al sufragio por razones de sexo, estado civil, grado de escolaridad y posesión de bienes materiales.

Parece bastante claro que los comienzos de esta conmemoración se articula con una serie de actividades reivindicativas de este derecho político. En el seno del Congreso se presentaron diversas iniciativas de Ley, para mencionar las más sobresalientes: en 1894, 1924, 1934 y entre 1948 y 1955. Finalmente, el sufragio femenino fue otorgado en 1955 y el sufragio universal en 1957.

Hacia 1894 se instala una Asamblea Constituyente, con el fin de legitimar el gobierno de Policarpo Bonilla, que había tomado el poder por la fuerza de las armas. Para esa época el diputado por Olancho Francisco Argueta Vargas mocionó que el artículo 24 del texto Constitucional fuese complementado con una corta frase “El sufragio se hace extensivo a la mujer”, argumentando que éste sería un acto de justicia por su participación en la guerra civil que los llevó al poder. Aún así, de los cuarenta diputados que conformaban el Congreso, 37 votaron en contra.

En 1924, durante el gobierno del liberal Vicente Tosta Carrasco, el diputado Manuel Guillermo Zúniga mocionó para que se reconociera el derecho femenino a participar en los procesos de elección de los gobernantes. La mayoría de los asambleístas rechazó, nuevamente, la propuesta de Zúniga.

A inicios del gobierno del Doctor Tiburcio Carías Andino, el diputado Mariano Bertrand Anduray introdujo en el Congreso la moción para que se otorgara a las mujeres hondureñas los mismos derechos políticos que se habían conferido a los hombres. Para la campaña de Carías Andino, las mujeres se habían organizado en clubes de apoyo al partido nacional. En esa ocasión también fue rechazada la moción.

A partir de 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la subsiguiente ola democratizadora, las mujeres toman la iniciativa en la lucha por la libertad en distintos ámbitos de la sociedad hondureña. Vale la pena mencionar algunos de sus nombres: Visitación Padilla, Graciela Bográn, Enma Bonilla, Argentina Díaz Lozano, Olimpia Varela y Varela, Lucila Gamero de Medina, Paca Navas de Miralda, Cristina Hernández, María Trinidad del Cid y Doña Carlota de Valladares.

Estas intelectuales promovieron el sufragismo desde diferentes publicaciones, y ampliaron sus acciones reivindicativas. Hoy en día, para las feministas este aniversario, celebrado cada vez con mayor entusiasmo, ha posibilitado la construcción de una propuesta clara, con pensamiento propio y voz propia. Ha generado reflexiones acerca de la opresión y la subordinación que viven las mujeres. Ha creado las condiciones para fortalecerse ante la pobreza, el racismo y la violencia de la que son víctimas.

Sin duda alguna, este 25 de enero es más político que en años anteriores. Las mujeres, tras el golpe de Estado de 2009, recuperan, protagonizan y escriben su propia historia y ratifican su resistencia a la opresión, la inequidad, la invisibilidad. Ya no hay vuelta atrás.

11/01/2012

Nana Toya

Archivado en: Uncategorized — anarellavelez @ 17:30

Nana Toya, 2006,  con Zeuz, el hijo de Maga

Nana Toya, 2006, con Zeuz, el hijo de Maga


Anarella VÉLEZ

La nana Toya ha sido intemporal. No supo, no dijo, de qué lugar o qué tiempo provenía. Recordaba, eso si, que fue entregada por su progenitor, tras la muerte de su madre, a una familia bienavenida, los Tercero, allá en San marcos de Colón, cuando tenía unos 6 años. Ahí creció. Ahora se que habrá nacido alrededor de 1924, un tres de mayo, día de la Cruz.
Tenía grabadas en su fina memoria las vivencias de su empobrecida niñez, las costumbres de su pueblo, de la casa en la que le tocó vivir. No fue a la escuela, las señoritas que la criaron le enseñaron a cuidar las gallinas, los ovejos, los cerdos y las vacas. Aprendió a ordeñarlas de madrugada para luego preparar cuajada y queso y otras delicias de nuestras oriundas tradiciones culinarias. Me contó que en su casa tenían una lora que reflejaba la posición política de la familia, que gritaba vivas a los liberales y del miedo que cundía pues vivían en plena dictadura y los esbirros locales castigaban duramente esas inocentes manifestaciones de oposición.
Recien nacidos llegó a atendernos, como si se tratara de una hada. Fue en los tiempos en que mi madre, médica de profesión, practicó su servicio social en San Marcos de Colón. Nosotros, mi hermano Sergio y yo, fuimos considerados un prodigio por ser gemelos, necesitabamos urgentemente de quien nos cuidara. Así se arraigó esta mujer maravillosa y casta en nuestras vidas. Se convirtió desde entonces en la amiga inseparable de mi madre y en la nana que prodigó cuidados, ternura y sabiduria a aquellas criaturas.
Con una inteligencia natural, la Nana me transmitió los valores propios del mundo rural de nuestro país: el respeto a los mayores, el silencio oportuno, el valor de las palabras, el horror al insulto y las palabras soeces. Sin ser feminista me informó del cuidado que debía tenerse con los hombres y el poder que éstos ejercían sobre nosotras y que por eso ella nunca se casó. Para mi humilde nana el honor y la lealtad debían guiar nuestras decisiones.
Con la sencillez propia de las mujeres sabias de estas tierras supo comunicarnos su particular visión del mundo. Sostenía que la palabra aburrimiento provenía del término burro y por tanto había que huir de esa sensación. También nos comentaba que lo que no se aborda con pasión no puede hacerse bien, que la alegría debe guiar nuestras decisiones. Que cuando uno anda triste todo le sale mal. Detestaba la soberbia, el engaño, la cobardía y la traición. Estos conceptos y valores de nuestra recóndita Honduras han signado mi vida.
Llenó mis años infantiles con las canciones de cuna y las leyendas propias de esas tradiciones que forman parte de nuestro imaginario colectivo, transmitidas oralmente de generación a generación. Me contaba historias terribles. Gracias a su poder narrativo conocí a El Sisimite, La Sucia, El Duende del nanzal, El cadejo, El Comelenguas, El Picudo, El Timbo, El gritón. La nana fue la primera en hablarme de los cuentos tolupanes como aquel de la existencia de hombres de un solo ojo. Así conocí los mitos y leyendas de nuestro pueblo.
Su conversación adquiría fuerza por su permanente recurso de nuestros más reconocidos refranes: mi pacifismo se basa, inicialmente, en ese dicho que ella repetía ante la violencia: A la fuerza, ni la comida es buena. Su rechazo a la estupidez y la superficialidad se reflejaba en el refrán que reza El Tonto ni de Dios goza. Nos enseñó a practicar la libertad de expresión con el uso pertinente de la frase La que tiene más galillo traga más pinol. La interconexión de los hechos la comprendí con aquello de Estos son polvos de aquellos lodos. Y mi comprensión de la nefasta corrupción la debo a su uso del refrán Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca del oído o la saca del altar. Así era ella, lo más puro de nuestra Honduras profunda.
Victoria Betancourth, así se llamó, fue la voz más critica respecto de mis defectos, a ella le debo el fortalecimiento de mis virtudes.
Nuestra nana Toya falleció el 15 de diciembre de 2011 del mismo modo en que vivió, apasiblemente.

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